Alemania 45 05 19 26
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Alemania 45 05 19 26
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Así fue Adolfo Hitler (2) La SI 19/05/45 p. 1-5
Así fue Adolfo Hitler (3) La SI 26/05/45 p. 1-6

16. Sencillez práctica

            a) Se ha dicho muchas veces en estas columnas que el mundo de estos instantes, que tanto alardea de altos principios y variedad de sabios programas, no tiene, en rigor práctico, un problema más básico que este: sanear. Sanear tanto a las diversas clases sociales como a los gobernantes. No diremos que no haya algo que pueda referirse a Derechas o Izquierdas, y a otras diversificaciones que alimentan tan guapamente el vivero político. Pero si añadiremos que el problema fundamental es el de Limpieza o Suciedad.
            Los pueblos, especialmente en sus clases altas, han sido refundidas en el sucio crisol del utilitarismo, de los últimos siglos. Y ese utilitarismo, además de romper la unidad nacional (y, por lo mismo, la unidad internacional) lleva en sus entrañas los gérmenes de todas las putrefacciones. Se alza vistosamente un telón apretujado de pintarrajeados ideales. Telón. Tras el telón, la real hediondez de las vísceras inferiores en fermentación, férvida y mal oliente.
            No digamos –el proceso se hizo en estas columnas respecto de varios países- de los altos y bajos dirigentes. ¿Podía decirse que su maleamiento y suciedad, excepciones aparte, supera a la de los gobernados altos y bajos?
            Un gobernante nuevo, que se pague de sistemas y maneras de gobernar, y no enfoque primordialmente el saneamiento público, es hombre al agua. Ha olvidado que no puede edificarse, menos un palacio, en terrenos pantanosos, si no quiere que todo quede infectado, aún los excelentes principios, por la putrefacción ambiente.
            Hitler se daba a esta tarea con implacable rigor cuando se trataba de traficantes públicos; y con una gran delicadeza, cuando se trataba de capas populares. Y fue ello tan eficaz, que bien puede decirse que la Alemania de ese hombre era ejemplo de limpieza en todo sentido: el pueblo, los gobernantes y el alejamiento y la vergüenza de los que habían ensuciado la zona política nacional.
            Y de ahí, precisamente, surgía, como en el caso de todos los gobiernos limpiadores, una de las fuentes más fecundas en contradicciones y propagandas contrarias, añorando éste y aquel los buenos días pasados, revolcándose en los fangos.
            b) Pero una limpieza sin ejemplaridad personal, sería medida medio hecha no más, y, al fin, infecunda.
            No se podrá decir de Hitler que no diese personalmente ese ejemplo, predicando con su conducta a la vez que con sus medidas limpiadoras.
            Renunció a todo sueldo, viviendo del producto de su libro, traducido a todos los idiomas. Comía sobre su mesa de trabajo, sin hacer del comedor lugar necesario. Comía, de manos de una anciana cocinera, el plato único, generalmente de vegetales y frutas. Vestía con una sencillez desconcertante, jamás ostentando una condecoración siquiera. Entraba pobre al gobierno y pobre salía de él. Y no precisamente a tenor de muchos que, habiendo entrado pobres y muerto pobres, han botado y malversado el dinero en sus años de francachelas objetables.
            No dio jamás un banquete como jefe de Estado.
            No tenía en el país un monumento, una ciudad o aldea con su nombre, una calle dedicada, ruta tan distinta de la fantochería de los políticos occidentales y también de la huasería vanidosa de los gobernantes rusos.

17. La libertad y la democracia
            Punto capital de las invectivas enemigas contra ese hombre fue siempre lo que se ha llamado dictadura y la supresión de las libertades individuales.
            Es evidente, ante todo, como decía Carlos Marx, no es posible que haya de hecho libertad alguna donde no hay independencia económica y predomina una minoría ultracapitalista. La autoridad