Alemania 46 10 05
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El proceso de Nuremberg La SI 05/10/46 p. 3-4

            a) Entre las cosas desgraciadas y las mil inequidades jurídicas que cometen los hombres de la paz, ninguna tan extraña a la justicia, y subjetivamente tan rencorosa, como esa comedia de Nuremberg y el final –ya sabido de antemano- que había de “coronar” el proceso.

            La base antijurídica de este proceso es evidente y está a la vista.
            Por el momento, no nos metemos en los hechos, probados o supuestos, cometidos por los acusados. No entramos en su gravedad, y en si merecen, en sí mirados, tal o cual pena. Entramos más adentro, y pensamos, y creo que pensará toda persona sensata: “un mismo tribunal ha de fundamentar su funcionamiento en los mismos principios, y ninguna puede condenar por algo a uno, que no condene igualmente a quien ha realizado el mismo hecho”.
            Pongamos el caso de Rusia y de Gran Bretaña, para no alargar una crítica como nunca en este instante antipática.
            La mayor parte de los hechos que achacan a los acusados, han sido cometidos, los cometen igualmente, los rusos, que ahora actúan como jueces. En general y en especial.
                En general ¿quién no sabe –y los aliados lo confiesan- que la misma política ruda de agresión  era igual en Alemania y en Rusia? ¿Quién no sabe que los países ayer dominados por Alemania naci, son ahora peormente dominados por los soviéticos? La política general en cuanto a imperialismo y agresión ¿no dicen los aliados que son exactamente iguales la de ahora en manos de Rusia y la de antes en manos de Hitler? ¿Cómo puede un juez actuar al lado de otro juez que comete exactamente lo mismo –algo peor- que lo que comete el acusado?
                Una monstruosidad semejante habían de cometerla los vencedores de la guerra.
                Pasando de la política general a hechos especiales, como el arrasamiento de ciudades y la desaparición, más o menos bárbara, de ciudadanos, todos conocen los métodos rusos, más expeditivos –muchas veces más expeditivos- que los usados por las personalidades nacistas. ¿Quién no recuerda la masacre de oficiales polacos y su enterramiento “en común”, el lavado de oro en los grandes, y milenariamente desiertos, ríos siberianos del norte, la esclavitud en los Urales, y así del resto?
                Es de notar que no alabamos ni rechazamos estos hechos, así como nada de lo que han cometido, o hayan podido cometer, los nacis. Razonamos más allá del bien y del mal, y afirmamos solamente que es una monstruosidad, a que no habían llegado los pueblos bárbaros de otrora, el condenar a alguien por unos hechos que realiza y comete también el juez que condena.
                Si de Rusia se pasa a Gran Bretaña, y limitándonos a la India, sabido es que aviadores ingleses rociaban con petróleo las aldeas con niños y mujeres. Y que el hecho ha sido ampliamente comprobado en el noroeste hindú y en el extremo este, frontera birmana. ¿Para qué hablar de hechos semejantes de la misma laya, que son vecinos todos, con la crueldad de la bomba atómica matando a centenares de miles de inocentes?
                Hay que hacer dar vueltas a la imaginación  y preguntar si ninguno de los hechos imputados a los actuales condenados era igual a matar y arrasar dos ciudades enteras con niños, enfermos, mujeres y ancianos. Y, si hubiera entre los alemanes hoy acusados ese bárbaro que lo hubiese realizado ¿qué muerte iban a señalarle esos jueces, capaces de defender y cometer tal desaguisado?

                b) Es interesante el juicio especial, deducido de este proceso, de que “preparar la guerra es un crimen, igualmente que realizarla”.
                Pero en el bien entendido que es crimen para los demás, pero no en los actos del propio imperialismo.
                Gran Bretaña ha hecho la guerra a medio mundo a cañonazos, y en son de conquista. Ante mis ojos tengo la lista de las agresiones de Gran Bretaña, fecha por fecha. Jamás ha habido en el mundo país tan belicista y enemigo de razones y de la libertad. El autor de esa lista ha fallado, sin embargo. Se ha descuidado numerosas guerras británicas, lo menos una docena más que las que él apunta.
                El Imperio inglés se ha formado de agresiones, o bien disparando armas, o bien (que lo mismo da) con los cañones apuntados para disparar a la menor resistencia. No hay pueblo alguno, ni los más marcados por la historia por su afán conquistador, que gane a Inglaterra en guerras de conquista.
                Esos jueces que condenan a Alemania por espíritu de conquista ¿qué harían si aplicasen la doctrina a sí mismos?
                Está en un mismo plan (y, en vista de los pocos años, no desmerece de su modelo) Estados Unidos, cuyas guerras, en unos pocos años, superan a las de cualquier otro país, exceptuando Inglaterra. Ellos han declarado la guerra, y ocupado, Santo Domingo,  Haití, Nicaragua, Guatemala, México varias