Alemania 46 10 19
Índice del Artículo
Alemania 46 10 19
Página 2

Algo pasó en Nuremberg. La conculcación jurídica La SI 19/10/46 p. 4

            En Nuremberg, ciudad menestrala de la Alemania central, se ha consumado el gran sacrificio. Los que han obrado como sus mismos jueces, han sido condenados por éstos a la horca.
            Hemos publicado dos o tres artículos referentes a esa miseria. Publicaremos un folleto que acabamos de recibir a este respecto. Digamos cuatro palabras acerca de ello. Y no será en vano que unamos las causas, y pongamos dos palabras sobre la condena de los líderes nazis y la del arzobispo Stepinac.
           
            Nuremberg es una ciudad de clase media, en la que florecieron los nobles oficios de la menestralía alemana. Allí se conocían los suaves goces de la vida sencilla, los placeres del diario trabajo humilde, el sentido común. Allí, por tanto, debe haberse sentido como un ataque, no a la inteligencia, sino a la vida misma, ese simulacro de proceso, en que todas las reglas jurídicas han sido conculcadas, a nombre de un derecho nuevo que no es más que la retrogradación a los días de Carthago y del “Delenda”.
            El celoso y arbitrario tribunal ha dividido los crímenes en cuatro layas, y lo ha hecho como si le sirviesen de metro las costumbres de los gobiernos norteamericano y británico:
            Guerras de agresión y desconocimiento de los Tratados Internacionales. Ambos gobiernos han agredido a docenas de pueblos y han desconocido todos los Tratados suscritos que les ha placido. ¿Bastará recordar que varias veces han firmado conjuntamente Tratados contrarios sobre el mismo asunto, por ejemplo el que suscribían con Italia y a la vez  (prometiendo lo contrario) con Yugoslavia? No se trata ya de desconocimiento de Tratados, cosa usual en esos países hoy condenatorios, sino de promesas contrarias a contrarios pueblos, con la mala fe consiguiente y la necesidad de desconocer la firma de uno u otro Tratado.
            En cuanto a guerras de agresión, pasan de 100, en cien años, las que ha comenzado Gran Bretaña. Y pasan de 6, solo en Centro América, las que ha iniciado Estados Unidos.
            Lo cual no embarga, para que esos extraños jueces señalen esas guerras como un crimen ... siempre que sean otros los que las declaren.
            2) Crímenes contra la humanidad. Baste citar uno para cada país, y, según la regla hermenéutica, “ab uno dice omnes”: Inglaterra arrasaba docenas de aldeas, a sangre y fuego, hace meses no más, en la India, región de Annam; Y Estados Unidos asesinaba a sangre fría más de 200.000 niños, mujeres, ancianos y enfermos en el Japón, mediante la bomba atómica.
            3) Crímenes contra...
Pero, ¿por qué continuar esa hipócrita lista de crímenes, que se parecen, salvo ser menos graves, a los que han cometido los países mismos a que pertenecen los jueces?
            Acerca del procedimiento sería cosa de reír, si no fuese cosa de llorar. Basten unos pequeños datos: se han rechazado testigos, a voluntad de los jueces. El fiscal ha sostenido en serio que, prohibiendo el Código Penal matar, no se podía matar en la guerra. Ha defendido que es menos matar a 200.000 mediante la bomba, que matar a 4.000 en otra ciudad. Y en la acusación contra Ribbentrop, ha sostenido ese señor fiscal que Alemania ni respetaba Tratados desde 1900, cuando el citado ministro de Relaciones mamaba suavemente la leche de su nodriza.
           
            b) El proceso contra el arzobispo Stepinac presenta caracteres notables.
            En primer lugar, no se deja presentar testigos que prueben la falsía de otros testigos, aducidos por el fiscal. Y este señor pronuncia las siguientes palabras: “El fiscal que os habla pide al Tribunal que no se permita al enjuiciado presentar testigos”. Muy semejante  al diario ruso “Pravda”, que se enojaba cómicamente (si los juicios a muerte admiten comicidad) porque se permitía, en Nuremberg, que uno