Alemania 46 11 02

La “mejora” alemana hecha por la sabiduría aliada La SI 02/11/46 p. 4 col. 5

            Entre la general charlatanería con que actúan en estos tiempos los países vencedores en la pasada guerra, hay verdades que se anuncian: hay evidentes errores, y hay –y día a día puede notarlo el lector curioso- una cantidad de burradas que se daría vergüenza de enunciar  un joven universitario.

            Entre las cosas risibles, pronunciadas con seriedad por un político inglés, la siguiente, que reproducimos en substancia:
            “Ahora que Alemania debe trabajar especialmente en su agricultura, estamos día a día metiendo más alemanes al trabajo de los campos. Especialmente la juventud está tomando diariamente la pala y la esteva del arado. Y varios miles de técnicos ingleses están enseñando a los labriegos alemanes el mejoramiento de sus cultivos, logrando una labor del campo más científica que la realizada por el tradicional trabajo agrícola alemán”.
            Está el mundo condenado a oír (porque una prensa venal obedece) los disparates más a la vista y las comicidades más de tony. Pero este párrafo, que anunciaba un político británico, está más allá de toda comicidad y de toda superchería.
            El menos enterado en cosas agrícolas sabe a qué punto de ciencia había llegado la tradicional agricultura alemana, y qué esfuerzo había hecho el régimen de los últimos diez  años para llevarlo a los últimos extremos del mejoramiento. Sabido es por cualquiera (pero entre ese “cualquiera” parece que no entra el político inglés) los maravillosos métodos  y experimentos científicos a que estaba sometida en los últimos años la agricultura alemana, que había sido modificada en lo poco que eran modificables sus anteriores métodos científicos.
            Al propio tiempo, sabido es el grado de atraso de la agricultura inglesa, de la cual dijo un técnico inglés,  y precisamente un año antes de esta guerra: “Acabo de hacer un viaje alrededor de las zonas agrícolas y ganaderas de Inglaterra, Gales y Escocia, y vuelvo verdaderamente triste de esa excursión investigadora. El suelo inglés, que podría producir lo menos la mitad de lo que consume nuestro pueblo, apenas tiene un millón de hogares agrícolas, y produce menos de la quincuagésima parte de lo que podría.  Hay en nuestro campo, después de la triste y trágica experiencia de la guerra mundial, un millón menos de agricultores que entonces. Y los métodos agrícolas empleados  por nuestra agricultura son tan primitivos, que dudo que haya hoy alguna diferencia, tomando el término medio, con la agricultura milenaria del siglo lX”.
            ¿Dejarán de reír  los que se hayan enterado del “mejoramiento” de la agricultura alemana, a base de 10.000 “técnicos ingleses”, que no hacen más que desplazar de Inglaterra 10.000 hambrientos, para que se llenen con sendos sueldos a costa ajena en tierra alemana?
            Puede admitirse todo, incluso errores en lo que hace el vencedor (o aparente vencedor) a costillas del vencido. Pero, al menos habría de haber el suficiente  sentido común para no “épater les bourgeois” con tonterías como las de ese político, que algunos días nos saldrá explicando que se ha puesto al frente de la industria química alemana, para mejorarla, un hotentote, o un labriego de los atrasados desiertos de Cumberland.