03 Chile Introducción
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Introducción

            Hace un lustro puse término a un trabajo que tuvo en vista recopilar el pensamiento educacional de Juan Bardina insertado en las páginas de su Revista  “La Semana Internacional” -cada ejemplar por lo general de doce páginas a lo menos- publicada en Valparaíso entre los años 1933 y 1948. El título había aparecido anteriormente, también una vez por semana, al alero del diario “La Unión” de la misma ciudad, entre 1921 y 1932,  encabezando artículos y comentarios críticos de Bardina sobre asuntos internacionales, ocupando solamente una página. Al independizarse del diario porteño, señaló pertenecer el nuevo órgano de prensa a una Segunda Epoca, distinguiéndolo de las crónicas precedentes, constitutivas de una  Primera Epoca.

            Finalizada aquella tarea me pareció, no sólo de interés sino hasta necesario, estudiar y dar a conocer algunos de los  aspectos más destacados del pensamiento político, social y económico de Bardina, en el entendido que podían contribuir a iluminar aún más su saber pedagógico e ideales educacionales, incluidos en la Antología. Ese empeño suponía persistir en las lecturas de “La Semana Internacional” por el lapso de tiempo que la faena requiriera, no corto sino largo, dado lo prolífico que fue el ser -y el hacer- periodístico de Bardina, singularmente en la Segunda Epoca.

 

En la primera parte de esta Introducción haré mención a lo que podríamos denominar la vertiente mensurable de la tarea emprendida. O, al aspecto cuantitativo del empeño que me ha tenido ocupado casi una década, consistente en evocar en Chile a alguien a quién poquísimas personas recuerdan, a pesar de haber tenido una vida y obra muy descollante. También en su patria de origen ocurrió algo parecido con él. Ello fue lo que allá dio inicio a una investigación, con ocasión del centenario de su nacimiento, que indagó sobre sus cuarenta años bajo cielo catalán, que he proseguido acá sobre sus treinta y tres años restantes bajo firmamento chileno.

Pues bien, las fuentes a recurrir para la realización del trabajo propuesto -el investigado básicamente era pedagogo y educador, político en el ámbito de la teoría, y, periodista- constan en un vasto e inmenso contenido de papel impreso, ya que la palabra escrita más que la oral, fue el recurso expresivo del que estuvo sobresalientemente dotado para revelar su personalidad y transparentar las incesantes expansiones de su inquieto y exigente pensamiento. A este respecto cabe consignar que en Chile sus escritos adquirieron fundamentalmente la forma, no de libros, como en España donde dio a luz a un buen número de ellos, sino en artículos y crónicas publicados en revistas y periódicos.
Recién llegado a nuestro país, en una pluralidad de estos medios. En la capital, principalmente en El Diario Ilustrado entre fines de 1917 y el año 1921. Instalado luego en Valparaíso, en la revista escolar del Seminario San Rafael.  Pero, sobre todo en el diario La Unión, donde se le concedió una página intitulada La Semana Internacional, que incluía referencias a todos los aspectos de ésta, una vez por semana desde 1921 hasta 1931 (Primera Epoca de La SI). Por fin, en la Revista semanal que llevó el mismo título de la página anterior, que contó ahora a lo menos con doce páginas por ejemplar, sobrepasándose incontables veces, editada en sociedad con un compatriota suyo, desde 1932 hasta 1948 (Segunda Epoca de La SI).
A este respecto, he disfrutado de una gran ventaja. Sus artículos en la revista del Seminario San Rafael, están a disposición de cualquier interesado  en la Biblioteca del colegio, lo que me ha facultado  utilizarlos y servirme de ellos sin ningún inconveniente, puesto que aquella  está fácilmente al alcance del porteño y viñamarino. Concerniente a La Semana Internacional (Segunda Epoca), la comodidad ha sido mayor ya que he dispuesto en propiedad de sus ejemplares empastados por anualidades (menos dos), que me fueron regalados, unos, por Guillermo Garnham -tío del sucrito que trabajó con Bardina en la publicación de la revista casi todos los años de su duración-,  otros, por Marta Bardina, hija menor de don Juan. (De ellos hice donación a la Biblioteca de la Universidad Católica de Valparaíso, al parecerme que su valía exigía estuvieran a mano de cualquier estudioso, y no solo en las mías).