08 Año Nuevo
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1933 año destructor, lega al 1934la espectacular herencia de gigantesco e hirviente Crisol. En medio de las ruinas  alborea en el horizonte una Edad  La SI 01/01/34 p. 1 - 3
Feliz Año Nuevo  La SI 04/01/36 p. 1
1937-1938  La SI 01/01/38 p. 3
Como hemos de recibir el año  La SI 06/01/40 p. 6-7

            Estamos a fin de año. Hemos recorrido trabajosamente doce meses. Y es cuerdo que, al llegar a una vuelta de una penosa ascensión, se haga un pequeño alto. Se descansa bien merecidamente, cuando esa ascensión ha sido fatigante. Se echa una mirada sobre lo andado, recogiendo de un solo vistazo el terreno que hemos ganado con nuestra perseverancia.
            Las ascensiones tienen mucha ventaja sobre las caminatas a campo llano. Las andadas por caminos uniformes y llaneros molestan pronto. No habiendo variaciones, falta la fantasía bordeadora de ensueños. Siempre funcionan los mismos músculos del cuerpo y los mismos ángulos de la mente. Y en cambio, cuando se asciende y el camino es empinado y sembrado de pedruscales, cierto que los pulmones se hinchan y el corazón repiquetea como para estallar y los tendones de las piernas se saturan de ejercicio. Cuesta ascender, y sostener el esfuerzo que la ascensión supone. A cambio de ese dolor ¡cuántas bellas cosas trae consigo la ascensión! El camino es variado y lleno de sorpresas. Ejercita integralmente, porque ahora es despejado, ahora hay que andar sobre malezas. Las hierbas del bosque aromatizan el aire. Hínchase el pecho como aspirando vida. La inspiración nos libra de detritus tóxicos. Y la vista ¡cómo gana en horizontes y panoramas! ¿Más arriba! Y se ensancha el campo de visión, y se abarca de una ojeada inteligente toda la amplitud de la comarca.
            Este año 1933 no ha sido llano y fácil, sino ascensión dolorosa. Dentro de la catástrofe  económica general que viene de lejos, el 1933, ha visto nuevos derrumbes, sepultando entre los escombros tantas cosas. En cambio, tiene esa dolorosa ascensión  hacia las puras cimas de todo un año, la ventaja de haber vivido esa cosa trágica, de habernos elevado por la purificación del dolor. Y estamos en situación, por lo mismo, de poder echar alrededor de nosotros mismos, que estamos en medio de la catástrofe, una mirada inteligente: una mirada inteligente que otee otros senderos e ilumine el porvenir.
                                                                      
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            Ha sido éste un año destructor. No,  original y novedosamente destructor, sino continuador de la catastrófica destrucción iniciada mucho atrás.

            Veamos los ruidos más perceptibles de esa destrucción.
            Hitler irrumpe sobre Alemania y se la lleva a remolque. ¿Cuántas cosas se goza destruyendo! Saluda su advenimiento el incendio del Reichstag, como si la naturaleza quisiera significar materialmente la caída del parlamento alemán. Las elecciones llevan al caudillo al poder. Y el caudillo mata las elecciones. Destrucción del sistema individualista parlamentario. Destrucción violenta y popular de la organización política. Destrucción de la economía libre. Repoblación forzada del campo. Acaparamiento de la manteca y tantas otras cosas, por el Estado. Limitación estatal de las grandes utilidades. Represión violentísima del Individualismo y del Comunismo a la vez. El Ordeno y Mando, entusiastamente aplaudido por el pueblo, sobre las ruinas de un parlamento agusanado.
            En Italia la picota mussoliniana acaba de derribar los últimos baluartes del “laisser faire”. Ensaya la distribución estatal del trabajo de los profesionales. Echa un puntapié al Parlamento y encarga la legislación a las mismas fuerzas vivas que integran la vida económica. Somos legión los que defendemos que los parlamentos han de estar constituidos por los representantes paritarios  del trabajo, en su triple forma de capital, dirección y ejecución. Mussolini no se queda aquí. No quiere que las fuerzas vivas se desdoblen, nombrando representantes de gremios para que formen Parlamento. Las