09 Semana Santa y 1 de Mayo
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09 Semana Santa y 1 de Mayo
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Semana Santa  La SI 02/04/34 p. 5
Cristo  La SI 08/04/39 p. 5
Cristo y la Paz  La SI 23/03/40 p. 8
Ante un nuevo Primero de Mayo: invitación a un frío razonamiento. Estructuración de las clases sociales como solución armónica, defendida desde los sectores más opuestos   La SI  28/04/34 p. 6-7

            En estos días ha tenido lugar  la conmemoración de la gran Tragedia. De una gran tragedia –que acaba en gloria, como tantas tragedias- cuyo eje es un nombre que lo llena todo; que debería llenarlo todo: Jesús.
            “La Semana Internacional” vive dedicada a los grandes problemas internacionales, que son, en buena parte, problemas sociales; en buena parte, problemas constitucionales y políticos. Y, cuando uno ahonda con sus meditaciones en el subsuelo de esos problemas, cada día ve más claro dos cosas: que esos problemas se van embrollando cada vez más; que la clave de su solución tiene cinco letras: Jesús.
            Pero Jesús real y verdaderamente Jesús, que echa las bases de la hermandad y de la paz, y es crucificado por atentar al orden social establecido.
            Si los hombres que se llaman cristianos lo fuesen de verdad; si el Evangelio constituyese el gozne del movimiento del mundo; si la palabra Jesús no fuese a veces pura palabra, a veces pantalla sacrílega, a veces una x desconocida, la mayor parte de los problemas, al menos en aquello que tienen de patología y tragedia, quedarían solucionados.
            Conflictos internacionales, conflictos sociales, conflictos políticos: son el natural resultado de unas estructuras faltas de agilidad espiritual, sin la cual todo marcha rechinando, cuando no se rompe a pedazos lo que parecía más firme.
            Si unos y otros estudiasen a Jesús con alma limpia, las fórmulas de la paz serían pronto bien halladas.

            En estos días ha tenido lugar  la conmemoración de la gran Tragedia. De una gran tragedia –que acaba en gloria, como tantas tragedias- cuyo eje es un nombre que lo llena todo; que debería llenarlo todo: Jesús.

            “La Semana Internacional” vive dedicada a los grandes problemas internacionales, que son, en buena parte, problemas sociales; en buena parte, problemas constitucionales y políticos. Y, cuando uno ahonda con sus meditaciones en el subsuelo de esos problemas, cada día ve más claro dos cosas: que esos problemas se van embrollando cada vez más; que la clave de su solución tiene cinco letras: Jesús.

            Pero Jesús real y verdaderamente Jesús, que echa las bases de la hermandad y de la paz, y es crucificado por atentar al orden social establecido.

            Si los hombres que se llaman cristianos lo fuesen de verdad; si el Evangelio constituyese el gozne del movimiento del mundo; si la palabra Jesús no fuese a veces pura palabra, a veces pantalla sacrílega, a veces una x desconocida, la mayor parte de los problemas, al menos en aquello que tienen de patología y tragedia, quedarían solucionados.

             Conflictos internacionales, conflictos sociales, conflictos políticos: son el natural resultado de unas estructuras faltas de agilidad espiritual, sin la cual todo marcha rechinando, cuando no se rompe a pedazos lo que parecía más firme.             Si unos y otros estudiasen a Jesús con alma limpia, las fórmulas de la paz serían pronto bien halladas.

Cristo
La SI 08/04/39 p. 5

            En estos días de Semana Mayor, en que el sacrificio del Hijo del Hombre toma relieve especial, uno se siente inclinado a una mirada limpia, a través del Evangelio, es decir, de la doctrina, y sobre todo, de la vida de Aquel que es sujeto eminente de ese libro entre cuyas líneas palpitan todas las soluciones.
            Han pasado de la muerte de Cristo diecinueve siglos, y ha de ser efectivamente muy dura la Humanidad y terriblemente despaciosa la ley de la evolución moral, para que estemos todavía tan abajo.
            Tres cualidades supremas culminan en el Evangelio, en cuanto a la vida del hombre en la tierra: una honda y fundamental espiritualidad, una abnegada hermandad y un empapamiento de preceptos en el diario vivir.

            No podemos descartar el cuerpo, flor de belleza, que hay que envolver en el hálito de admiración que todas las cosas arrancaban al Pobrecito de Asís. Pero es evidente que ese culto del cuerpo y de la materia solo empapado de espíritu no degenera en inmunidad y grosería. El Espíritu ante todo. Y hoy podríamos repetir con el lúgubre fundador del Socialismo integral que la materia lo llena todo, sin exceptuar los pueblos y los hombres que se llaman cristianos. Pueblos que intentan

nobilizar sus rapiñas con la Cruz del Cristo. Hombres que del Padre Nuestro sienten con exclusividad innoble una frase, con una añadidura no limpia: “El pan nuestro –y el de los otros- dádnoslo hoy”...

            La Hermandad evangélica se va tornando bella leyenda. “La inmensa mayoría de hombres -ha dicho León Xlll- distan muy poco de los antiguos esclavos”. Y, si no tiene el poderoso la audacia de saltar sobre la presa, tiene la mañosa maldad de buscar la vía inocua y solapada para apoderarse de lo ajeno.