11 Dieciocho Septiembre 40-46
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Chile de hoy día: crisol fecundo de avances sociales  La SI 14/09/40 Año XlX Nº 968
1818 – Fiesta Nacional de Chile – 1942  La SI 19/09/42 p. 7-8
Fiestas Patrias de Chile   La SI 18/09/43 p. 1-2
El día de la Patria  La SI 14/09/46 p. 4-5

            El Chile moderno surge con la pasada guerra europea. Ella traía tantas consecuencias para toda la América –como trajo para los pueblos de Europa- que bien puede decirse que ella quedaba bien plantada como un hito gigantesco, empapado de sangre y de sufrimientos, entre dos Edades. Pero ¿no podría decirse que esa renovación de los tiempos, que se iniciaba para todos, solo Chile en América sabía traducirla, desde aquel instante mismo, en movimiento y leyes?
            Ciertamente que todo parece indicar que fue así. La gran guerra iniciaba en estos países americanos diversos movimientos; pero en todos ellos, aun en Estados Unidos, muy mansoides, iniciales y a veces desapercibidos. Mientras que en Chile tomaban forma inmediatamente, marchando este país en la vanguardia de la evolución continental.
            Ha dicho Wilson que el termómetro de la nueva Edad son los problemas sociales y las soluciones que sepan –o que no sepan- darles los Gobiernos. Si bajo este prisma, muy acertado, miramos la marcha de los pueblos en los últimos años, veremos que solo Chile, en toda la América, sabía señalar el fenómeno social en los mismos años de la guerra, forcejeando para hallarle soluciones adecuadas.
            Mas, notemos algunos hechos que delatan ese carácter de crisol estructurador que tiene la actualidad chilena, a pesar del polvo que levantan los acontecimientos, nublando la vista de los que no están acostumbrados a observarlos acontecimientos.
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            Marcha a la vanguardia de esas transformaciones el problema social. En él ha logrado Chile dos situaciones extremadamente interesantes: la formación de un Código del Trabajo recogiendo las corrientes renovadoras y la unanimidad de la opinión partidaria alrededor de este Código.
            Los estudios sociales, en orden a ser traducidos en leyes arrancan del corazón mismo de la guerra europea. Que ese movimiento surgiese en Chile envuelto en una campaña electoral partidarista, era lógico y así surgen las cosas, aún las que tienen en su favor unanimidad nacional. Políticos generosos y previsores, también los que buscan votos y afectos, dan calor a nuevas ideas. Podría interpretarse así su posición: comprenden que esas ideas son necesarias y que nadie puede estar con ellas disconforme. Las agitan en la seguridad de que, respondiendo a un anhelo nacional, han de aportar simpatías y sufragios. No neguemos, también, el ansia de satisfacer las necesidades vitales que anidan en el fondo de las corrientes políticas, aunque muchos crean lo contrario.
            Así surgía, cuando la campaña primera de Arturo Alessandri, la Cuestión Social en Chile como batalla política. Los parlamentarios se preocupaban de ella intensamente bajo el punto de vista de estudio abstracto. Siendo jefe del Gobierno, tenía parte muy activa en ese preludio de estructuración social chilena el Presidente actual, don Pedro Aguirre Cerda, siempre inclinado por simpatía cordial y por imperativo cerebral, a dar satisfacción a las necesidades del trabajador chileno.
            Las leyes del trabajo salían hacia 1924 con fórceps; pero salían. Eran puestas en Código y articuladas, bien que mal, hacia 1930 bajo la Presidencia de Ibáñez.
            Un segundo hecho representaba la segunda Presidencia de Alessandri vis a vis de las leyes sociales: lo que había nacido como arma de combate de una corriente nacional –las Izquierdas- pasa a ser entonces común denominador de todos los bandos. Y la legislación social vigente, en su fondo, no es ya motivo de discrepancia y menos de partidarismos. Lo cual nada tenía de extrañeza. Los conservadores habían sido, los pionners de una legislación social inspirada en la “Rerum Novarum”. Y de este modo los extremos se tocaban unidos bajo el signo redentor  de Justicia Social.
            Es interesante notar como los demás países americanos iniciaban reformas legislativas sociales con el Código chileno abierto sobre la mesa del Congreso. Y una vez más servía la iniciativa chilena de ejemplar americano.