15 Estado Partidos políticos
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15 Estado Partidos políticos
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El Estado del porvenir   El parlamentarismo y el sistema representativo
La SI 02/04/34 p. 7 (Artículo publicado en “La Unión” de Valparaíso, el 20 de Noviembre de 1923)
Partidos políticos chilenos La SI 15/09/34 p.22-24
Los partidos políticos en la actualidad chilena   La SI 18/09/37 p. 1-4
Bibliografía  1302. Mussolini, Benito, El Estado Corporativo. Florencia  La SI 11/06/38 p. 11
Nuevo Presidente de Colombia  La SI 09/05/42 p. 7
Documentación.  Portales opina sobre la Democracia y Estados Unidos La SI 10/02/45 p. 11
Bibliografía. Mendoza, Humberto, Socialismo. Camino de la libertad. Santiago.
La SI 23/02/46 p. 7
El metro socialista   La SI 04/05/46 p. 4

                                                                        1                                                                                                                   Se ha iniciado en Europa una ofensiva general contra el sistema parlamentario.

            En los días crudísimos de la guerra, todos los beligerantes de uno u otro campo, creyeron necesario abolir el sistema circunstancialmente, en forma de poderes extraordinarios e ilimitados a los respectivos Gobiernos, que ejercían dictatorialmente. Vino la catástrofe rusa, y Lenín proclamó como base primera de su Maximalismo sangriento la abolición lisa y llana del sufragio universal y del parlamentarismo. Bulgaria y otros pequeños países no hallaron la salud hasta que, un dictador surgido, dejaron para mejor ocasión las prácticas parlamentarias. Estalló la revolución fascista en Italia, y su acto capital fue un puntapié al parlamento en forma de “o poderes extraordinarios al Gobierno o cerramos el Congreso”.  Tras otras germinaciones de menor cuantía, surge el movimiento español de Primo de Rivera, y, entre aclamaciones unánimes del país, disuelve las Cámaras y asfixia a sus componentes bajo una mole pútrida de acusaciones.

            Los escritores más notables del viejo mundo han intervenido, examinando la cuestión bajo todas sus formas. En España sobresalen varios artículos de Ramiro de Maeztu. En Francia notables disquisiciones de Maurras, Daudet y Bourget. En Italia, Guillermo Ferrero ha escrito largo, bajo su especial punto de vista.

            En América Latina, varios cronistas han dado también su opinión, por caso, Leopoldo Lugones, que ha disertado largo contra “el abominable régimen parlamentario”.

            Quien haya seguido esta polémica, se habrá percatado, ya a primera vista, del error básico alrededor del cual da vueltas. Según esos polemistas –incluyendo a los amigos y enemigos del sistema parlamentario, unidos por un común error- la cuestión giraría alrededor de un dilema atenaceante: “o parlamentarismo o dictadura”, incluyendo en el primero la libertad.
            En la prensa de Chile hemos observado, varias veces en estos últimos meses, el mismo error fundamental.

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            Nos interesa, ante todo, señalar diferencias substanciales entre los sistemas representativo y parlamentario, que escritores superficiales confunden lastimosamente, hasta el extremo de haberlos visto usados como sinónimos, a pesar de su fondo antitético.
            a) Las elecciones, en el sistema parlamentario, se realizan a base de ciudadanos puros, aún podríamos mejor decir, de hombres abstractos, sin la menor atención a su oficio, ni aún a su bondad, honorabilidad, talento o disposición. Es el triunfo del rousseaunianismo puro y neto para el cual no hay más que “hombres”, siendo lo demás (nacionalidad, profesión, honorabilidad, etc.) nada cotizable. El “ciudadano” vota, abstracción hecha de todas y cada una de sus cualidades.
            Las elecciones, en el sistema representativo, se realizan a base de gremios, sindicatos y profesiones, es decir, de hombres concretos, agrupados naturalmente según sus especialidades. Quien no trabaja en algún ramo, no puede ni debe votar. Y quién no está en un grupo profesional no puede ser elegido como su representante.
            De un lado, elecciones por sufragio universal molecular, , desorganizado, atómico; y, de otro lado, sufragio universal orgánico, gremial, canalizado dentro del canal vivo del trabajo diario.
            b) El parlamentarismo, basándose en votos ciudadanos que sufragan según sus “ideas” engendra los partidos primariamente políticos o doctrinarios, que no han acertado en años a resolver .los problemas vivos de la vida nacional. Y esas agrupaciones, por la fuerza misma de su origen,