Cataluña La SI 33 05 01

Una ojeada crítica, desapasionada y justa, sobre la labor de dos años de República en España. lll  La Autonomía de las Regiones La SI 01/05/33 p.4-5

            El primer Borbón, siguiendo las huellas centralizadoras y despóticas de su abuelo Luis XlV, suprime la legislación especial de Cataluña, Valencia y Mallorca; les veda elegir a sus propios gobernantes y les somete a las leyes castellanas y a las órdenes de la monarquía absoluta.
            Comienza así la centralización española, en absoluto desacuerdo con la tradición nacional.
            Ocupan la Iberia varios pueblos con lengua propia, con historia privativa, con largos siglos de independencia absoluta. Ni la naturaleza ni la energía de sus habitantes, toleraba esa usurpación de la voluntad colectiva representada por el centralismo monárquico-absolutista.
            No se entendió esto en los días de la monarquía. Ni aún los síntomas más violentos, asomos de claro separatismo, enojos colectivos, revoluciones una tras otra, decían nada a aquellos impertérritos partidos ni al rey. Y de este modo pudo darse el caso de que el primer grito republicano en España en Abril del 1931 fuese dado en Barcelona, muchas horas antes que en Madrid, proclamando la autonomía de Cataluña republicana.
            Ha sido un doble gran acierto del gobierno del señor Azaña el haber reconocido a Cataluña su derecho a gobernarse como le de la gana en lo privado, y el haber hecho aceptar, aun a los catalanes más recalcitrantes, una autonomía acordada perfectamente con el más puro españolismo. El separatismo y el centralismo han sido heridos por el mismo tiro. Y no es este uno de los sucesos menos memorables de la historia española.
            Tras Cataluña, Vascongadas, Navarra, Valencia, Galicia, Mallorca, Andalucía. Es la ruta deseada de un federalismo que a ningún pueblo vendrá más a propósito como al conglomerado español, tan uno en su substancia como vario y múltiple en sus ricas manifestaciones.

            El primer Borbón, siguiendo las huellas centralizadoras y despóticas de su abuelo Luis XlV, suprime la legislación especial de Cataluña, Valencia y Mallorca; les veda elegir a sus propios gobernantes y les somete a las leyes castellanas y a las órdenes de la monarquía absoluta.

            Comienza así la centralización española, en absoluto desacuerdo con la tradición nacional.

            Ocupan la Iberia varios pueblos con lengua propia, con historia privativa, con largos siglos de independencia absoluta. Ni la naturaleza ni la energía de sus habitantes, toleraba esa usurpación de la voluntad colectiva representada por el centralismo monárquico-absolutista.

            No se entendió esto en los días de la monarquía. Ni aún los síntomas más violentos, asomos de claro separatismo, enojos colectivos, revoluciones una tras otra, decían nada a aquellos impertérritos partidos ni al rey. Y de este modo pudo darse el caso de que el primer grito republicano en España en Abril del 1931 fuese dado en Barcelona, muchas horas antes que en Madrid, proclamando la autonomía de Cataluña republicana.

            Ha sido un doble gran acierto del gobierno del señor Azaña el haber reconocido a Cataluña su derecho a gobernarse como le de la gana en lo privado, y el haber hecho aceptar, aun a los catalanes más recalcitrantes, una autonomía acordada perfectamente con el más puro españolismo. El separatismo y el centralismo han sido heridos por el mismo tiro. Y no es este uno de los sucesos menos memorables de la historia española.

            Tras Cataluña, Vascongadas, Navarra, Valencia, Galicia, Mallorca, Andalucía. Es la ruta deseada de un federalismo que a ningún pueblo vendrá más a propósito como al conglomerado español, tan uno en su substancia como vario y múltiple en sus ricas manifestaciones.