Cataluña La SI 33 08 05
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El viejo problema catalán ha sido solucionado: Cataluña autónoma vinculada indisolublemente a España. Cataluña, Estado Federal dentro de España La SI 08/05/33 p.4-5

            Desde treinta años a esta parte, el nombre de Cataluña iba y venía por los hilos telegráficos. Y siempre protestatarios. Ahora era un boche formidable, que los diputados de Cataluña metían en el Congreso de los Diputados; ahora era una huelga monstruo, que ponía a cien mil obreros con aire amenazador en la vía pública. Ya una revuelta universitaria, en la cual los estudiantes tomaban actitudes trágicas, peleando a tiros con la policía; ya una huelga de contribuyentes, negándose los ciudadanos a pagar tributos al fisco. Unas veces los partidos, todos hostiles a Madrid, desplegando amplias banderas de rebeldía; otras veces las mujeres, desafiando las iras gubernamentales con sus rechiflas a algún empinado representante del gobierno central.
            ¿Qué era tanta bulla? Simplemente, un estado de anormalidad, en el cual, como grano que revienta donde puede y con cualquier pretexto, algo enfermizo se manifestaba a propósito de cualquier cosa. Un estado de anormalidad que la prensa mundial denominaba “problema catalán”.
            ¡Ah, ese problema catalán, que había quitado tantas horas de sueño a los gobiernos de España! Desde 1904, cuando el movimiento regional mandó al parlamento sus primeros diputados, no había gobierno que no temblase ante las amenazas de ese fatídico problema. Y ese temblor le fue fatal a muchos, moviendo la airada protesta de Cataluña muchas crisis.  Y ese problema tan agudo ha sido recién resuelto. Han venido días de paz en Barcelona. En el parlamento parten migas catalanes y castellanos.  Y parece un mal sueño ese pasado angustioso, en que había una rica y noble región que vivía constantemente al margen de la anormalidad.
            ¿Cómo ha sido resuelto el formidable problema?

l            Muy sencillamente. Muy sencillamente.

            Desde treinta años a esta parte, el nombre de Cataluña iba y venía por los hilos telegráficos. Y siempre protestatarios. Ahora era un boche formidable, que los diputados de Cataluña metían en el Congreso de los Diputados; ahora era una huelga monstruo, que ponía a cien mil obreros con aire amenazador en la vía pública. Ya una revuelta universitaria, en la cual los estudiantes tomaban actitudes trágicas, peleando a tiros con la policía; ya una huelga de contribuyentes, negándose los ciudadanos a pagar tributos al fisco. Unas veces los partidos, todos hostiles a Madrid, desplegando amplias banderas de rebeldía; otras veces las mujeres, desafiando las iras gubernamentales con sus rechiflas a algún empinado representante del gobierno central.

            ¿Qué era tanta bulla? Simplemente, un estado de anormalidad, en el cual, como grano que revienta donde puede y con cualquier pretexto, algo enfermizo se manifestaba a propósito de cualquier cosa. Un estado de anormalidad que la prensa mundial denominaba “problema catalán”.

            ¡Ah, ese problema catalán, que había quitado tantas horas de sueño a los gobiernos de España! Desde 1904, cuando el movimiento regional mandó al parlamento sus primeros diputados, no había gobierno que no temblase ante las amenazas de ese fatídico problema. Y ese temblor le fue fatal a muchos, moviendo la airada protesta de Cataluña muchas crisis.  Y ese problema tan agudo ha sido recién resuelto. Han venido días de paz en Barcelona. En el parlamento parten migas catalanes y castellanos.  Y parece un mal sueño ese pasado angustioso, en que había una rica y noble región que vivía constantemente al margen de la anormalidad.

            ¿Cómo ha sido resuelto el formidable problema?

            Muy sencillamente. Muy sencillamente.

ll La catalana tierra.

            En la punta nordeste de España, tocando a Francia y de cara a Italia, está la tierra catalana. Todo el Oriente español es catalán, con Valencia, islas Baleares y una faja del actual Aragón. Pero toma el nombre propio de Cataluña lo que en mapa adjunto “A” va marcado con una mancha negra.

            Cataluña tiene unos 30.000 kilómetros cuadrados. España, en general, tiene 48 habitantes por kilómetros. Chile tiene cinco. El Norte catalán está atravesado, de Oriente a Poniente, por los Pirineos que alcanzan en Cataluña su mejor altura: 4.000 metros. De los Pirineos desciende al Sur, en forma de T mayúscula, una cordillera secundaria, espinazo de aquel suelo. Numerosas estribaciones por ambos lados, formando un suelo montuoso, árido, arisco: “el catalán de las piedras saca pan”. En medio de una llanura como bastón vigilante alto de 1.200 metros, la célebre montaña de Monserrat, de forma universalmente admirada, vacía por dentro enhiestados hacia las nubes los cien picos verticales de su cresta fantástica.
            Ríos de escaso caudal –salvo el bajo Ebro- atraviesan el suelo, llevando vida y fertilidad doquiera. El Llobregat, que es el de vida más intensa, ha sido llamado “el río más trabajador y más productivo del mundo”. En sus escasos 100 kilómetros de curso, mueve unas 350 fábricas, mueve numerosos molinos, riega miles de cuadras con los residuos de las industrias..
            El catalán, viviente sobre un suelo árido, ha tenido que aprovechar montes y cerros, altos y bajos. De ahí una espléndida agricultura en suelo tan pobre. Trigo de calidad, para surtir a la mitad de la población; viñas famosas como el Priorat y la malvesía; aceites renombrados, como el Bau, preferido en cualquier mesa bien puesta; frutas espléndidas de toda clase, exportadas a los mejores mercados franceses y británicos; una variedad magnífica de productos, que contrastan con la pobreza de aquel suelo.
            La temperatura, diferentemente del suelo, es espléndidamente gozable. Barcelona y sus alrededores ofrecen un clima primaveral, sin fríos invernales ni calores estivales, y, el resto del país, aún los Pirineos mismos presentan a sus habitantes temperamentos verdaderamente admirables.