Cataluña La SI 39

El día de Cataluña  La SI  29/04/39 p. 7

            Los catalanes de Santiago y Valparaíso han festejado en estos días la Fiesta de Cataluña, que desde los viejos tiempos tradicionales, se celebra el día de San Jorge.
            País digno de ser conocido, no ya por el buen nombre de sus numerosos hijos escampados por toda la redondez de la tierra, sino por un pasado glorioso en el cual no solo España, sino el mundo entero, ha ido a buscar enseñanzas para casos e instituciones.
            Cataluña fue dueña, durante siglos, de este Mediterráneo, hoy tan discutido, perdido luego por la España decadente de los Austrias y los Borbones. Ella creaba las leyes del comercio internacional, con ese Consular de Mar que copiaba Gran Bretaña y que ha sido la pauta de toda la legislación marítima de los tiempos modernos. Ella creaba la institución federal de las “Monarquías duales”, que Gran Bretaña copiaba en 1929, y ahora Mussolini aplica a Albania. Ella daba vida al que en pleno siglo X111 afirmaba la unidad de la materia y la posibilidad de convertir el plomo en oro, conquista de estos últimos años: Ramón Liull. Ella organizaba las mayores escuadras habidas desde los tiempos faraónicos, construyéndoselas enteramente. Ella financiaba el descubrimiento de América, avanzando el dinero a los Reyes. Ella, con su Parlamento corporativo, Soberano sobre el Rey, creaba la más radical –y la más ordenada- democracia que haya podido encontrarse en los fastos de la historia.
            Malos vientos soplan ahora sobre ese país. Y no lo es que en la guerra haya salido vencida, sino que los vencedores no sepan de tradición ibérica y no quieran entender la noción primaria y elemental de que la uniformidad es muerte, y que en España, además, es extranjerismo y antipatriotismo.
            Pero esto pasará. Ráfagas de luz pasarán por las inteligencias que no estén definitivamente maleadas. Se desharán confusiones. El mismo pueblo catalán, que ha incurrido en errores graves en estos últimos años, sabrá verlos, y buscar nuevos caminos. Y podrá surgir otra vez, con Franco o sin Franco, la España grande con que soñaba el gran poeta de Cataluña, Mossen, Jacinto Verdaguer, y el gran montañés, águila del pensamiento, Menéndez Pelayo y el gran político Vázquez Mella, cuando concebían las Españas, con Portugal adentro, como una reunión de Repúblicas unidas por su solo poder federal y un solo corazón, todos sus pueblos para cada uno y cada uno para todos, en una gigantesca Sinfonía Ibérica: todos distintos y todos a una.