Corporativismo Partidos 35
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El neo-corporativimo católico y el fascista son antiliberales. La SI 18/05/35 p.6-8    De A Brucculeri S. J.
Documentación. Sobre la Iglesia y los Partidos opinaba 76 años atrás Monseñor Joaquín Larraín Gandarillas
La SI 06/07/35 p. 10
Documentación. El Cardenal-Secretario de Estado señala la organización corporativa como la ideal para “una Economía más ordenada y más humana”. La SI 20/07/35 p.10
La concepción del Estado en el Tercer Reich (1) Por A. Messineo La SI 20/07/35 12
La concepción del Estado en el Tercer Reich (2) Por A. Messineo La SI 27/07/35 12
La concepción del Estado en el Tercer Reich (3) Por A. Messineo La SI 03/08/35 p. 20
La concepción del Estado en el Tercer Reich (1) Por A. Messineo La SI 20/07/35 12

            La primera coincidencia que es preciso señalar es la dirección resueltamente antiliberal de ambas.
            Para el liberalismo la vida económica se inspira ciegamente en la exclusiva iniciativa privada y en el curso espontáneo de las leyes económicas. Dada la ley de la armonía de los intereses, admitida la norma en virtud de la cual la libertad es la medicina que remedia sus propios yerros, la política social y económica se propone eliminar todo obstáculo y negar cualquiera limitación a la expansión individual. El liberalismo es la divinización del individuo o como dicen los alemanes con un significativo, pero áspero neologismo: Verabsolutierung, la absolutización del hombre económico. De aquí la dominante soberana economía liberal: la concurrencia no sujeta a norma alguna, desligada de toda responsabilidad y obligación social.
            La economía corporativa italiana rechaza esta construcción irracional del individualismo. Reconoce al individuo con sus iniciativas, pero al mismo tiempo con sus obligaciones sociales y con respectiva subordinación al bien común de la Sociedad. Afirma que la Sociedad no es una suma, sino una síntesis, que el Estado no es una masa sino un organismo con función y fin propio determinado. Ni cree mucho en la eficacia de la libertad económica sin ninguna disciplina superior para prevenir o eliminar los choques de intereses particulares que pueden perjudicar el interés común; sin embargo, admite el factor voluntario para oponerse a expansiones anormales de las energías productoras, a fin de dar una visión de conjunto a la sociedad económica.
            Estas normas anti-individualistas que son manifiestas en la legislación y en las doctrinas del corporativismo fascista también se encuentran en la enseñanza social-cristiana. Prueba de ello es la concepción orgánica de la sociedad, que es propugnada por toda la tradición social cristiana y en particular por la “Quadragésimo Anno” que hace un llamado a la organización de la vida económica mediante las órdenes profesionales. La misma Encíclica enseña que “el recto orden de la economía no puede quedar abandonado a la libre concurrencia”. De este principio como de fuente envenenada se han derivado todos los errores de la ciencia económica individualista, la que olvidando o ignorando que la economía tiene su carácter social lo mismo que un carácter moral, sostuvo que la autoridad pública la debía reconocer y dejar absolutamente libre en sí, en razón de que su principio directivo se hallaba en un mercado de libre concurrencia y según el cual habría de regirse más perfectamente que con cualquiera inteligencia creada. Pero la libre concurrencia, aún cuando sea justa, y sin duda útil, circunscrita dentro de límites bien determinados, no puede ser en modo alguno la norma reguladora del mundo económico; y demasiado lo comprobó la experiencia cuando se llevó a la práctica la orientación del viciado espíritu individualista.

2. Son también anticapitalistas.
            Las concordancias entre el corporativismo fascista y la doctrina social cristiana no se limitan, con todo, a rechazar solamente este o aquel principio de la economía liberal; se advierten igualmente en la posición definitiva de uno y del otro frente al entero sistema económico adoptado y promovido por el liberalismo y que se conoce bajo el nombre de Capitalismo.
            En el fondo, el catolicismo y el fascismo, si bien parten de puntos diversos, confluyen en un mismo juicio de condenación al régimen capitalista moderno.
            Se entiende que hablamos del capitalismo tal como es de hecho, no tal cual podría ser. Si por él entendiéramos –como lo hace la “Quadragésimo Anno”- “aquella estructuración económica conforme a la cual se contribuye a la actividad económica por unos con el capital y con el trabajo por los otros, es evidente, diremos con Pío Xl, que no es condenable, ya que no es vicioso por propia naturaleza”. Pero, si de este esquema nocional se pasa al cuadro concreto, según ha sido trazado por los principios y por las prácticas liberales, no puede ser dudosa su reprobación por parte de la moral católica, y esto es precisamente lo que ha hecho Pío Xl al principio de la Quadragésimo Anno. Analizando las profundas convulsiones del mundo económico, ha podido enumerar y describir sumariamente los extravíos del capitalismo, o sea la