Corporativismo Partidos 39
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La Cámara de las Corporaciones  LA SI 06/05/39 p. 6

            Acaba de inaugurarse –el 23 de Marzo, vigésimo Aniversario de los Fascios de Combate- la nueva Cámara de los Fascios y de las Corporaciones,  lo cual no solo ha resuelto el problema de la posición de la Cámara Electiva en el proyecto del Estado Corporativo, sino también el problema científico de la representación política.
            Las consideraciones de orden político hicieron generalmente pensar a un común origen y a una identidad de funciones del sistema parlamentario, mientras que el más elemental examen histórico nos hace constatar una dúplice, antitética función de la Cámara de Diputados
            En Inglaterra nació y se desarrolló, en efecto, como órgano que limitará los poderes del Soberano; en Francia, por el contrario, Felipe el Bello la creó con el intento de neutralizar el poder de los señores feudales, introduciendo en los Campos de Mayo además de los representantes de la Nobleza, los del Clero y del 111 Estado. En Francia, por consiguiente, en su iniciación, el régimen parlamentario de la representación política sirvió para consolidar los poderes absolutos del Soberano.
            Desde este primer tiempo del sistema representativo se pasó al segundo: al constitucional.
            La historia de este segundo período eliminó en los regímenes parlamentarios de Occidente el carácter representativo. Así, desde el período del mandato directo, se pasa al mandato político y general; por lo cual en todas las Cartas Constitucionales, está repetido que los diputados no representan los colegios que lo eligieron sino la Nación (léase “Pueblo”) en general. Mientras tanto se buscaba por medio del Derecho Público de definir la fisonomía jurídica de la representación política.
            Según la escuela del derecho natural, el Parlamento representa el pueblo, el cual, depositario de la Soberanía,  pero en la imposibilidad de ejercerla directamente,  delegaba el “Jus referendi” a los diputados al Parlamento. La solución, que sedujo por un determinado período a los estudiosos y a los hombres de Estado, chocaba, empero, contra una dificultad de orden positivo. Es decir, si no se puede dar representación, aunque fuera política, sin que el representante represente la voluntad del representado, no se conseguía explicar cómo las Constituciones no permitieron al pueblo revocar “ad libitum” la voluntad delegada en los diputados, los cuales, por su parte, hubieran quedado como miembros de la Cámara electiva por todo el período de la legislatura.
            El elemento constructivo que surgía de la crítica era que el voto popular  no era en verdad el voto popular de “elección”, sino el voto de “selección”.
            Se elaboró entonces la teoría orgánica, según la cual, el Parlamento era órgano representativo del Estado y no del pueblo, el cual figuraba solo como el instrumento necesario a través del cual el Estado formaba el órgano de su voluntad legislativa. En la misma forma se consideraba como órgano extraordinario el colegio electoral, dado que su existencia activa era condicionada por la voluntad del Estado.
            Esta solución, que parecía tan próxima a definir el contenido jurídico de la representación política fundada en la voluntad del representado, que era el Estado, chocaba contra la explícita declaración de las Constituciones, las cuales afirmaban que el Parlamento representaba la Nación en general.
            Las innumerables disputas que desde hace casi un siglo se agitan alrededor del fundamento jurídico de la representación política, se pueden reducir todas al contraste entre las teorías mencionadas y la errónea valuación histórica del régimen representativo, que fue entendido como el único proyecto clásico posible para introducir al pueblo en la Ciudadela del Estado.
            Las reformas Constitucionales de la post-guerra, han todas revisado, pero solo en parte, el sistema representativo, en las formas aplicadas en el Continente, de régimen parlamentario de gabinete.
            La Reforma Constitucional Italiana, dice también su palabra respecto al viejo problema.
            Vista en conjunto, la Cámara de los Fascios y de las Corporaciones se orienta hasta aquel “tertium” que es el fundamento de toda verdad.