Democracia Autopsia 43 03
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Democracia Autopsia 43 03
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Autopsia de una palabra sonora Democracia  (110) Segunda Parte. La democracia a través de la historia. El régimen de gobierno entre los hebreos
La SI 06/03/43 p. 12
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (111) Segunda Parte. El régimen de gobierno entre los hebreos  La SI 13/03/43 p. 12
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (112). El régimen de gobierno en la antigua China La SI 20/03/43 p. 12
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (113). El régimen de gobierno en la antigua China La SI 27/03/43 p. 12

(continuación)
            Pero, aún en ese estado tribal hay algunos hechos que merecen una atenta consideración bajo el punto de vista democrático.
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El régimen de gobierno entre los hebreos

            El pueblo hebreo es, en la historia antigua, un oasis, es decir, algo absolutamente distinto de los pueblos de aquella misma época. Estamos tan acostumbrados a considerar este pueblo exclusivamente desde el punto de vista religioso (en el doble sentido de “pueblo de Dios” y de “pueblo disuelto o castigado”) que otros aspectos de su vida nos pasan inadvertidos, a pesar de presentar verdaderas novedades dignas de ser estudiadas.
            Los hebreos procedían, como todas las estirpes, de un tronco familiar. Heber, de la línea de Noé, está en la cúspide del tronco. Más, acá, Abraham, por apodo Israel (fuerza de Dios, fuerte en extremo)) que, si bien ganó este calificativo en una extraña pelea que mantuviera, ya entrado en años, con un ser desconocido al pie de su tienda, ya en tierras jordánicas.
            Como conjunto familiar, a cuya cabeza estaba el patriarca, se regía ese pueblo por las leyes naturales en toda familia, aún cuando era ya familia tribal numerosa: por la autoridad del Viejo, sin que tuviese que ver nada en ello lo que modernamente hemos llamado democracia.
            Conservó Israel esa manera de ser, sin formar Estado separado, hasta muy allá. Esa estirpe tuvo su primer gran desarrollo en el delta nilota, después del Virreinato de José, primer ministro del rey. A través de los años, la robusta familia había germinado innumerables ramificaciones, llegando a ser centenares de miles. En el Libro de los Números, el Pentateuco hace el censo de esa gente, seguramente el padrón más antiguo, técnico y bien hecho que se conoce de los días viejos. Pasaban del millón de personas contando mujeres y niños.
            Allí, en Egipto, que comenzó siendo premio y paraíso, y acababa siendo castigo y servidumbre- se habían ido desarrollando a base de conservar no sólo la integridad estirpal; sin mezclas con las razas del Nilo, sino aún conservando la integridad parcial, desarrollándose cada descendiente de los 12 hijos de Jacob  dentro de su propia zona sanguínea. Y así, en los días de la peregrinación por el desierto que duraba cuarenta años, cada israelita pertenecía a una de las doce tribus y todo se hacía en aquel pueblo por ramas tribales.
            Esa relativa separación en tribus (dentro de cada tribu, las ramificaciones familiares) no dejó de existir aún después que, conquistada la Tierra de Promisión, en los alrededores del Jordán, los hebreos formaban ya Estado poderoso, sin un patriarca común que los encabezase. Y de esta suerte vemos como todo, desde la división de la tierra hasta la administración pública y el régimen político, todo era a base de doce ramas, conservando la organización familiar dentro de la organización estatal de Estado independiente, y, por tanto, con autoridad soberana.
            La tierra conquistada fue repartida con sabias normas que unían la calidad de ellas a la cantidad, entre las doce tribus,, cada una de las cuales moraba en “su” suelo. Y formaron de tal modo ramas con personalidad, que aún la lengua común tenía varios dialectos tribales, especialmente en la pronunciación y ciertas modalidades hechas al contacto de distintos idiomas y maneras de trabajo propios o de los pueblos vecinos.
            Esa manera de ser era una de las características de ese pueblo, que se distinguía de los de la misma época porque éstos habían conservado mucho menos los rasgos de la época tribal en que se meció su cuna. En el Egipto, por ejemplo, de la misma época de Salomón, la organización tribal era ya