Democracia Autopsia 43 08
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Democracia Autopsia 43 08
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Autopsia de una palabra sonora Democracia  (132) El siglo XlX (continuación) La SI 07/08/43 p. 12
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (133) El siglo XlX (continuación) La SI 14/08/43 p. 12
Autopsia de una palabra sonora Democracia (134) El siglo XlX (continuación) XVlll El paréntesis dictatorial La SI 21/08/43 p. 12
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (135) El paréntesis dictatorial (continuación) XlX Las guerras mundiales y la democracia  La SI 28/08/43 p. 12
Autopsia de una palabra sonora Democracia Las guerras mundiales y la democracia (continuación) (136) La SI 04/09/43 p. 12

El siglo XlX (continuación)

            El Código Civil napoleónico, sobre cuyos anacronismos antisociales han hecho piruetas científicas tantos tratadistas, especialmente franceses, no es más que la codificación de la defensa de la clase adinerada y de la minoría económicamente dictatorial, abandonando absolutamente los derechos de las multitudes. Con decir que el delito más grave y grosero, el social, quedaba eliminado de este Código así como del Penal, queda suficientemente entendido el sentido antidemocrático de la etapa napoleónica, y cómo había de redundar en desprestigio y pésimos efectos sobre los tiempos venideros.
            Dejémonos de tonterías y servilismos, y sentemos desde luego la maligna influencia de Napoleón, no sólo en cuanto actuó siempre (y legisló) en sentido antidemocrático, sino también en cuanto desacreditaba las dictaduras, en cuanto hacía servir la suya como instrumento de degeneración política y social.

            b) De la derrota de Napoleón (1815) a 1840, pasa un cuarto de siglos de desequilibrios buscando la sociedad una roca sólida sobre la cual asentarse. Y se establecen una serie de luchas entre el despotismo de la Edad Moderna y una aspiración a la libertad, que parece renacer en el corazón del mundo.
            El vago trilema francés –Libertad, Igualdad y Fraternidad- es comentado y peleado en todas las formas. Hay en todos los países de Europa continuas asonadas contra los poderes despóticos, para establecer un régimen nuevo. Se alza un poder tiránico, rezagado de los siglos modernos. Cae al embate de los alzamientos revolucionarios.  Establécese un régimen de libertad real o ficticia. Alzanse las multitudes contra él. Y así, en perpetuo desequilibrio, todos esos veinticinco años son de zigzaes y encontrados movimientos. España es un ejemplo práctico de eso desasosiegos. Durante la irrupción de Napoleón sobre tierra ibérica, reúnense en Cádiz las famosas Cortes, que promulgan la Constitución de 1812. Establecen ciertos principios de libertad individual. Con Napoleón se restaura el despotismo real, a base de la persona repugnante del rey Fernando Vll. Dura siete años este régimen. En 1920, y luego en 1922, irrumpen los liberales y establecen su régimen, restableciendo la Constitución del 12. Y lo hacen en medio del salvajismo más crudo y los crímenes más espantosos. El líder liberal de La Coruña ahoga en el mar a miles de personas de ideas contrarias, sin formación siquiera de causa. Régimen que asesina, mata, martiriza, persigue a cuantos no piensan como sus adalides: curiosa democracia que obliga, bajo la amenaza de mares de sangre, a los que quieren pensar como les acomode. Se ha asegurado por un historiador tan recto como Vicente de la Fuente que dos años de régimen liberal costaron a España más allá de 400.000 asesinatos cometidos al grito de libertad.
            Cae ese régimen del terror democrático a los dos años cortos. Y retorna al poder el infausto Fernando Vll. Sus fechorías y sus crímenes, sólo la muerte puede hacerlos cesar. Ocurre ella en 1833. E inmediatamente se inicia la terrible guerra civil de los siete años (1833-1840), que había tenido su precedente en 1827 mediante una sangrienta rebelión de los antiliberales catalanes.
            Cosa notable: el bando carlista tiene en su favor la opinión mayoritaria del país. Los liberales ganan a fuerza de bayonetas extranjeras: ingleses y franceses llevan a España sus tropas para aplastar, al lado de la minoría española, a los representantes de la mayoría. Y se da el caso idiota de que los demócratas aplastan a la mayoría con armas extranjeras, y todo en nombre de la democracia...
            En todos los países del mundo tenían lugar, en cada uno con su propio sello, estas alternativas, que desembocaban en la cuarta década del siglo con un poco de paz y la estabilización equilibrada del sistema liberal parlamentario. El coincide con la época literaria del Romanticismo, que, además de la poesía, hunde sus raíces en la historia y la política. El romántico es hombre de corazón, de ideales, de razones superiores. Y esto favorecía al régimen liberal, si no por sus propios méritos, que eran escasos,