Democracia Autopsia 43 09
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Democracia Autopsia 43 09
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Tercera Parte. Ensayos mínimos sobre democracia y pseudodemocracia
Autopsia de una palabra sonora Democracia 1.- Nombres y epítetos (136) La SI 04/09/43 p. 12
Autopsia de una palabra sonora Democracia 2.- Cuatro conceptos muy distintos. 3.- Dígame, Mr. Roosevelt (137) La SI 11/09/43 p. 12
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (138) 4.- Un caso raro 5.- ¿Por qué sería? La SI 18/09/43 p. 16
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (139) 5.- En el mundo de la inconsciencia La SI 25/09/43 p. 12

Tercera Parte. Ensayos mínimos sobre democracia y pseudodemocracia

1.- Nombres y epítetos
            Los que disputan sobre alguna cosa deberían seguir el consejo dado por Balmes a los discutidores: ponerse de acuerdo sobre el significado que tiene la palabra sobre la cual se va a discutir.
            ¿Es que no es suficientemente clara la palabra? ¿No es la cosa lo difícil, aquello sobre lo cual se ciernen tupidas sombras, de modo que las opiniones sean distintas para cada discutidor?
            Eso parece ser. Eso es lo que no es.
            Boileau, en su célebre preceptiva, nos cuenta que “le nom ne fait pas la chose”. Según este criterio, no sería cuestión de disputar sobre palabras, sino sobre cosas. Lo cual, con perdón del gran preceptista francés, es absurdo. Nosotros no conocemos cosas. Si usted sostiene que sí las conocemos mediante quien sabe qué milagroso procedimiento, confesará que las conocemos “mediante palabras” siendo el lenguaje –generalmente el articulado- el único cauce por el cual nos hablamos unos a los otros; con el cual cada uno se entiende con su vecino.
            ¡Discutir solo sobre ideas! Pero, ¿sabe usted si existe esto que usted llama ideas? Las palabras ahí están, vivitas y coleando. Pero las ideas ¿no sabe usted que varios filósofos niegan su existencia? ¿Sabe usted que, como el éter,  ellas han sido inventadas “para explicar algo inexplicable por el momento” y que, con el nuevo “deus ex machina”, ese algo es más inexplicable todavía?
            Las cosas mismas ¿existen todas las que tienen “su” palabra? ¿Existe en la realidad el Grifo, esa ave mitológica de que nos hablan leyendas prehistóricas? ¿Existen las sirenas? Son fantasías, retazos de otras cosas que nuestra pobre mente se entretiene uniendo bárbara y monstruosamente, sin que tengan en la realidad asidero alguno. Y ¿sabe usted qué cosa es la nada? ¿Sabe que ya, como decía Santo Tomás, la nada es nada, y sobre ella no se puede tener idea directa, y tampoco se podría tener palabra propia? Hay cosas que no existen y no existirán jamás.
            Había en filosofía un arduo problema. No se sabía cómo podía ser que lo material y lo espiritual se tocasen. La famosa “cuestión del puente”. Algo así como estar colocado entre el mes de Marzo y la ciudad de Curacaví. Un absurdo. Para solventar ese absurdo (que lo material y lo espiritual coincidan y se adecuen) se inventaba un ser –la Idea- que era a la vez material (imagen de una cosa material) y espiritual (parte del espíritu). Lo cual parece no ser más que doblar la misma dificultad y duplicar el absurdo.
            ¿Cómo poner en relación el yo con el no-yo, es decir, con lo externo, especialmente con lo externo material? No se sabía cómo ello se realizaba, ni aún cómo era ello posible. Para salir de dudas –para entrar en mayores dudas- se inventaban las ideas. El obscuro problema ha continuado, y ahí están las ideas, realidad o ficción, que han quedado, si no para solucionar aquel problema psicológico, para meter bulla entre las gentes, discutiendo los que tienen menos ideas sobre las ideas que no aciertan a desentrañar.
            Dejémonos de ideas, y vayamos a las palabras. Usted habla de Democracia. ¿Qué entiende usted por Democracia? Usted discute sobre Democracia, y se acalora encima. ¿Quiere decirnos qué cosa entiende usted con tal palabrita? ¿No sería posible que usted hubiese discutido mucho, y aún peleado, y, sin embargo, no hubiese pensado nunca en el fondo de eso que usted estaba tratando?
            Las palabras no son ni hacen la cosa, pero, en cambio, son el substratum de las discusiones y hacen las peleas. Y muchas veces no se sale de ellas, de las puras palabras, no discutiendo por cosas y realidades, sino por puros vocablos, vacíos tantas veces.
            Decía un filósofo griego que enseñaba a base de discusiones, que muchas veces, al principiar por poner en claro la palabra o frase que se iba a discutir, la discusión había terminado antes de