Democracia Autopsia 45 04
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Democracia Autopsia 45 04
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Autopsia de una palabra sonora. Democracia (211). 52. Una carta de disparates La SI 07/04/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (212). 52. Una carta de disparates (continuación) La SI 14/04/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (213). 52. Una carta de disparates (conclusión) La SI  21/04/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (214). 53. Italia y la democracia  La SI 28/04/45 p. 12

52. Una carta de disparates
Ref: a la democracia del siglo XlX y XX y a la democracia orgánica que profesa Bardina; a un texto de “La Prensa” de Buenos Aires, que se titula “”La Democracia no es la ley de las turbas” (col. 1), que lleva fecha de Diciembre del año 1944, escrito “a propósito del hecho de que las fuerzas maquis griegas, que habían peleado sangrientamente para arrojar de su país a los alemanes, ahora luchaban sangrientamente para echar de su país a las fuerzas aliadas, por hindúes amarillos y negros africanos, comandados y dirigidos por ingleses y respaldados por las escuadras de guerra británicas, apostadas en el Pireo” (col. 3).

Autopsia de una palabra sonora. Democracia (212). “Quién ame la Democracia luche para extirparle los vicios con que la han esterilizado los demócratas”.- H.G. Wells
La SI 14/04/45 p. 12

52. Una carta de disparates (continuación)
(...)
                                                                                  Vl
            Saliéndonos de las cosas subjetivas, y llegando a la letra misma del artículo, no acabaríamos nunca si quisiésemos marcar las falacias y contradicciones de que está cuajado.
            Notemos, sin embargo: bajo apariencias de algo lógico, serio y tragable.
            Porque esta es una de las cualidades que hay que tener más en cuenta en esa clase de literatura periodística de los grandes diarios –es decir, de los diarios de empresas capitalistas- el soltar toda la disparatería con velos de cosa aceptable
            Para llegar a estos resultados, muy graves, se aúnan tres hechos, que vale la pensa de poner en hilera.
            1) La instrucción fundamental, en el sentido de “cerebro recipiente” que no anda por sus propias piernas, sino con las ajenas produjo ese tipo de ilustrado, muchas veces universitario, que lee sin tregua, que oye encantado, que recibe explicaciones librescas o de cátedra, ajustándolas bien en los salones interiores de su mollera pasiva. La instrucción moderna, desde la escuela a la universidad, se ha encargado por cien años de esta tarea innoble, aunque muy ufanosa de ella: reducir los cerebros a cero como fábricas de propios pensamientos, abarrotándolos, en cambio, de toneladas de materia ajena.
            Este hecho abarca, de común, al escritor que redacta y al lector que quiere nutrirse de la lectura. El escritor, hijo de aquel pasivismo, adoctrina pasivamente, vertiendo nuevamente lo que recibió pasivamente. El lector ya predispuesto a recibir, a lo que “magister dixit” lo que lee.
            2) El segundo hecho favorece al anterior. Esa generación –esas generaciones- de intelectuales hijo de la pasividad receptora, han sido instrumentados con una buena ilustración literaria y una cierta habilidad para lanzar como cosas claras y lógicas las que no lo son. Una cierta sencillez expositiva, y una laya de “sans facon”, que probablemente ellos mismos admiran, les acompaña afirmando hechos falsos casi sin querer, callando hechos evidentes casi por instinto educativo, exponiendo con una suficiencia candorosa lo que afirman.
            Lo cual va en escala descendente, comenzando bien en alto. Desde los nutridos en altas escuelas con verdadera formación clásica y literaria, que permite vestir lo que se dice –verdad o mentira- con un ropaje que cautiva; hasta en el grado inferior, el publicista que, si carece de ese bagaje intelectual, memorístico, no por esto anda desnudo; sabe exponer claramente lo que dice; sabe