Democracia Autopsia 45 05
Índice del Artículo
Democracia Autopsia 45 05
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7

Autopsia de una palabra sonora. Democracia (215). 53. Italia y la democracia (conclusión)  La SI 05/05/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (216).65. (¿ 54?) Entramos en otra noche oscura  la SI 19/05/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (217). 65. Entramos en otra noche oscura (continuación) La SI 26/05/45 p. 12

53. Italia y la democracia (conclusión)
Ref: a la Italia post Mussolini

Autopsia de una palabra sonora. Democracia (216). “Quién ame la Democracia luche para extirparle los vicios con que la han esterilizado los demócratas”.- H.G. Wells
la SI 19/05/45 p. 12

65. (¿ 54?) Entramos en otra noche oscura
(tener presente que el 8 de mayo concluyó la guerra en Europa)

                                                                                  l
            La humanidad, en su trayectoria de siglos, ha pasado por claros períodos de luz, y también por negros períodos de tinieblas. De luz, en cuanto todos eran dueños de su palabra, podían encender en la calle la luz de sus ideas y los hechos eran publicables sin restricción alguna. Por ejemplo, en el corazón del siglo Xlll, cuando cada pensador podía libérrimamente exponer al público sus pensamientos en la universidad o en la calle, y cada cronista podía exponer en sus cronicones los acontecimientos favorables o desfavorables para los gobiernos, sin que éstos se metiesen en lo que podríamos llamar publicidad, y por lo tanto génesis de la Historia.
            En la Sorbona, por ejemplo, cada filósofo exponía lo que se le ocurría en su cerebro privilegiado, sin que los gobernantes se preocupasen de limitar la libertad de pensamiento. En la calle, el cronista podía atacar al rey desenfadadamente. Los “noticieros” poéticos de la epopeya del Cid llenaban en sus fastos l rey de epítetos inconvenientes y al Cid, el rebelde, lo rodeaban de una dorada aureola de gloria.
            En los días de Alfonso Xll, en la misma España, todo podía decirse. Y no se vió jamás el más mínimo intento de ocultar los hechos y menos de hurdir “hechos” no acaecidos –mentiras e invenciones- en loa de un régimen y obscurecimiento popular.
            Son siglos luminosos: aquellos, los anteriores a la invención de la imprenta, por su ingenua caballerosidad y respeto al pueblo, pese a las tergiversaciones que ellos nos dan  muchos “historiadores”; éstos, los del siglo pasado, respetuosos por el curso de la verdad y de los hechos, respetuosos del derecho de los ciudadanos a conocerlos.
            Bajo este punto de vista, es particularmente interesante la época del XVlll, cuando los más demoledores escritos de Voltaire y otros escritores semejantes llenaban la Francia de panfletos, mitad verdaderos, mitad mentiras e inventos calumniosos. Aquella monarquía corrompida venía a menos por esas campañas. En medio de su corrupción, se ve como algo noble y de caballeros ese dejar la rienda suelta a los escritores, sin interés utilitario en el sentido de que los hechos fuesen escamoteados al pueblo de Francia.

                                                                                 

                                                                                  ll
            Cierto que, al hablar de días luminosos y de noches obscuras, nos referimos principalmente a los tiempos de cultura más o menos popular, sin pensar que esos estados luminosos en cuanto a libertad de mostrar los hechos pudiesen darse en los días de los viejos imperios.
            Julio César, en sus historias sobre las guerras que dirigió, podía inventar a maravilla y ocultar lo que caminaba hacia su menoscabo. ¿Quién no ve leyendo el “De Bello Gallico” numerosas lagunas