Democracia Autopsia 45 06
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Democracia Autopsia 45 06
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Autopsia de una palabra sonora. Democracia (218). 65. continuación La SI 02/06/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (219). 65. conclusión 66. Demócrata yanki contra demócrata yanki La SI 09/06/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (220). 66. Demócrata yanki contra demócrata yanki (continuación) La SI 16/06/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (221). 66. Demócrata yanki contra demócrata yanki (continuación)  La SI 23/06/45 p. 12

65. continuación
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            Cuartamente, los técnicos, las revistas serias, que la politiquería ni siquiera sabe que existen. Ellos van a hablar también. Al terminar la otra guerra, el prof. Keynes, aunque vejetando en las más momificados principios manchesterianos no dejó de aportar luces interesantes aún contra su país mismo. Porque, por encima de sus ideas avejentadas y moribundas hay la lealtad a la ciencia, la personalidad del profesor, la hombría del bien general de los expertos.
            Y aún hubo país –Alemania- que abría después de la guerra todos sus archivos diplomáticos, y ponía enteramente su contenido a disposición del mundo, para el juzgamiento justo de un hecho tan extraordinario  como aquella quería.
            Cierto que esa conducta democrática no puede esperarse de los gobiernos democráticos, verdaderamente ocultistas y autoritarios. Gran Bretaña todavía no ha abierto los archivos correspondientes a la otra guerra, y ni aún los mismos parlamentarios los conocen. Los tiene escondidos como productos vedados la minoría de políticos que constituyen la dictadura británica, y no esperemos que se decidan a abrirlos jamás. Obscuridad, tinieblas, diplomacia cerrada y obscura.

            Pero, si esto no es de esperar ahora tampoco –menos ahora todavía- algún gobierno de segundo orden nos podrá dar a conocer cosas raras. Y ñas revistas técnicas de grupos sociales selectos, de Universidades y Academias, no faltarán a su deber de aclarar un poco lo que vaya pasando, rectificando las burdidades de la prensa diaria, llevadas de las riendas por las grandes potencias imperialistas.

                                                                                  Xlll

            Ha comenzado, pues, la noche obscura. Este es un hecho lamentable, pero que era esperado sin falta, dado el carácter totalitario de las llamadas democracias. Pero es un hecho, también, que no acobarda a la crítica sana esa noche obscura.
            Simplemente, habremos cambiado de zona. Acomodaremos los métodos a las circunstancias. Nos haremos al medio. Sacaremos ventajas de los obstáculos mismos. Y, tanteando las tinieblas noticieras aliadas, no esperaremos, para hallar la verdad secuestrada, a que llegue la inevitable luz del nuevo día.

                                                                                  Xll
            No se trata, solamente, de ocultar noticias, haciendo el vacío alrededor de la realidad. Esto sería bochornoso ya, como afirmaba solemnemente, en ocasión presidía una Asamblea de prensa, el Presidente Roosevelt.  “Porque –decía él- el mundo ha de alimentarse de la verdad; y tiene derecho a conocer toda la realidad de lo que está pasando para poder democráticamente opinar y decidirse”.
            Cierto que el mismo Roosevelt, en el instante mismo de afirmar esto, daba una nueva vuelta al tornillo de la campaña neumática, especialmente suprimiendo en Estados Unidos las agencias noticieras alemanas, italianas y niponas. Pero, si ello indica un sistema de hipocresía inaceptable como tal, queda recalcado mejor todavía la necesidad del noticierismo abierto y de la opinión libre para poder llamarse democrático; el mismo Roosevelt, operando en dictador y perseguidor de la discusión libre, se veía obligado a decir lo contrario ante esa asamblea periodística.
            Pero, repetimos, no se trata solamente de “ocultar noticias” , “tapar las bocas” y democráticamente “eliminar toda discusión”. Hay algo más grave: fabricar noticias falsas, haciéndolas rodar por los hilos, los diarios y las conversaciones  como si tales “hechos” hubiesen acaecido.