Democracia Autopsia 45 08
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Democracia Autopsia 45 08
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Autopsia de una palabra sonora. Democracia (226). 68. Nietzsche, la universidad argentina y la momificación cerebral (conclusión) La SI 04/08/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (227). 69. La democracia y la ley del embudo La SI 11/08/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (228). 69. La democracia y la ley del embudo (continuación) La SI 18/08/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (229). 69. La democracia y la ley del embudo (conclusión) 70. Inglaterra democrática La SI 25/08/45 p. 12

68. Nietzsche, la universidad argentina y la momificación cerebral (conclusión)
                                                                                  Xll
            Esta misión de la Universidad se afirma sobre el superior cerebro que debe tener un universitario, so pena de no serlo, si no lo tiene. Pero, además de esta base subjetiva, hay otra, objetiva, que respalda aquel deber reformador de la Universidad.
            El mundo no es algo estabilizado, fijo, clavado y esotérico, incambiable, inmutable. El mundo es una constante mutación. San Agustín daba  a la vida esa definición hondísima “quid fluens”. Han pasado quince siglos, y los novísimos químico-biólogos han vuelto a Agustín de Hipona, con su “equilibrio constantemente variable del átomo y de la molécula”, cosa que no es más que las dos mismas palabras del de Hipona: un algo que permanece, aún sin ser visto, pero, sí siendo concebido; y una eterna variación sin la cual el átomo y la célula (y un ser total) están irremisiblemente muertos y bien muertos.
            Ahora bien. Si en el mundo hay constante variación –y aún lo fundamenta e inmutable (quid) está presentando diariamente cambios fenoménicos y vitales (fluens), no salvándose de la mutabilidad constante nada creado bajo el sol- se ve claramente que la solución de esos hechos nuevos en cuanto la sociedad política, social, etc. debe resolverlos y considerarlos, ha de ser constantemente distinta. De ahí que, si las eternas esencias de que nos hablaba el divino Platón se reflejan constantemente iguales en el fluir de los acontecimientos, ese fluir, y la fenomenología de él, eternamente están variando, exigiendo, sus datos siempre distintos, soluciones distintas.
            Tenemos un ejemplo de ello en la Cuestión Social actual. ¿De qué viene uno de los fracasos más grandes y sangrientos de la sociedad actual (las guerras incluso) sino de que los hechos se han cambiado, hay nuevas circunstancias, y los políticos, eternos retrógrados, estabilizados y petrificados, no han sabido darles a los hechos nuevos soluciones nuevas adecuadas? Ellos, aunque dicen (charlan) lo contrario, son entes petrificados, como si los hechos estuviesen también petrificados y siempre los mismos. No siéndolo, no ha habido adecuación entre hechos nuevos y moldes viejos. Y de ahí la disparatería actual, los fracasos y los regímenes hechos para los tatarabuelos y torpemente aplicados al lecho de Procusto de los hechos nuevos.
            Debemos tener, por lo mismo, dos cosas siempre a la vista:
            Que los hechos mundiales y sus maneras están en continua evolución y cambio;
            Que hay cerebros –los universitarios- capaces de hallarles a esos hechos nuevos las nuevas fórmulas.

                                                                                  Xlll
            Sería, por tanto, un verdadero cavernícola, digno de vivir en el Imperio XXlll antes de Cristo, y encima de desconocer la índole esencial de la Universidad, el que tuviese la peregrina idea de que la Universidad anduviese constantemente conforme con los regímenes establecidos, siempre en un país o en el mundo conforme con el Ayer, como si nada cambiase, y defendiendo como torpe ciego los regímenes vigentes.
            Y todavía hay una nueva razón para que los universitarios miren nuevas cosas, husmeando lo actual como algo ya superado por los hechos. Es la siguiente: que los regímenes actuales son, generalmente, “contra naturam”. Y entonces, no sólo cabe reformarlos porque todos se envejecen con los hechos nuevos, sino que debe reformárselos porque se trata de regímenes contra leyes de naturaleza.