Democracia Autopsia 45 09
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Democracia Autopsia 45 09
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Autopsia de una palabra sonora. Democracia (230).71. Ultrademocracia, Democracia, Dictadura La SI 01/09/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (231).71. Ultrademocracia, Democracia, Dictadura (continuación) La SI 08/09/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (232). 71. Los argumentos “ad hominem” La SI 15/09/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (233). 71. Los argumentos “ad hominem” (conclusión)  72. Los fanatismos de los llamados antifanáticosLa SI 22/09/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (234). 72. Los fanatismos de los llamados antifanáticos (continuación) La SI 29/09/45 p. 12

71. Ultrademocracia, Democracia, Dictadura
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            Uno de estos días, un diplomático inteligente decía así, a un amigo común:
            -Una de las cosas que me tienen más molesto es que “La Semana Internacional” esté en la “Lista Negra”, y precisamente por informes que yo he dar a mi gobierno.

            El diplomático –que sabe raciocinar- daba vueltas, silenciosas, a su imaginación, pensando en ese hecho. Y, recapacitando, añadía:

            -Reconozco la independencia de criterio de su director. Accedo a que tiene él sus ideas, como yo tengo las mías. Añado que yo consideraría un crimen que alguien me atropellase mi libertad de pensar, pateando los derechos ajenos. Lo confieso.
            Más vueltas al cerebro. Porque ese diplomático sabe dar vueltas a su cerebro, al revés de tantos hombres que tienen la cabeza, al estilo de una estatua muerta, para adornar algo, por ejemplo, ponerla sobre el lindo cuello, para que el cuerpo humano acabe  más estéticamente. Un buen rato pensando. Añade:
            -Mantener “La Semana Internacional” en la Lista Negra es evidentemente una opresión y una antidemocracia. Nada tiene que ver ella con comprar y vender a los enemigos de los aliados. Se trata, simplemente, de oprimir el pensamiento por la fuerza bruta, oponiéndose elementalmente al derecho de opinar, de discutir. Y delata una inferioridad nuestra rehuir la discusión, eso de eliminar el pensamiento ajeno. Ese es el ser inferior, que se siente “a priori” vencido y carente de razón.
            Nueva pausa. Nueva pausa, según me dice el amigo común. Otra vez continúa el monólogo:
            -Comprendo que esa revista no se ponga al habla con nosotros. Yo tampoco me pondría al habla con el quiere oprimir mi libertad de expresión, confesando de antemano que no tiene la razón, sino solo la fuerza bruta. Lo comprendo. Pero ¿por qué “La Semana Internacional” no habla, siquiera tres o cuatro semanas, a favor de la democracia, dando píe a que yo informe?

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            Y esto último ya es grave. Lo anterior podíamos escucharlo –de boca del amigo común- con cierta indulgencia, reconociendo el conflicto de un diplomático, luchando su buen criterio con los deberes que se le imponen desde afuera. Pero eso de que “La Semana Internacional” hable, siquiera tres o cuatro semanas, a favor de la democracia, ello supone algo que tiene relación con el público; con ese que no es negocio nuestro, sino apostolado nuestro. Y, con perdón de ese diplomático (que no está anquilosado dentro de su profesión, sino que tiene, a lo que se ve, ideas propias) debemos hacer una aclaración que va directa para nuestros imparciales lectores.
            Lo repetiremos de nuevo. No le atribuimos el defecto que vamos a notar a deficiencias mentales de ese diplomático. Absolutamente. Probado está, por ese su pensamiento arriba expresado, que es personalidad no petrificada, que piensa rectamente y que está viendo de deshacerse de un montón de ligámenes que lo mantienen, como funcionario, violentamente atado dentro de una dictadura que le exige imponerse a los demás por orden de los que de él disponen funcionariamente.
            Ese diplomático está muy por encima de su cargo, con independencia de criterio –ya que no con independencia de acción- que lo haría merecedor, ante un superior más consciente, de un puesto mejor.
            Pero el ambiente, saturado de miasmas aumentado por la politiquería de bajo vuelo, influye tanto sobre el público pensamiento, y aún sobre el público accionar o portarse, que acaba por deformar