Democracia Autopsia 45 10
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Autopsia de una palabra sonora. Democracia (235). 72. Los fanatismos de los llamados antifanáticos (conclusión) La SI 06/10/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (236). 73. La suprema democracia de la sangre La SI 13/10/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (237). 74. Naturaleza y voluntad La SI 20/10/45 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (238). 74. Naturaleza y voluntad (continuación) La SI 27/10/45 p. 12

72. Los fanatismos de los llamados antifanáticos (conclusión)
                                                                                  lX
            ¿Qué se entiende por fanatismo y por fanático?
            El que tiene ciertas ideas sin discutirlas, sin entrar en un intercambio leal y decente con sus enemigos, con un cerebro anquilosado, que no tolera contraposiciones, no admite ideas discordes, cree en su idea con la fe del carbonero: ese el es el fanático.
            En siglos pasados ya se tenía cierta idea del fanatismo de los que se llaman antifanáticos: pero actualmente el campo de los fanáticos está completamente en el sector de los que se llaman antifanáticos.

            Ha llegado a tal grado ese fanatismo, que, cuando aparece un escritor que les contradice, lo amordazan implacablemente, privándolo de los medios de expresión y negándose a discutir amigablemente.

            Están tan convencidos de que son ellos los fanáticos, y no sus enemigos, que saben que, en una lid racional, quedarían ellos absolutamente vencidos.
            Podría, en estos tiempos, escribirse largo y tendido sobre el Fanatismo de los Antifanáticos.
            En la prensa, y aún en libros que parecerían serios,  ese fanatismo de los sedicentes antifanáticos transpira, no gota a gota, sino a chorro limpio.
            Estamos en una época rara bajo este punto de vista.
            Durante el fanático siglo XlX, cuando se hizo carne ese fanatismo de los antifanáticos, escalando los antifanáticos el escalón superior del fanatismo, había algo noble en las publicaciones y bajo dos sentidos, que es útil constatar.
            Primeramente, respecto a la distinción entre Prensa y Libro.
            La prensa, en general hablando, se distinguía por su fanatismo, las razones y aún los hechos no sirviendo absolutamente para nada. Era una prensa archifanática, que no hacía caso de nada; que no examinaba argumentos ni razones, que no obedecía más que a una especie de subconsciente fanático, que, ante los ojos de un espíritu abierto al aire de la calle y a la luz de la razón, aparecía como ele extremado fanatismo de los llamados antifanáticos.
            Las derechas de la época  servían sus ideales negando en sus columnas aún toda información que sirviese en desmedro de sus ideales.  Era una prensa que ocultaba avestruzmente su cabeza, en la creencia absurda de que el mundo  no debía enterarse de las flaquezas propias, pero que realmente no se enteraba. Esas afirmaciones eran extremadamente tontas, y claro que la realidad respondía de distinta manera de lo que ellas la creían.
            Pero la summum de la intolerancia, y también el summum de la idiotez, se lo llevaba, y bien ganado, la prensa de izquierda, cuyo ideal era simplemente servir  sin razonamiento sus ideales, negando cuanto, siendo real, los podía desfavorecer ante el pueblo.
            Hemos tenido en nuestras manos, por ejemplo, lo que decía la prensa –entonces llamada liberal, significando ahora distinto-, acerca del fusilamiento, por las derechas, del general Riego, a principios del pasado siglo. Sin embargo, esa misma prensa negaba aun los hechos más evidentes cuando sus gobiernos y sus partidos elevaban el fusilamiento de Riego a la máxima potencia, fusilando, asesinando, bárbaramente machacando carne humana.
            Era un hecho público y notorio, por ejemplo, los asesinatos en masa de los derechistas en Coruña, en aquella tercera década del siglo. La barbarie más rara, el desplante más salvaje, por parte de la autoridad izquierdista. Esta enviaba a alta mar barcazas atestadas de mujeres derechistas, de niños,