Democracia Autopsia 46 04
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Democracia Autopsia 46 04
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Autopsia de una palabra sonora Democracia  (258) La SI 06/04/46 p. 8
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (259) La SI 13/04/46 p. 8
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (260) La SI 20/04/46 p. 8
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (261) La SI 27/04/46 p. 8

                                                                                  lX
            Los derechos naturales de los ciudadanos tienen relación estrecha con los impuestos. Tan relacionados con la democracia, que hay parlamentos, como el inglés, que ponen la razón principal de la existencia del parlamento popular en que los impuestos sean democráticamente aplicados.
            Eso de poner la razón de los Parlamentos en el problema contributivo, se apoya sobre una manera falsa de ver la vida. Los ingleses ponen sobre todas las cosas lo concernientes al cuerpo, el estómago y la manduca. De ahí que, lógicamente en su sentir, enraícen los parlamentos en el problema de las contribuciones. En realidad, no es así. Los impuestos son cosa grave, que atañe a la democracia más fundamental. Pero no lo son los impuestos, sino otros acápites; también, de la gobernación.
            Sin embargo, esa observación no obsta para que no se vea que los impuestos atañen a la base misma de la democracia. Ellos exigen a cada ciudadano parte de sus bienes, a fin de poder sostener, no sólo la administración del Estado, sino todos aquellos gastos que demanda el progreso de un país: caminos, defensa, etc.
            De ahí que, si es irracional la costumbre inglesa de tomar los presupuestos como piedra fundamental de Estados, no lo es el prestar a ese rubro estatal la importancia fundamental que se merece. Todas las Constituciones asignan a los tributos esa fundamental función. Y así, no hay excepción en cuanto a negar a los Gobiernos el poder establecer impuestos y gestarlos, adjudicando a los parlamentos la función relativa a cuanto afecta a las contribuciones y a los deberes de los ciudadanos a sostener al Estado y a fomentar el progreso.
            Relativamente a las relaciones entre los Impuestos y la Democracia, podremos reducirlo a tres bases:
            ser racionalmente gastados;
ser basados en las necesidades o gastos, y no en los ingresos;
ser justamente repartidos entre los contribuyentes.

a) Las dictaduras modernas que se llaman a sí mismas democracias se caracterizan por una circunstancia indiscutible: gastan, malgastan y derrochan los presupuestos de la Nación con impudicia completa. Y es una vergüenza para ellas –y una razón para justificar ellas mismas las indeseables dictaduras personales- el que, cuando en un país hay rigor, justicia y parsimonia en no dilapidar, sea realizado siempre por las dictaduras personales
Todo el mundo admite que, si en alguna parte había moderación y justeza en los gastos, era en la Alemania de antes de Hitler, con la famosa república democrática. Pues bien: cuando los aliados de aquella época pasaron, por cuestión de reparaciones, a dirigir aquellos ferrocarriles, el dictador aliado echaba a la calle, inmediatamente, a cerca de 80.000 empleados y obreros, que sobraban completamente, y sólo estaban por intereses políticos, sea de los socialistas, sea de los católicos, sea de los comunistas.
Si pasaba esto en Alemania ¿qué sería en Gran Bretaña, en Francia, en las repúblicas americanas que manejan ferrocarriles? Un escritor yanqui acaba de decir que en los ferrocarriles de Estados Unidos sobran, lo menos, millón y medio de trabajadores de toda clase.
Una democracia no lo es más que de nombre, cuando los gobiernos, parlamentos y partidos que se llaman a sí mismos democráticos, derrochan, funden, dilapidan los ingresos públicos en beneficio de sus paniaguados, es decir, robando al ciudadano sus dineros. Una democracia ladrona no puede ser democracia.