Democracia Autopsia 46 05
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Democracia Autopsia 46 05
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Autopsia de una palabra sonora Democracia  (262) La SI 11/05/46 p. 8
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (263) La SI 18/05/46 p. 8
Autopsia de una palabra sonora Democracia  (264) La SI 25/05/46 p. 8

            e) Para que exista en el hecho legal democracia, hay que reconocer la existencia del Delito Social, como una de las novedades más indispensables del derecho nuevo.
            1) Etimológicamente hablando, el vocablo Delito tiene un significado que no le han dado los jurisconsultos modernos. Y, aunque el significado que ahora le es propio no concuerda con lo que debería ser, no hay más remedio que atenerse al uso, aunque científicamente, sea un disparate.
            Actualmente, se entiende por delito, en general, hablando y en sentido lato, cuanto está penado por la ley, sea por la comisión de algo prohibido, sea por la omisión de algo mandado. Así, es un delito el acto positivo de matar a un ciudadano, y también lo es la omisión de no pagar los tributos debidos.
            Por lo mismo, ateniéndonos al uso, hay que distinguir inmediatamente entre pecado y delito. Hay tantas cosas malas, verdaderas inmoralidades y aún crímenes inconclusos, que no hacen remorder la conciencia del más pacato, antes lo contrario. Es un ser depravado el que intenta el mal contra uno, aunque en realidad no lo ocasione de hecho. Ello es una inmoralidad, aunque no es un delito. Hay delito –y la ley lo castiga inmediatamente- si un condenado a muerte trata de arrancar, aunque su conciencia no le remorderá en lo más mínimo al intentar tal cosa.
            Desde que el mundo es mundo, los legisladores -que han carecido siempre de toda intención social- no llamaban delito más que a los actos u omisiones que dañaban a tercero, individualmente. Existían delitos individuales. Del “pecado” social ni siquiera hablaban.
            Admitían el delito político algunas veces, además del delito individual. Era delito político, por ejemplo, falsificar un acta electoral, matar a un alto gobernante, por pretexto público, etc. Pero ese delito, con raras excepciones, no era más que un delito individual que versaba sobre cosas públicas o sobre un personaje público.
            2) La inexistencia de delitos sociales era un mero corolario de hábitos seculares, a veces de lo que llamaban “leyes naturales”, naturalmente que sin serlo. Veamos varios ejemplos.
            Los parlamentos respetaban lo que se llamaba “ley de la oferta y la demanda” que, aplicada a salarios, quería decir que el patrón contrataba a un trabajador sin importarle si el salario contratado llenaba las necesidades esenciales de vida común. Ese vacío moral era considerado como un derecho patronal, corolario de aquella “ley” de oferta y demanda de trabajo. A mayor número de obreros que pedían trabajo, menor salario, y viceversa. De la manera que la cuantía de éste no dependía del mínimo para la vida, y ni aún –lo cual era bien raro en tiempos pasados- dependía del trabajo mejor o peor que el obrero realizase. Un absurdo.
            Así es como, si no se contemplaban como delitos verdaderos vacíos e inmoralidades, era, en buena parte, porque la ciencia económica de la época presentaba como evidentes ciertos principios de los cuales podía deducirse como corolario lógico la habitud de pensar que no era un delito lo que se deducía abiertamente de principios que la ciencia de la época presentaba como axiomas, o por lo menos, como teoremas económicos.
            Era la época del doble pecado desde el punto de vista social: del pecado individualista y del pecado manchesteriano. Como individualista, no había cosa “social”, es decir, que se atuviese a la sociedad y plenamente, y no sólo el individuo. Como manchesteriano, no había solidaridad social alguna entre trabajadores y dadores de trabajo.
            Estaba el ambiente enrarecido bajo este punto de vista. Se pensaba de cierta manera y se vivía en cierto ambiente. Y en ese ambiente no podían florecer, matado apenas apuntaba, cuanto se relacionase con lo social.
            3) No hay que hacer cavilaciones tontas acerca de la torpeza supuesta por el individualismo manchesteriano, al afirmar que en la vida no hay más que individuos y que, por lo mismo, lo social no existe. Que, por lo mismo, sólo puede haber delitos individuales y no delitos sociales. Cierto que la