Democracia Cristiana 33
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La mujer española vota por primera vez  La SI  01/05/33 

            (...)
c) En estas elecciones han ejercido harta influencia las mujeres, que han obtenido en España igualdad de voto con los hombres.
El voto femenino está ya casi universalmente reconocido. Sólo países a la vez de escasa ilustración y de excesivo fanatismo, permanecen todavía al margen de ese derecho que la mitad de la humanidad ha usurpado durante siglos a la otra mitad, con pretextos de índole infantil.               La pregunta que se hacían los que temían el voto de la mujer delataba ya a los ojos vistas su espíritu esencialmente dictatorial y antidemocrático. “¿Cómo hará uso de ese su derecho el mundo femenino? ¿En favor de qué campo en lucha va a abocar el peso decisivo de su voto?”
He ahí unas preguntas tan absurdas como delatoras de la singular democracia del siglo XlX.       Absurdas, porque es de la esencia misma de la democracia no solo no preguntar lo que cada cual piensa (democracia es exponer y hacer valer lo que cada cual piensa sin la menor influencia presionadora de los demás), sino que precisamente el pivote básico del sistema democrático está en abrir canal y expresión política a toda manera de pensar, independientemente de toda otra consideración, y sea cuál sea ese pensar. Preguntar por “lo que piensa uno” para ver si nos conviene su voto, es atacar a fondo la esencia democrática, subordinando el derecho ajeno a mi pensamiento y aceptándolo sólo si se conforma con el pensamiento mío. Expresión democrático-dictatorial que halló manifestación literaria en aquella famosa cuarteta, otra vez traída a estas columnas:
            El pensamiento libre
Proclamó en alta voz,
Y ¡muera el que no piense
Igual que pienso yo!
            No se negará el carácter singular de esta democracia que no se aviene a reconocer el derecho ajeno sino a condición de que se doblegue y ajuste a mis pretensiones.
            Era esta la situación de la mujer en España. Los partidos liberales temían que la mujer se inclinase decididamente hacia los grupos conservadores. Los grupos conservadores temían que la mujer se inclinase decididamente hacia los grupos populares, atacando a las clases adineradas. Unos por fanatismo político, otros por avideces plutocráticas, rechazaban el voto de la mujer, como la rechazan todavía los demócratas dictatoriales del senado en Francia.
            En España, al advenir la República, lo más probable era que la mujer continuase sin voto. Primaban en favor de esa suposición dos consideraciones, entre otras: la situación especial de la mujer en España y la situación especial de los republicanos triunfadores.
            La mujer en España ha sido siempre el eje de la vida. País sentimental, donde el macho hunde su navaja en el corazón por la dignidad de su hembra, ese espíritu caballeresco, de profunda veneración por la mujer, hacía de ésta eje vital. En los ambientes bárbaros del siglo X, cuando en toda la Europa la mujer era juguete en los castillos feudales, esclava del caballero y prisionera en su mansión, en España la mujer tiene una especial consideración pública en cuanto es expansión de una fuerte vida privada:
            Ya, doña Ximena,
la mía mugier complida
comme a la mía alma
yo tanto os quería...
            Cuando Mío Cid, el gran señor aventurero de aquellas centurias bárbaras, habla de esta suerte, poniendo a su mujer a la altura de su vida total, y rindiéndole públicamente ese homenaje de cordial veneración, hablaba por su boca España entera. Bárbaros y hoscos, ya doña Ximena era el eje de la vida de Díaz de Vivar. Y lo que en otras partes era galantería sexual dentro de las cuatro paredes de los misterios del hogar, en tierras de Castilla era consideración pública y derecho a ser eje en la vida del