Democracia Cristiana 37
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Democracia Cristiana 37
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España en llamas. La guerra social ha explotado en España, envolviéndola en una doble llamarada de llamas materiales y de odios. Es el siglo XlX que se hunde (27). 154. El sentido nacional   La SI 20/02/37 p. 1-5

154. El sentido nacional
            Uno de los aspectos más antipáticos de la actual guerra social española es el sentido -que Kipling llamaría “símico”- de la imitación. Ambos bandos hablan de España. Demasiado. Ambos bandos están locos por imitar lo que no es español, ni pega al carácter español.
a) Todos los días nos anuncian telegramas del “simiísmo” de los izquierdistas, ansiosos de copiar a Méjico y a Rusia. Van y vienen rusos estudiosos de Valencia a Barcelona, a Moscú y de Moscú a España. Van y vienen izquierdistas, para aprender allá los cánones stalinistas y realizarlos en España.
            No es que seamos de los que rechacen a ciegas todo lo de Méjico o de Rusia. Sabemos bien que en Rusia no hay comunismo desde hace muchos años, por mucho que hablen de ello gentes que no se enteran jamás; y que su régimen es mucho más capitalista que el de Alemania, Estados Unidos o Italia. Pero aún así, y admitiendo que las teorías sobre el jornal y sobre jornal ruso son precisamente las cristianas y que en el fondo habrán de hacerse universales, es absurdo ir a ver su funcionamiento en una raza eslava para implantarlas en tierra española.
            Y si esto se dice de medidas en el fondo aceptables, excusado es decir de aquellas que no lo son, como por ejemplo, la colectivización comarcal de tierras, que, aunque no tenga que ver nada con el comunismo, ha de ser un fracaso absoluto en razas individualista como la española.
            Una Comisión catalana ha llegado a Kiev, desde Barcelona, la cual ha declarado al desembarcar: “venimos decididos a estudiar en todos sus detalles el funcionamiento industrial en las grandes ciudades rusas, para implantarlo en las zonas industriales de nuestro país. Creemos que lo que está ya hecho no hay para qué experimentarlo de nuevo”.
            Los pueblos y las razas tienen sus características, y al pie de la letra subscribiríamos las ideas de Mussolini y Lenin sobre la materia: “Nuestro sistema -decía el Duce hace algunos años, en un discurso notable- no es extensible a otro país alguno. Es un sistema italiano, esencialmente, que marchará mal en otro país precisamente porque marcha bien en nuestro país. El fracaso de la llamada democracia es universal. Los remedios tendrán que ser distintos, cada pueblo creando el substituto de acuerdo con su tradición nacional”. Y el fundador del Comunismo ruso, al cual renunciaba en 1921, decía así a propósito  de ciertas acusaciones sobre trabajos rusos en el sentido de extender el sistema a otros países: “Nuestro bolchevismo es un medio ruso de organizar el país. No creemos que surtiese efecto en otros países. Una reforma social hondísima será necesaria, si no se quiere que el proletario elimine violentamente a la minoría social usufructuadora. Pero una cosa es eliminar un Capitalismo abusador, y otra substituirlo”. Como se ve, coincidían en el fondo Mussolini y Lenin. Y sus teorías nada tienen de nuevo, y precisamente son fundamentales porque son muy viejas. Cada modalidad nacional y racial exige su manera especial de organización.
            De ahí el “simiísmo” de esos izquierdistas españoles, que van a Rusia con papel de calco para recibir órdenes y copiar. Se equivocan de medio a medio. Y, además, no creemos estén autorizados, así haciendo, a hablar del alma española y de la manera de ser de los pueblos españoles. No creen en ello. Y van al Oriente, mendigando una limosna, que tampoco ha de servir.

            b) ¿No es un absurdo decir que las Derechas españolas siguen absolutamente el mismo camino, la antipática y absurda ruta del calco?
            En un discurso pronunciado en el castillo de Voegesang, el ministro alemán, Hans Frank, hablaba así: “Nada originario en esferas extranjeras puede convertirse en ley alemana”. Y Goebbels ha insistido continuamente en este concepto, que responde a la verdadera filosofía nacionalista, y aún mundialista: porque sólo puede darse un mundo correcto, cuando sus miembros estén correctamente