Democracia Cristiana 48
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Elecciones italianas La SI 24/04/48 p. 2-3
Cosas de Italia: ¿Palabras puras o régimen cristiano? La SI 29/05/48 p. 4

 Se han celebrado en estos días elecciones italianas, tan temidas por unos y por otros. Vamos a hablar de ellas otro día (a), cuando tengamos cifras y podamos raciocinar a base de ellas, y de los hechos que se han acumulado a su alrededor.
Hoy día hemos de notar solo una cosa y con ello echar un cubo de agua fría sobre la hoguera de entusiasmos, más o menos simulados, de gente que trata sus problemas a base de la periferia de las cosas.
Hemos hecho notar varias veces el cambio de las cosas a través de los conceptos, sin que los interesados, a pesar de ser cosa evidente, se den por convencidos.
Años atrás –solo diez años atrás- se llamaban derechas a los conservadores y liberales y otras floras semejas. Y se llamaban izquierdas a los que abrigaban ideas sociales avanzadas, y que por ser así las gentes les llaman socialistas. Por ejemplo, a la política social de la democracia cristiana todo el mundo la llamaba “socialismo”, aunque, para no confundir, la palabra no fuese querida por los interesados.
Viene la guerra. Y los que eran izquierdas radicales, pasan, no ya a mayoría, sino a una verdadera unanimidad. ¿Dónde están aquellas derechas? Aquellas... No ha triunfado en Italia un solo liberal, un solo conservador, un solo radical. Y esos nombres han pasado al Museo de Cosas de Antaño, que ya no sirven ni siquiera  para que sean ni recordadas. No quiere el votante nada con ellos. Y si no fuese por media docena de fósiles que los gusanos se tragarán poco a poco -Nicola, Nitti, Sforza- ni siquiera reconoceríamos esos vocablos de un ayer fenecido.
De modo que han triunfado las que eran llamadas Izquierdas. Ellas serán necesarias o serán dañinas. Pero el hecho objetivo es que no salen más que Izquierdas.
El centro de gravedad se ha desplazado. Un siglo atrás, eran izquierdas esos tragacuras que se llamaban liberales. Pasaron cincuenta años, y esos mismos pasaron a derechas. Han pasado otros cincuenta años más, y han desaparecido de la línea objetiva, con solo izquierdas triunfantes. Pero el bendito hombre –animal de costumbres- llama ahora derechas a los que eran extrema izquierda, y llama izquierda a los comunistas...
Esto nos aclara si han triunfado ahora en Italia, socialmente hablando, las derechas o las izquierdas.
b) La lucha se había entablado entre los llamados demócrata-cristianos y los comunistas. Los que van contra las ideas liberales en nombre de la moral y de la sociedad, y los que van contra ellas en nombre del garrote, de la hoz y de la horca.
Se trata de un Izquierdismo tan avanzado, que ya no se puede avanzar más.
Pero es entendido que unas elecciones, para que sean valederas y puedan ser consideradas como representación del sentir popular, han de ser equilibradas. Y desde el momento, todo acto de compra de votos ha de ser suprimido. Así lo han hecho todas las legislaciones, perteneciendo a los tiempos prehistóricos las costumbres que daban vueltas alrededor del cohecho y de “tanto te daré si me votas”.
En las elecciones italianas, para sentir el verdadero querer del pueblo, había de obrarse de esta manera: que el fiel de la balanza fuese la razón, o la voluntad colectiva, y no el bolsillo. Y menos había de ser el bolsillo, tratándose de quienes dicen buscar derechamente la voluntad pura y no el estómago.
Había de ser suprimida, desde luego, la oferta materialista yanqui de poner a los italianos en actitud de hambre y luego prometer satisfacerlo en cuentagotas si venden su conciencia e inclinan la balanza del lado de este cohecho colectivo
Está bien en Estados Unidos que así se haga. Es un pueblo estrictamente materializado, pragmatista y –de raza les viene ese manchesterismo- que no entienden otro lenguaje. En la tierra de la estatua de la libertad, nada nos dice que de una cosa lo más que puede decirse es “cuánto vale”. No así en Italia, ni, en general, en la raza latina.