La educación económica.
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Juan Bardina Castará (1877-1950) y la educación económica propugnada en Chile

1. Introducción

            A inicios de este año acabo de concluir un trabajo intitulado “Juan Bardina Castará (1877-1950). Su ideario económico. Antología sobre la educación económica”. La Antología, segunda parte de ese trabajo, incluyó a mi parecer sus textos más destacados y significativos escritos en Chile sobre la educación económica. El contenido de ese volumen tuvo en vista  completar el conocimiento de la persona y obra de Bardina en nuestra patria, de sumo interesante y atractiva a mi respecto, en cuanto fue un hombre que a lo largo de su vida acá, como en su patria de origen (España, Cataluña), se ocupó persistentemente de una de la notas definitorias del hombre: su ser educable -en sus reflexiones engarzada siempre con las restantes notas humanas- igualmente atrayente para mí.
            No lo conocí personalmente. Sin embargo, estuve cerca de conocerlo de cuerpo presente. Era algo bastante posible ya que nuestras residencias distaban no más de cinco kilómetros, cooperando a ello además dos circunstancias. Primera, porque un pariente muy próximo, hermano de mi madre (1), trabajó estrechamente con él, lo que fue raíz entrambos de una larga y entrañable amistad. Más esa contigüidad -siendo yo adolescente- no tuvo trascendencia. Escolar entonces, lo ignoré. Segunda, porque salido de la secundaria y antes de ingresar a Pedagogía,  estudié algunos años Derecho. No en la misma sede universitaria donde Bardina enseñaba, más a la cual sin embargo debí concurrir a rendir exámenes anualmente, tal vez por él en su asignatura. Pero, abandoné la Carrera antes de adentrarme en los contenidos de su docencia. Joven entonces, también lo ignoré. Los estudios de Derecho me acercaron a él, no llevándome a su presencia.  Al cabo de ese período falleció, mantenida siempre la distancia, no amenguada por las cercanías antedichas.
            Tampoco conocí su obra en vida. Convertido tempranamente en asiduo lector de diarios y revistas, tuve ocasión de tener en mis manos ejemplares de los periódicos cuyas columnas vertieron sus crónicas poco más de treinta años en Chile. Más, no ocurrió así. Sus escritos -al alcance del público principalmente por intermedio de dos revistas: La Semana Internacional y Mundo Español- me fueron extraños y ajenos en mis años de estudiante.
            Mi conocimiento suyo se produjo a través del pariente –tío- mencionado arriba, de a poco, a cuenta gotas, a propósito de evocaciones hechas de vez en cuando, aunque mayormente, a medida que pasaban los años tras su muerte. En esas ocasiones, de una parte, me hacía notar  que había tenido la oportunidad por más de un trienio de alternar con un hombre dotado de cualidades excelsas, cuyo aporte al marco político, social y económico chileno merecía  registrarse atendido el ideario que desplegaba en el análisis y crítica de esos aspectos, y, de la otra, al aprovechamiento y mejora que esa reflexión pudiera deparar al conocimiento y ejercicio de la ciudadanía. Y me sugería asumir la iniciativa de esa empresa, desistiéndome yo con porfía por parecerme alejada a mis intereses, y, más allá de mis fuerzas.
            A comienzo de los 90, sin embargo, se me presentó la ocasión de interiorizarme en su vida y obra. Tres años antes, se había cumplido el centenario de su nacimiento, lo que dio motivo a un grupo de cuatro catedráticos (2) de la Universidad de Barcelona de evocarlo y de hacer partícipe al lector hispano de la obra extraordinaria de Bardina -a inicios del siglo XX en la capital catalana- en el ámbito de la educación. La investigación realizada por esos catedráticos se intituló “Joan Bardina Castará. Un revolucionario de la pedagogía catalana” y fue publicada por la Universidad en 1980. Un profesor de la PUCV (3), compañero de trabajo y amigo del suscrito, estando en la península en afán de perfeccionamiento, tuvo oportunidad de contactarse con esos catedráticos y de enterarse de su estudio, que culminaba con el alejamiento de Bardina de España (mayo 1917) y su venida a América, a Bolivia, hasta Diciembre, rematando al cabo de pocos días definitivamente en Chile, donde residió desde fines de 1917 hasta su muerte en 1950. En aquel libro, esos investigadores se hicieron la pregunta sobre cuál había sido el destino de Bardina acá y, puestos allá en relación con el antedicho profesor, le solicitaron se encargara de proseguir el trabajo en nuestro país. Ese encargo fue ratificado