Espacio Vital 25-29
Índice del Artículo
Espacio Vital 25-29
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7

ll Parte: El Espacio Vital ante la Ciencia. O, ante el Derecho 25 El Espacio Vital explica el “Caso Judío” 26 La Cultura, fruto del Espacio Vital 27 La falta de Espacio Vital inclina a la guerra y a la crueldad.  Y de esa crueldad surge la luz, la justicia y la moral colectiva 28 Un paréntesis regocijado: uno que quiere hacernos comer la luz, la justicia y la moral colectiva 29 Toda “nación” tiene derecho a “su” Espacio Vital La SI 09/03/40 p. 14

25 El Espacio Vital explica el “Caso Judío”  (ver tb. nº 45)

            Antes de continuar, queremos poner de relieve los peligros a que lleva la conculcación del Espacio Vital con un hecho que en estos tiempos es de actualidad extraordinaria: el Caso Judío
            Los Judíos han sido implacablemente atacados y perseguidos. Bastaría el libro de Henry Ford y la política alemana respecto de ellos para ver a qué grado ha llegado el ataque, reproduciéndose todas las persecuciones de la Edad Media. Y no puede explicarse el caso con frases vacías sobre “la salvajería del Gobierno alemán” y otras semejantes
            Ciertamente que no negaremos que la vida económica, las costumbres sociales y acaparaciones de los judíos han dado lugar a estas persecuciones, y que se ha llegado al caso de necesitarse una defensa de acción extrema. Pero todo esto quedaría localizado en la zona de los programas organizados en la envidia popular, o bien las costumbres de los reyes medievales de acaparar sin más ni más la riqueza hebrea, si no es enfocado este hecho, sin mixtificaciones por ningún lado, ante la historia y la observación filosófica.
            Pesa sobre la raza hebrea una maldición que, desde viejos días, ha convertido a la raza en núcleo errante, o para mejor hablar, en infinidad de grupos errantes sobre la superficie de la tierra. Esto ha condenado a este pueblo a carecer de Espacio Vital nacional, colocándolo –religiosamente hablando es la médula del castigo- en condiciones absolutamente antinaturales. Nación sin suelo, son la sangre y la religión lo que los une, y a veces no la religión, sino solamente la sangre, como en los conversos de todos los tiempos de la historia. Nación, por lo mismo, distribuida a su placer –a su dolor- por todos los países de la tierra, con escasas excepciones.
            Esa anormalidad es única. Ha habido naciones a las cuales una invasión ha dejado sin la posesión de su tierra, pero sin echarlos de la materialidad de una tierra única. Ha habido naciones que han sido hostilizadas en su propia tierra, y buena parte de su gente –los irlandeses- han tenido que emigrar. Hay naciones que, como los asirios hace seis o siete años, han sido trasladadas en masa de un suelo a otro suelo. Pero el caso de los judíos es único en la historia: la nación conservándose viva y dinámica, pero desparramada por todas las zonas de la tierra, embebida e infiltrada en los tejidos vivos de los demás pueblos.
            Ahora bien: a esta falta de espacio vital colectivo, se ha añadido la falta de espacio vital de hogar. Sabido es que, en casi todos los países –y durante más de quince siglos en todos- los hebreos no podían adquirir tierras, ni directa ni indirectamente. Vivían en las ciudades, en barrios apartados de ellas, encintados por una doble muralla: la material de la vigilancia policíaca y la moral del odio de los cristianos.
            Estos hechos producían otros que, hijos de la anormalidad, habían de ser también anormales. Y hemos de notar esto como consecuencias funestísimas de una nación a la que, por una u otra razón, se la ha privado de su Espacio Vital:
            1º Echados de la tierra y del suelo, se dedican, desde los más antiguos tiempos, al comercio. Solo unos pocos oficios les son caros, como ser la orfebrería y las piedras preciosas, donde las ganancias son fuertes. La inmensa mayoría se dan al trabajo mercantil. Les incita a ello, también, el tener hermanos en todos los demás países, y ser fáciles para ellos, por lo mismo, las comunicaciones. De ahí su tradición de mercaderes, , hacendistas y banqueros. En los días de Colón –seguramente judío- falta dinero y la Reina Isabel (aparte la fábula de querer vender sus joyas) acude a su marido el Rey catalán, Fernando. Este llama a su Ministro de Finanzas, que era un hebreo. De ahí sale el dinero para la realización de la magna empresa: un préstamo, negociado por un judío. No había país en cuyo ministerio de finanzas no hubiese un hebreo. Hoy el Ministro de Hacienda de Gran Bretaña  y Estados Unidos son judíos.
            2º Se atribuye a los hebreos el acaparamiento. Indefectiblemente había de producirse por varias cosas, principalmente tres: su habilidad, hija de la costumbre, en manejar negocios y el hecho de que, entre judíos y