Espacio Vital 85-89
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Espacio Vital 85-89
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lll Parte: El Espacio Vital y la actual guerra. 85 El mundo, antes y ahora, no tolera que unos países acaparen las cosas de la tierra La SI 22/06/40  p. 16
lll Parte: El Espacio Vital y la actual guerra. 85 El mundo, antes y ahora, no tolera que unos países acaparen las cosas de la tierra (continuación). 86 Necesidad de un ecuánime reparto mundial. 87 La pérdida de parte del Imperio colonial no afectará en lo más mínimo a los pueblos francés y británico, sino a una minoría especuladora. 88 Posibilidad de llegar prácticamente a una écua repartición de los bienes de la tierra La SI 29/06/40 p. 14
lll Parte: El Espacio Vital y la actual guerra. 88 Posibilidad de llegar prácticamente a una écua repartición de los bienes de la tierra  (continuación). 89 La “pequeña Inglaterra” de Lincoln La SI 06/07/40  p. 9

85 El mundo, antes y ahora, no tolera que unos países acaparen las cosas de la tierra

            ¿Quién posee actualmente las materias primas esenciales para la vida civilizada de las naciones? He ahí un pequeño grabado (no copiado), al cual seguirán otras cifras, aunque breves: porque es un asunto que nadie discute. Este día, hablando por radio un tonto que los aliados han tenido la mala mano de colocar en un alto lugar de propaganda oficial, soltaba estas tonteras, que lo eran a pesar de ser verdades (una verdad positiva puede ser un gran error diplomático y estratégico):
            - Tenemos los aliados las fuentes de todas las materias primas que necesita Italia. De entrar ésta en la guerra, se las quitaremos.
            Se ve, pues, que no es ésta una verdad que tenga que ser puesta a prueba. Todos convienen en ella. No son alemanes, italianos, españoles, yugoslavos, rumanos, polacos, etc. etc. los que afirman que los aliados tienen en sus manos todos los productos del mundo. Son éstos los que lo afirman día a día, con un sonsonete que ha de convertirles en enemigos a sus más firmes amigos. Podríamos, por lo tanto, excusarnos de dedicar una línea más a este capítulo.
            Pero añadámosle las cifras prometidas. El adjunto grabado (ocupa un octavo de página: no lo reproduzco) nos muestra unos veinte productos, todos ellos básicos para la vida moderna, de los cuales el Imperio británico acapara, según cifras que saco de la revista más seria que se publica en Gran Bretaña para la información extranjera, una proporción desproporcionada.
            Si juntamos los habitantes de Gran Bretaña a los de sus Dominiones, únicos que están ubicados dentro de la zona que los mismos británicos llaman civilizada, obtenemos el total de unos 90 millones de almas. Paralelamente, la población civilizada restante asciende a unos 860 millones de habitantes. Por tanto, la población imperial británica civilizada alcanza algo menos del 10% del total. Y ésta debería ser la cifra que le correspondería más o menos, de los productos primarios mundiales. Réstese ese 10% legítimo del porcentaje acusado en la información anterior, y se comprenderá cómo los demás países no han de tolerar a la larga esta desproporción. Como no toleraba Gran Bretaña al Imperio español la desproporción de oro y comercio que se atribuía en los siglos de oro de España.
            Remontémonos un siglo atrás y veamos los esfuerzos que realizó Gran Bretaña para independizarse del caucho brasileño, del algodón norteamericano y del petróleo también norteamericano. Y como Estados Unidos lucha para liberarse de la hegemonía inglesa acerca del telar mecánico.


                     a) Caucho. Brasil acaparaba esta planta. Los que ansíen leer la novela más extraordinaria en que intervienen gobernantes movidos por una minoría especuladora, pueden hundirse en la historia, empedrada de los más pintorescos episodios, del caucho brasileño especialmente en cuanto realizaron los gobiernos del Brasil  para no dejar que nadie sacara la semilla del árbol de la goma, lo cual haría perder a ese país americano la hegemonía sobre un producto que cada día resultaba más necesario.
            Había pena de muerte para cualquiera, nacional o extranjero, que llevase una sola semilla de caucho sobre sí. Y una policía especial vigilaba atentamente, no solo todo lo largo –y lo enormemente ancho- del Amazonas, sino también todas las costas brasileras, llegándose a los más absurdos extremos. Murieron muchos por haberse atrevido a sacar algunas semillas. Centenares sufrieron tormento por la misma causa. Una organización de espionaje velaba constantemente sobre la selva, para reducir a la impotencia a los extranjeros que querían sembrar el famoso árbol en sus países.
            Pero no cejaban los extranjeros. Especialmente Gran Bretaña, realizaba innumerables esfuerzos durante más de treinta años. Los gobiernos de Londres intervenían directamente en el asunto. El “Intelligence Service” dedicaba a ello sus mejores hombres, llegando a fletar buques,