Espacio Vital 95-99
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Espacio Vital 95-99
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lll Parte: El Espacio Vital y la actual guerra. 95 Restablecimiento de la neutralidad La SI 13/07/40 p. 12
lll Parte: El Espacio Vital y la actual guerra. 95 Restablecimiento de la neutralidad  (continuación). 96 Los Mandatos de la Sociedad de Naciones. 97 Un error del Führer. 98 Pretendida antítesis entre Nacionalismo e Internacionalismo. 99 Cuatro zonas del Espacio Vital La SI 20/07/40 p. 14

95 Restablecimiento de la neutralidad

            Esta guerra ha de traer igualmente una modificación real  al concepto de neutrales, reivindicando para lo legal una exacta correspondencia en los hechos internacionales.
            “The Times” en uno de sus números de últimos de Junio, volviendo sobre una tesis –vieja ya en los estadistas británicos- arrambla de frente contra el concepto mismo de Neutral y afirma, que en adelante, el Derecho Internacional no habrá de contemplar esta posición independiente en caso de guerra  (continuará).

lll Parte: El Espacio Vital y la actual guerra
La SI 20/07/40 p. 14

95 Restablecimiento de la neutralidad  (continuación)

            Esta tesis choca ya a primera vista.  Porque ¿qué deber ha de tener el pueblo A, si los pueblos B y C deciden romperse mutuamente las costillas? Es sencillamente absurdo pensar que las peleas entre dos pueden obligar a terceros a meterse en ellas. Concepto que solo podía acudir a políticos que, a causa de sus propios errores, se hallan con el agua al cuello agarrándose el hierro candente de los más raros contrasentidos y buscando que los demás les saquen las castañas del fuego.
            El Derecho Internacional –No, el Buen Sentido- justifica la neutralidad no aceptando que, porque a un cuerdo o a un loco le acude hacer guerra, yo tenga que seguirlo en sus aventuras. El concepto de neutralidad es el bastión más firme de la soberanía de una nación, la cual no puede aceptar que sean los extranjeros los que decidan que un país entre o deje de entrar en una guerra. Donoso concepto de Democracia, ese de la Antineutralidad, que solo podía acudir a los imperialistas.
            Más, en la práctica de esta guerra, desde el primer día la prensa censurada y los Gobiernos aliados han agitado la idea de que neutrales son indeseables, debiendo todos alistarse al bando bélico de una de las partes beligerantes. Un ministro británico llegaba a decir que “quien no está conmigo está contra mí”, parodiando irreverentemente textos bíblicos y rechazando de plano, no solo el ideal de neutralidad, sino el de que los pueblos puedan decidir de sí mismos en el hecho más grave que puede afectarles: la paz o la guerra.
            Ciertamente que no concebiría un tal dislate cualquiera dotado de buen sentido. Ni el más torpe aceptaría esa intromisión por parte ajena en la soberanía propia.
            Los fines que con ello se buscan saltan a la vista. Gran Bretaña, de haberse tenido que alistarse todos en uno de los bandos beligerantes, lograría sostener la guerra en suelo ajeno, y, además, que fuesen los vecinos los que se sacrificasen por ella: sus hombres, sus campos, sus recursos.
            Para eliminar a los neutrales, las potencias que fueron aliadas apelaban a mil medios ilegales. Por ejemplo, el negarles las materias primas necesarias para sus industrias: “Los vecinos de Alemania tienen que darse cuenta de que no podemos poner a su disposición los productos del Imperio si no rompen con Alemania”. Declaración oficial, que prescinde de toda ley internacional acerca de aliados y beligerantes.
            De ahí que, si en el papel ha habido neutrales, en la realidad algunos pueblos poderosos, que aspiran a la hegemonía mundial, no los aceptan. Aspiran a convertir en Protectorados y sacrificados a la inmensa mayoría de pueblos que nada tiene que ver con querellas de beligerantes.
            Esta guerra ha de hacer que el concepto de neutral sea real y verdaderamente algo vivo. Y que aquellos pueblos que no desean entrar en una guerra, no solo estén seguros de poder