Inglaterra 46 04 05
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Inglaterra 46 04 05
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Se desmorona la India “inglesa” La SI 13/04/46 p. 1-3
Los hijos de Tom tienen hambre La SI 20/04/46 p. 1-3
El problema del Sudán. El pleito del Sudán La SI 04/05/46 p. 3-4
Churchill tira una soga al náufrago laborista. Churchill rezonga. La SI 31/05/46 p. 4

 

Se desmorona la India “inglesa” La SI 13/04/46 p. 1-3  

          a) Hay cosas que suscitan músicas secretas. Esa música que, sin ser oída de nadie fuera de mi yo, es, en cambio, cosa que resuena ampliamente en nuestro corazón.
            Un filósofo griego de cuyo nombre no me acuerdo, resumió todo, lo creado y lo increado, en pura música. Y uno de sus discípulos, que sería seguramente Pitágoras, solía decir que todo era música y que lo eran, incluso, las matemáticas y los números.
            No creo que se equivocara. Cierto que hay hombres que nunca oirán la música secreta de las cosas. Porque, para oír música, no basta que haya música. Es necesario que uno no sea sordo. Y hay por los caminos de ese pícaro mundo más sordos que despiertos de orejas.
            ¿Quién no ha leído algo sobre la música del cielo estrellado? El nombrado matemático Pitágoras tiene trozos fantásticos a este objeto. Fray Luis de León –un poeta tan puro como sublime- en su Oda a Salinas, ha puesto en forma lírica la música de las constelaciones. Y ¡con qué hondura y con qué gracia! Y un gran poeta catalán –Verdaguer- ha marcado en compás de heptasílabos dísticos la música de las horas, cuando, cada noche, la lira eterna de la naturaleza nos canta en el pentagrama estrellado con aquella grandiosa orquesta sideral bajo cuyo manto de luz la pobre humanidad desarrolla sus ensangrentadas tragedias.
            No son solo las estrellas las que suscitan en nuestras almas músicas extraordinarias. El corazón es un arpa pluricorde, que nos arrulla muchas veces al compás de los más puros sentimientos. ¡Qué lindos lieds nos susurran en el corazón , cuando el amor de una criatura se ha adentrado en el alma! ¡Qué variación de temas suaves y arrulladores se desarrollan tiernamente! Y no se nos diga que hablamos en metáforas y similitudes. Hay entonces música auténtica en nuestras entrañas, y es por esto que los pueblos en su infancia,  y los individuos también, se desbordan muchas veces en música vocal, que les emana de un interior rebosante de melodías.
            Pero, no todo es suavidad y gracia en ese pícaro mundo. Y hay nombres, y hay sucesos, que despiertan en nuestra alma sones de trompa y grandiosos compases épicos, muchas veces trágicos. Tal es el nombre de India.
            Las cosas desfilan música distinta, pero las destilan más todavía los sucesos.
            Cuando Virgilio, en largas horas de vigilia histórica, no9s cuenta poéticamente la génesis de Roma, sucédense en su alma, por vías de las guerras y acontecimientos de la Ciudad madre sones de guerra, tantas veces épicas cantadas. Más, cuando el genial poeta, saliendo los fines de semana de la Roma augústea, enfilaba el pastoral macizo de Albano, con sus parrones brindadores, sus blancas cabras monteses y sus pastores de corazón radiante como las estrellas, entonces no podía el gran poeta trazar un solo exámetro de su Eneida. Apuntaban en su pecho músicas sentimentales, y fue allí donde, con seguridad, eran trazadas esas dulces músicas que son los versos de las Geórgicas.
            Así, el mundo actual, que, además de cosa, es suceso ¿qué músicas placenteras puede despertar en nuestro corazón ¿Qué suaves músicas, sobre todo, si la palabra despertadora se lee así: India?
            Gran Bretaña ha tenido la mala suerte de no saber despertar en los sucesos en que ha intervenido, músicas placenteras. Recordemos esa música terrorífica anglo-irlandesa, tan llena de sevicia, aplastando un pueblo a otro con tan rimada e integral parsimonia. Recordemos los millones de víctimas que eso significa durante siglos largos, machacando un pueblo como se puede machacar carne de machas. Formarían río las lágrimas derramadas, y montañas las víctimas ensangrentadas.
            La India es uno y lo mismo que Irlanda, aunque aumentados los sones trágicos por la grandiosidad de aquel país gigantesco. Tan gigantesco y tan rico.
            En psicología amorosa es un adagio aquello de ¡Ay, de aquella que ha nacido hermosa! Suéltanse los abejorros del vicio a su alrededor con toda suerte de halagos, y no falta entre ellos una turba de mansos corderitos que, con sus ojos de vaca degollada, acaban de meter en mil apuros selectivo a la belleza de marras.
            En los pueblos pasa exactamente lo mismo. Si la fealdad es la defensa más efectiva de una doncella, la pobreza lo es de un país secundario. Porque él es rico ¡Ay del pueblo que se muestra rico! Próxima víctima propiciatoria de los poderosos.