Inglaterra 47 01 02
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Inglaterra 47 01 02
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Inglaterra habla de reforma agraria La SI 04/01/47 p. 1-3
El rey va a Sud África. La real caravana La SI 08/02/47 p. 3-4
Carbón inglés La SI 22/02/47 p. 1-4

Inglaterra habla de reforma agraria
La SI 04/01/47 p. 1-3

a) El Gobierno inglés ha entrado ¡por fin! a un ciclo de reformas. Un ciclo de reformas conformes con la ideología que durante décadas habían predicado.
 Interesa al mundo –y sobre todo a los británicos, conocer a por b la índole de esas reformas. Pero interesa más otro aspecto del problema, que vamos a explanar brevemente.
 Hay una máxima política que viene a decir, en pocas palabras, que se tenga en cuenta si se gobierna o si se está en la oposición. “Ayer criticaba, hoy gobierno”. Así dice un adagio político y parece que el mundo es lo suficiente inmoral y torpe para aceptar ese cambio de conducta.
 Los gobiernos hacen, gobiernan. La oposición juzga lo que el gobierno hace, alabándolo, o criticándolo en mal sentido. Si es esto último, la oposición explica cómo debería hacerse, es decir, lo que ella haría en siendo gobierno. Así el pueblo sabe a qué atenerse. Y, si no está conforme con la política gubernamental, sabe lo que haría la oposición y la elige en su día, para que substituya al gobierno mal gobernante.
 Es lo que pasó en Gran Bretaña. Ese Churchill tan alabado por la siutiquería internacional, ha sido para los ingleses el enterrador de su Imperio, botando a la basura la llave de su Imperio económico. El pueblo lo odia. Muestra de lo cual fueron las elecciones generales que, en plena discusión internacional, el electorado lo botaba al ostracismo de la oposición, siguiendo criticándolo todavía.
 En su lugar era elegidos los laboristas.
 (Antes de la guerra, se hicieron aquí varias profecías –así las llama la gente, cuando no son más que deducciones lógicas de los hechos. Una de ellas, fundada en un discurso notable de un político inglés, aquí muy alabado, era de esta laya: que si tenía lugar una segunda guerra mundial, el pueblo inglés se revolucionaría contra la burguesía inglesa, causa de la guerra, barriéndola inmisericordemente del escenario político. Es decir, que, mediante la guerra, el rico inglés se degollaría a sí mismo.
 Así ha pasado...aunque el pequeño cerebro del “sabio” Churchill no lo entiende todavía. Pero entiende ese “hecho” el hombre de la calle).
 Ahora bien, e hincando el diente de la discusión  en ese hecho: ¿para qué el electorado inglés elegía a los laboristas, echando a la basura a Churchill y a los suyos? El más redondo de cabeza sabrá contestar paladinamente: para que los laboristas aplicasen su programa; es decir, para encarar en la gobernación lo que venían predicando durante varias décadas.
 ¿Podría ser lo contrario? ¿No son los programas para ser aplicados?  ¿O serán para engatuzar al elector, dando gato por liebre y tomándole el pelo electoral?
 De ahí la inmoralidad de la máxima: “Antes era opositor; Ahora soy gobierno”. Es decir: ayer hablaba sin ton ni son, mientras ahora tengo la responsabilidad del gobierno ... y hago lo contrario de lo que antes decía.
 Ante esa blasfemia y esa Simulación, un dilema yergue sus dos cuernos aplastadores. O bien predicaban sin saber que no era factible lo que ellos decían que harían, y eran políticos unos ignorantes, indignos de una alcaldía, cuanto más de la gobernación nacional; o bien sabían que lo que predicaban no podrían realizarlo, en cuyo caso, peor que el anterior, eran unos farsantes.
 Así comenzaban los laboristas ingleses. ¿Quién sabía que, en vez de Churchill, gobernaban los laboristas? Nadie. Tal como gobernaban ellos, habría gobernado ese superhombre antidemocrático que es Mr. Churchill. Y entonces ¿para qué cambiar de gobierno? Así decían todos los que tenían un dedo de frente. Así decíamos nosotros continuamente en estas columnas. No nos importaba que hiciesen esto o lo otro, y no era cuestión (que tocaba a los ingleses) alabar o criticar los respectivos programas. Pero no es cuestión inglesa, sino de lógica universal y elemental, obligar a cada uno a hacer según lo que antes predicaba, y que había sido la causa de su elección.
 Los laboristas vivían en un cómodo “dolce far niente” a este respecto. En la cuestión internacional, exactamente igual que Mr. Churchill. En los problemas nacionales, exactamente igual que Churchill... ¿Para qué los habían cambiado, si eran los mismos perros con distintos collares?

 b) No en vano uno sofistica su gobierno y no sabe responder a lo que las masas quieren, bueno o malo, pero lo quieren. Attlee, jefe laborista más conservador que los mismos conservadores; Bevin, más