Francia 40 07

14 de Julio: La Francia se busca a sí misma  La SI 13/07/40 p. 6-7
Francia retorna sabiamente a su división natural La SI 27/07/40 p. 9

 (A esta  crónica la acompaña – en la pág. 7, en dos columnas- bajo el título “En el vestíbulo de la nueva Francia”, un documento presentado ante la Asamblea Constituyente de Francia, por Pedro Laval, en nombre del Mariscal Petain, con ideas similares a las expuestas por JBC en aquella: ante la derrota, necesidad de sacar lección; voluntad de cambio y de adecuación a la propia identidad; de reconstrucción del país en el orden religioso, educacional, político, social etc.).

            14 de Julio preñado de nubes. Tragedia acumulándose sobre tragedia durante días y semanas y meses. Caído el ejército glorioso que parecía había quedado para siempre como el primero de la tierra ...
            Francia es una dolorosa ...
            Tiempos esquivos, en los cuales sería indelicado repetir a la Francia vencida el desesperante: “ya te lo había dicho”. Pero no sería en vano ayudar a pensar, como lo hace en estas mismas horas lo mejor de su Parlamento, y, a su cabeza, ese glorioso octogenario que un día cabalgara sobre las ancas brillantes de la victoria, y hoy el destino lo ha llevado a la cabecera misma de la gran tragedia.
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            No es mucho decir si afirmamos –aunque hay tantos que no lo han comprendido todavía- que el Renacimiento, si fue partida de nobles cosas para la ciencia y el espíritu, representa en política y en sociología, la desviación más trágica en la marcha del mundo occidental. El Renacimiento representa para las naciones, por encima de todo, la muerte de la Democracia, encarnada en los parlamentos de fuerzas vivas medievales, y la instauración, no solo del despotismo, sino del más descalificado de los despotismos: el de la tropa cortesana.
            Cosa notable el de las singulares historias que nos meten en las escuelas dentro del buche espiritual, en las cuales, en nombre de la democracia, se nos hace el elogio de un hecho –el Renacimiento- que significaba, no solo la caída de la democracia, sino precisamente substituidas por una caterva de reyes incapaces y de Ministros más incapaces todavía.
            Francia perdía con el Renacimiento, a cambio de algunas ventajas, su propia esencia. Especialmente en cuanto a su vida política, tanto interna como externa.
            Internamente, tomaban el poder, que habían ejercido más bien que mal los Estados Generales, las camarillas torpes de reyes torpes, que torcían en provecho propio la ruta nacional. Algunos franceses han puesto en las nubes los días del rey Sol, cuando éste -perfecta medianía en todo, menos en vicios- se atribuía poderes divinos y proclamaba que el Estado era él en persona. Antes le habían precedido las cortes de la Regencia, las riendas del Estado en manos de demimundanas  y mundanas sin demi. Las arcas públicas en manos de Ministros ignaros y ladrones. Y la Francia dirigida en totalidad por amorosas amigas de los reyes y amorosos amigos de las reinas, que tenían convertidos el Louvre y Versalles en una pocilga embadurnada de coloretes.
            Y la Francia eterna, la de san Luis y Enrique lV, tan distintos y ambos tan gallos y patriotas, desaparecía en manos de incapaces y perdidos, los altos intereses del país tratados y decididos en la negra Corte de los Venenos.
            Francia, durante quinientos años, había penosamente echado las bases de un parlamento popular. Borran hasta sus raíces esos reyes y sus cortesanos, instaurando el despotismo. Así torcían la vida interior. Entronizados cancilleres estilo Richelieu, que tenían una capacidad unilateral, y, por lo mismo, falseada, Francia sale de la sólida modestia alcanzada en los días de la Pucelle, y entra en las rutas torcidas de las ambiciones dinásticas, en eterna pelea con todos, cancilleres que ni franceses eran torciendo las rutas exteriores del país. Y Francia llega a los días de la Revolución, en que es necesario todo lo normal de los días anormales, especialmente el rebalsamiento de la plebe, para que se originen acontecimientos raros que puedan llevar a un país, por virtud de su misma gravedad, a la ruta perdida.
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Mapa 3 del 06 de Marzo de 1943

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