Palestina Israel 39
Índice del Artículo
Palestina Israel 39
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Árabes y judíos alrededor de la Mesa Redonda La SI 25/02/39 p. 2
Buenos vientos de Palestina La SI 04/03/39 p. 7
El Panarabismo avanza. El problema del Panarabismo La SI 03/06/39 p. 1-2
Declaración Balfour La SI 04/11/39 p. 6
Ideales y petróleo y otros excesos La SI 25/11/39 p. 1-5

Árabes y judíos alrededor de la Mesa Redonda
La SI 25/02/39 p. 2

            En los fastos de la caballería medieval –donde tan bellas cosas se cuentan de verdaderos caballeros- nos hablan por vez primera de la “Mesa Redonda”. El concepto ha evolucionado, ciertamente. Pero su substancia es la misma. Mesa Redonda quiere decir mano a mano, inteligencia leal, diferencias limadas, caballerosidad en todo, hablar sincero.
            Y, bien: los Caballeros de la Mesa Redonda fue cosa, al parecer, de invención bretona, o, si se quiere, británica.
            Desde entonces, los ingleses son muy amigos de las “Mesas Redondas”. Es raza ávida y egoísta. Pero con una circunstancia, que nobiliza su egoísmo: que sabe, en su hora, transar, dar la razón y acomodarse sabiamente a nuevas circunstancias.
            Un español tira de frente, aunque deba romperse el espinazo. A eso lo llaman valentía cuando no es más que bárbara tozudería. Un inglés se da a la razón. Llama al enemigo. Lo sienta frente a sí mismo, en la misma mesa de su propia casa. Le deja hablar. Le sirve un excelente almuerzo. Le trata de caballero. Y mesa redonda quiere decir precisamente esto: por un lado, todos iguales. Por otro lado, mesa sin ángulos, es decir, sin vidriosidades, esto es,  sin que el que es más o está en mejor posición haga valerla. Gente.
            Esta cualidad caballeresca le ha sido muy útil a Gran Bretaña. Ella le ha salvado, cuando menos, la mitad de lo que hubiera perdido. Cuando los Dominiones iban a exigir una amplia autonomía, Londres los llama; y, ante la estupefacción de ellos, les reconoce la independencia absoluta…
            Ahora Chamberlain ha montado otra vez la Mesa Redonda y ha llamado a ella ¿a los amigos? No. A los más cordiales enemigos. A los árabes y judíos. A los jefes más combatidos por ella de los árabes, y a los judíos que más la han criticado.
            Hemos tratado a estas través de estas crónicas, La Cuestión Palestina con extensión y desapasionadamente. Será cuestión de volver a ella ahora, ante esa Mesa Redonda que nos hace inclinar reverentes ante la comprensión británica de ese invento de Caballeros.

Buenos vientos de Palestina
La SI 04/03/39 p. 7

            Hemos insistido en varias ocasiones sobre la virtud, que poseen en alto grado los británicos, de saber adecuarse a las circunstancias, cediendo cuando éste es para ellos el mal menor. Y siempre nos ha parecido que en Palestina esa virtud británica tendrá, al fin, su aplicación.
            Era una excelente señal que Gran Bretaña  hubiese llamado a coloquiar alrededor de la Mesa Redonda, en Londres, a representantes de todos los países árabes racialmente hablando. En rigor pensando, poco tenían que hacer en una disputa entre judíos y palestinianos los representantes de Damasco, la Arabia, Transjordania, y otros países. Pero su asistencia, invitados por Gran Bretaña, denotaba en ésta el deseo de echar la balanza del lado de los hijos de Agar, por la presión internacional y racial de los países vecinos de la Palestina.
            Nos hablan los telegramas de una especie de Federación de pueblos arábigos, que formarían una unidad política, entre cuyos miembros la Palestina formaría. El problema, entonces, quedaría disuelto dentro de un problema mayor. Y los judíos formarían dentro de esa unidad arábiga una minoría que debería ser respetada a base de la Ley de Minorías raciales aceptada por la Sociedad de Naciones.