Palestina Israel 45
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Palestina Israel 45
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Así fue Adolfo Hitler (6) 44. El problema judío La SI 16/06/45 p. 3-4
Los árabes no aceptan la avidez aliada La SI 29/09/45 p. 7
Los árabes se irritan La SI 10/11/45 p. 5-6
Antisemitismo semita La SI 10/11/45 p. 7
Una pregunta  Pregunta novena  La SI 08/12/45 p. 7

Así fue Adolfo Hitler (6)
La SI 16/06/45 p. 3-4

44. El problema judío
 Ha hecho mucho mal a Hitler, el llamado Problema Judío; y es necesario igualmente aquí mostrar 1) con cuánta injusticia se ha hablado del Nazismo a este respecto; y 2) el error del hitlerismo de insistir en algo que no había de traer eficiencia favorable en la realidad.
 a) Si los ingleses y norteamericanos fuesen amigos de la raza hebrea, harían lo posible para dulcificar sus dolores; lo posible, también, para darles en sus países hospitalidad, ya individual, ya colectiva.
 Australia tiene la friolera de menos de medio habitante por kilómetro cuadrado. País racista, no ha dejado que entrase un solo nipón en su suelo desierto. País palabrero sobre los judíos, se ha negado siempre a entregar a esa raza medio millón de kilómetros cuadrados (les sobran a los australianos por lo menos seis millones de kilómetros) para que establecieran en ellos el Hogar Nacional.
 El hecho raro de que haya un país que mantiene sin cultivar el 90% de su suelo, mientras otros (por ejemplo, los judíos) son perseguidos y no tienen donde reclinar la cabeza, es de una intolerancia y de un Antijudaísmo inmoral e inhumano.
 Se ha propuesto en varias ocasiones que Australia se humanize, y dejase entrar en una zona de una extensión igual a Francia, por ejemplo, a los hebreos. ¡Australia no quiere judíos! Hace mil gestiones para que “los demás” los cobijen, y llama bárbaros a los que los desamparan. ¡Ellos no ceden a los hebreos ni una milla de su país, inculto, abandonado y atrasado!
 Sucede lo mismo en Estados Unidos, y hemos de repetir un hecho que se interesan por esconder los norteamericanos y sus sirvientes de otros países. El Presidente Roosevelt hablaba continuamente del deber de acoger a los judíos, y de la “barbarie alemana” por expulsarlos. En los mismos instantes, daba órdenes para que no se admitiera en Estados Unidos un solo judío. y cuando unos mil que iban a México pedían permiso para estar unos días en Estados Unidos, el Gobierno yanki se resistía a autorizar a que descendiesen del buque; les daba, al fin, unas pocas horas y los rodeaba de policía para que ni uno solo pudiese quedarse en Estados Unidos.
 A pesar de que -¡oh sabios de la geografía aliada- Estados Unidos es país despoblado, no tiene 6 habitantes por kilómetro cuadrado y anda a la cola del mundo en densidad de población. Sobra la tierra (Bélgica, 340 habitantes por kilómetro cuadrado), hay millones de kilómetros incultos; pero Estados Unidos no quiere judíos, a pesar de estar en el gobierno de Roosevelt cuatro judíos y descender de esta raza el mismo Presidente. No quiere judíos que trabajen  millonadas de hectáreas incultas.
 Estados Unidos habla de judíos. Quiere que los demás países los acojan. No quiere que ellos entren en su territorio.
 Los antinacistas no saben esto. Pero es bueno que lo sepan. Es ese hecho algo más substancial que todas las charlatanerías aliadas.
 b) ¿Por qué será que los ingleses y norteamericanos rechazan a los judíos, no tolerando que entren en sus tierras, magüer que deshabitadas? ¿Cómo se podrá contestar a esta pregunta? Pero hay una contestación al canto: posiblemente los nacistas no los querían en su tierra por esto mismo –esa x incógnita- por la cual tampoco los quieren ustedes...
 Sin embargo, vamos nosotros a levantarnos aquí (y lo hemos ya en dos ocasiones anteriores) por los fueros de la raza judía. Y veremos cómo.
 Desde luego,  vemos que hay en la realidad una distinción objetiva entre pueblo judío y minoría acaparadora judía; entre los que viven en los palacios, son dueños de los castillos, amos de la banca y señores de la prensa y las agencias, y, por otra parte, la doliente mayoría de judíos que pueblan los ghetos, vegetando –que no viviendo- en una infinita miseria moral, y, en gran parte, económica.
 Un país ¿podría oponerse a la convivencia con esa mayoría judía, a causa de una higiene deficiente, o de un sentido moral inaceptable, de un patriotismo dudoso, siempre la sangre de antaño