Palestina Israel 47 03
Índice del Artículo
Palestina Israel 47 03
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Página 11

Mr. Churchill hace como que se enoja. Mr. Churchill ha perdido la memoria  La SI 08/03/47 p. 1-3
¿Grecia y Palestina en el Imperio norteamericano? EE.UU en el Mediterráno La SI 15/03/47 p. 1-3

 

Mr. Churchill hace como que se enoja. Mr. Churchill ha perdido la memoria
La SI 08/03/47 p. 1-3

 Mr. Churchill es carácter esencialmente negativo. Desde que se ha metido en política –y es desde su juventud-siempre fue para su partido rémora contradictoria. El quería ser algo. No lo dejaban sus correligionarios. Y, en consecuencia, enredaba las cosas. es vengativo.
 Los jóvenes lo conocen por la última guerra hace ya 50 años que era político puesto a lo negativo, jamás se le vio defender una causa de amor. El odia. Y no consiguiendo ser algo en su partido, constantemente metía bulla entre los de su misma agrupación.
 Por odia, Mr. Churchill no ha obtenido cargos más que cuando se ha tratado de odiar, de matar, de hacer la contra, que es en el período de las dos guerras mundiales. Cuando ha querido organizar algo positivo y no enredar, ha fracasado.
 Su intervención en la última guerra obedece a ese su carácter. Entre la minoría conservadora se le conoce. Y, así como jamás le han ofrecido un cargo en días de paz, por esto mismo se lo han ofrecido en tiempos de guerra.
 La última guerra, cuya propaganda por parte inglesa se debe a él mismo, ha presentado a Churchill como un monstruo de habilidad y de poder. Esto lo sabemos, porque él mismo lo decía al mundo: la pléyade de noticieros (al frente ese inútil su amigo íntimo  que es Duff Cooper) es la que propagaba la leyenda bajo las órdenes del mismo Churchill.
 Pero esto es la leyenda para los extranjeros. Para los británicos, Mr. Churchill es el enterrador del Imperio, la ruina económica del país, Inglaterra potencia de segunda, y gracias. Y antes de acabar la guerra, a la primera ocasión que se presentó, el pueblo inglés lo arrinconaba simplemente, sin siquiera recordar que él había sido el que había ganado –el que había perdido- la guerra.
 El partido conservador inglés –al igual que los demás partidos del país- tiene falta de hombres.  ¿Qué es Mr. Attlee, sino una calva medianía? Cuando el valor único del partido conservador es Eden, el eternamente fracasado  en sus andanzas durante la guerra ¿Cómo andará de personaje esa agrupación? Ello únicamente explica que Mr. Churchill, el negativo de siempre y el barrido por el pueblo en elecciones recientes, haya pasado a jefe del partido. Lo cual indica que, por muchas que sean las barbaridades de los laboristas gobernantes, está lejos el día en que sean substituidos. Habrían de serlo por Mr. Churchill. Y esto es el mayor apoyo para los laboristas.  
 Al ser barrido por el electorado, Mr. Churchill se atrevía apneas a hablar. Es de los que se creían insustituible y sagrado. Y él fue el primer admirado de que se le barriese tan despiadadamente. Pero, mientras va pasando el tiempo, y los gobernantes laboristas van acumulando sus errores, Mr, Churchill se siente un poco animado a hablar. En varias ocasiones lo ha hecho, y los ecos no se han sentido más que en la prensa extranjera, la fanática por Churchill, mientras su pueblo, que es el que tiene la palabra, no le hace caso alguno.

 b) ¿Quién no recordará sus desgraciadas campañas especialmente la última sobre Unión Europea? Ese anciano no conserva la memoria. Y ofrece el poco serio espectáculo de, para decir algo, ir copiando las peroratas con que lateaba a la Liga de Ginebra el incorregible de Briand, cuyo nombre han olvidado los mismos franceses.
 Es ahora una especie de broma recordar aquella campaña, con la cual el “divo” de Briand justificaba su sueldo. Habría sido un desocupado más en la lista trágica, y su oratoria y sus leseras le daban el pobre pan que su austeridad le permitía manducar.
 La vida de M. Briand tiene tres períodos bien deslindados: uno (el tragacuras): el fanático anticatólico y bravo demócrata, vivía para defender su democracia cerrando conventos, persiguiendo a los militares católicos, atacando el pensamiento libre. Otro período, de arrepentimiento silencioso, dejando que los conventos y demás  hiciesen lo que les daba la real gana, sin que él se enterase “oficialmente” de esa política. Leyes terribles y no aplicación de ninguna. Leyes para la risa y la