Palestina Israel 47 06
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Huelga general en los EE. Arabes La SI 21/06/47 p. 1-3
Copiamos La SI 21/06/47 p. 6

            a) De súbito, sin anuncios amenazadores, en todos los países arábigos se ha declarado una huelga general, que se distingue por vez primera por la adhesión estatal a la inacción. La huelga incluye, por lo mismo, las relaciones entre los gobernantes nativos y los extranjeros destacados en ese país por los imperialismos.
            Los países árabes con gobiernos más o menos independientes, que abarcan toda la extensión de la raza árabe, son los enumerados en el mapa de la presente página, que vienen a incluir toda la raza árabe, distribuida en varios Estados.
            Palestina, como se ve, está rodeada de pueblos árabes, que están formando actualmente una laya de ruedo a su vera, todos los árabes conmovidos ante el caso trágico de sus hermanos palestinianos, que viene a ser el suyo propio.
            Entre los Estados árabes hay tres que en este instante interesan especialmente: Arabia propiamente dicha, Egipto y Siria. Y en otro sentido, Transjordania.
            Arabia es el reino originario de la raza, actualmente (y desde hace ya casi treinta años) regido por una de las personalidades más destacadas de la raza, Ben Saud. Los árabes lo apellidan el “Napoleón del desierto”, y dio fe de su valentía y espíritu independiente al finalizar la primera guerra europea, sabiéndose zafar de la avaricia británica y de su escuadra, brazo del Imperialismo durante más de 300 años.
            Al acabar esa primera guerra mundial, Gran Bretaña traicionaba a la raza árabe, no sólo negándose a cumplir su solemne promesa de reconocer su independencia, sino haciendo lo posible para apoderarse de estos pueblos, por el método usado siempre por ese imperialismo: la astucia y la fuerza bruta. Lo lograba en Palestina, de la cual se hacía mediante la fuerza y el engaño. Para llegar a la misma conclusión en Arabia propiamente dicha, se había entendido con el anciano rey de la Meca, Hussein. Se presentaba en el mar Rojo una escuadra inglesa, saliendo a recibirla, para entregarle el país, el viejo rey. Tras él, con ímpetu vigoroso, irrumpía el príncipe de las arenas interiores, Saud, con más de 50.000 caballos; el cual arrojando con ímpetu al rey traidor hacia el mar, comenzaba por rechazar a los buques ingleses, no permitiendo que uno solo de sus soldados desembarcase en la costa de la ciudad Santa.
            Asustado el rey, abandona sus lares, montando a uno de los barcos de guerra ingleses, que se hacían rápidamente hacia atrás, abandonando las aguas arábigas y saliendo del mar Rojo al Mediterráneo.
            Varios días estuvo vigilando la escuadra imperialista cerca de aquella costa. Más, palpando que Ben Saud quedaba vigilante en la costa, volvieron los ingleses grupas hacia Gran Bretaña, quedando la Arabia propia a merced del nuevo rey, que iniciaba en ella, a través de esos 20 años, un rosario de cosas nuevas que iniciaban para el reino una edad moderna.
            Otro pueblo, el Egipto, está actualmente a la cabeza de los pueblos árabes, a causa de su mayor relación con los Estados europeos. El rey Farouk ha surgido de entre tanto príncipe anónimo como político distinguido y rey para ser tenido en cuenta. Egipto, pese a sus continuas fallas debidas a la intromisión inglesa, dispone de una serie de políticos no vulgares, y ha logrado abrirse ruedo en los estrados europeos, convirtiéndose en un pueblo de cuyos jefes hay de todos modos que hacer caso.
            La huida del Mufti de Jerusalen de manos aliadas, y ahora la escapada de la tiranía de esos mismos “demócratas”, de Abd-el-Krim, son episodios imaginados por Farouk.  Y las potencias saben ya que hay que tratarlo con cuidado, para que no salga con algo nuevo, que seguramente no sería del agrado de los sofisticadores actuales de la atmósfera internacional.
            Siria es también, y bien reciente, Estado poderoso. Víctima del Imperialismo francés, que en ese país ponía en práctica todo el especial colonialismo de los “affaires” franceses, Estados Unidos tuvo en buena cuenta de echarlo de allá, concediéndole a la región –tan célebre otrora- la independencia. Ha entrado, pues, al estado independiente, recién y radicalmente, sin fuerza metropolitana que la combatiese. Y, vieja del arabismo medieval, tocado de tantas bellas cosas, especialmente culturales, su renombre ha perdurado entre los árabes y entre los gobernantes extraños, que han de respetar, quieras o no quieras, el poderoso influjo de ese