Palestina Israel 48 05
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Guerra árabe contra el Sionismo La SI 01/05/48 p. 1-2
Alrededor de la guerra árabe de defensa racial La SI 01/05/48 p. 5
Mentiras de las agencias La SI 15/05/48 p. 3-4
Alrededor de la guerra árabe de defensa racial La SI 15/05/48 p. 5
El sangriento ataque  de los sionistas en Palestina La SI 22/05/48 p. 1-4
El sangriento ataque  de los sionistas en Palestina La SI  29/05/48 p. 1-3
Alrededor de la guerra árabe de defensa racial La SI 29/05/48 p. 6

 

a) La chispa va a estallar, alumbrando el fondo de las cosas, la lóbrega antesala donde los imperialismos amasan sus siniestros planes para la dominación del mundo.
 Para una guerra general siempre explota una chispa. Es el fósforo que pega fuego al combustible.  Es la “excusa” que buscan los Amos para una nueva guerra y una nueva fuente de explotación del mundo a favor de ellos. Un día fueron los Balcanes. Hoy son los Judíos, es decir, los atacados, los árabes.
 Los Balcanes han sido, desde la expulsión de Turquía, el nudo de la discordia siempre. Y no por causa de los Balcanes mismos, pues allá pasaban sucesos idénticos a los del resto del mundo, y el asesinato –por ejemplo- del heredero de Austria en Sarajevo, fue precedido del asesinato de otros hombres de Estado en otras naciones, sin que pasase en ellas nada extraordinario: sino por las ambiciones de los Amos de Europa, que, pretendiendo cada uno de ellos ser dueño de esas tierras, cada uno tomaba pretexto de cosas de los Balcanes para hacer la guerra a sus contrarios.
 Siempre la causa de las guerras está en las grandes potencias, las cuales buscaban en los Balcanes –o donde fuese- el pretexto para incendiar esas guerras, y echar la culpa al que no la tenía. Rusia, por ejemplo, estaba ganosa de obtener Constantinopla y los estrechos. Y Gran Bretaña no pasaba por ello. Los quería suyos. He aquí la causa. Los Balcanes nada tenían que ver en el asunto. Los imperialismos inventaron la frase “la chispa de los Balcanes”; pero el conflicto que surgía nada tenía que ver con los Balcanes mismos.
 Ahora los Balcanes son una excusa mandada retirar.  Los Balcanes los regaló Estados Unidos, ayudando Inglaterra, al Soviet ruso. Fue un regalo de Roosevelt al vivo de Stalin. Moscú hace en ellos lo que le place. Y nadie puede entrar siquiera en ellos. Había, pues, de buscarse otro pretexto de guerra. Y les ha parecido bien, a los señores Amos de la Tierra, cargar ese muerto a los árabes para señuelo y pretexto.

 b) Los Imperialismos están en su decadencia. Lo que ha pasado en Bogotá no es una excepción (ver La SI, 17/04/48 p. 1-3). El mundo, a través de los ingentes dolores por que la han hecho pasar los forjadores de las guerras, ha comenzado a comprender. Y ese “ha comenzado a comprender” quiere decir que ha comenzado ya a no querer servir de mingo a los explotadores imperialistas.
 Los imperialistas son duros de cerebro. Los últimos cuatro siglos –cuando se escriba la historia verdadera del mundo en estas centurias- han tenido de extraño ésto: que cuatro pillastres, tontos además, han logrado hacer la historia en su provecho, haciendo servir al resto –rebaño alfabeto o analfabeto, pero siempre rebaño- a las órdenes de los tontos. Una de las tonterías era ésta: a copia de retóricas y palabrerías hipócritas, hacer comulgar a todos con las ruedas de molino de la libertad, la democracia, los derechos humanos y otras bellaquerías (porque eran meras ficciones) tras las cuales los tontos volaban, mientras daban la vida por los utilitarios.
 Una de las tonterías más absurdas de los imperialistas ha sido que no han logrado ni siquiera comprender el espíritu de los árabes. No saben historia esos imperialistas. Y para ellos lo mismo da un africano, que un árabe, que un salvaje de las tribus montañosas de la India. Para ellos, lo mismo da un oceánico desnudo que un indígena americano, que vuela tras las lentejuelas y los resplandores de las monedas de oro que sirven para comprar –y para vender- a los pueblos.
 Los árabes, raza que tiene historia, han de ser comprendidos. Y el defecto capital que sobre ellos han cometido los imperialistas, es tomarlos como un sheik pueblerino, cambiada la levita y el sombrero de los indios de otros países por la vestimenta especial de esa raza, efecto del clima de sus tierras.
 Los árabes forman una noble estirpe, cuyo gran defecto fue su pasado esplendor imperial, sea en el Bagdad  mesopotámico, sea en Córdoba española. Fue tal el empuje, que al fin, necesitaron descanso. Caso semejante al español, que, después de la conquista y las hazañas en