Religión 38
Índice del Artículo
Religión 38
Página 2
Página 3

Belén, cuna de la humanidad  La SI 24/12/38 p.2

            La historia -¡perdón!- es gran arsenal de embustes, mixtificaciones y torcimientos de juicio. Esta afirmación, que puede atemorizar a timoratos, inocentes y usufructadores de la mentira, no se recatan de apadrinarla historiadores muy serios, que han entrado en la crítica de los grandes cronistas antiguos y modernos y se han horrorizado de la sistemática falsificación de hechos, obligados a desaparecer, a ser inventados o ser violentados, según las exigencias apriorísticas de las pasiones de los historiadores.
            Los métodos de la historia actual nos podrían dar una idea aproximada de los procedimientos de la historia antigua. Colocad a tres cronistas de distintos rotativos ante la claridad de un hecho, y, con excepciones rarísimas, los tres ven el hecho mismo de una manera tan distinta, que cambia substancialmente. Y grandes hechos como el atentado de Sarajevo, que fué el pretexto de la gran guerra, nadie ha podido todavía esclarecerlo, ni decidir francamente si fué un crimen de Serbia, si se debía a fanáticos bosnianos, o, incluso, si jugaba con sangre la mano negra de alguna gran potencia, interesada en que el gran petardo estallara precisamente en aquellos instantes estratégicos.
            ¿Quién desconoce, por lo demás, la labor de Mommsen y otros héroes de la investigación, poniendo al descubierto las falsedades de los historiadores clásicos, a la luz de documentos objetivos y desapasionados?
            La fiesta de Navidad, en la cual conmemoramos la fecha máxima, en que apareció sobre el establo de Belén y sobre el establo del mundo antiguo una gran estrella, nos ha obligado a este pequeño prólogo, invitando a dudar de las historias y a raciocinar, en cambio, con el propio juicio.
            Tres hechos llaman a la puerta de nuestra reflexión en esta gran fecha, enlazados por la misma lógica y tergiversados por el mismo error histórico.

                                                                  l
            Las historias usuales -las que andan, por ejemplo, en manos de los escolares chilenos- nos traen un juicio muy especial acerca de la democracia griega.
            Abrid, por ejemplo, una historia que corre en manos de niños y niñas de liceos y del Instituto Pedagógico y leed:
            "Atenas quedó convertida en una verdadera DEMOCRACIA  palabra que significa el gobierno del pueblo.
            Es indispensable conocer los rasgos esenciales que tuvo este régimen (la "verdadera democracia") en uno de los pueblos de la antigüedad que mejor la practicaron.
            Formaban el pueblo los ciudadanos, es decir, los miembros de las 4 clases en que Solón dividió a los atenienses. Entre ellos, no sólo figuraban propietarios rurales o urbanos, que constituían el mayor número, sino también artesanos y obreros...
            A los 20 años, el ciudadano ateniense entraba a ejercer sus derechos de tal...
            Todas las corporaciones que ya conocemos, encargadas del Gobierno de Atenas, quedaron, con el triunfo de la democracia, subordinadas al pueblo. La ASAMBLEA DEL PUEBLO, es decir, la reunión de los ciudadanos, resolvía soberanamente los asuntos...
            Los ciudadanos ejercían por sí mismos la administración de justicia.
            La base de la democracia y su garantía más eficaz era la educación PUBLICA. Al niño -a todo niño- ... se le sometía a un régimen admirablemente concebido para hacer de él un... ciudadano capaz de ejercitar todos sus derechos..."
            He aquí la gran mentira, que no abona el que, pasando de mano en mano, sea copiada de otros historiadores.