Religión 41
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Bibliografía Aquino, Tomás de, De Ente et Essentia.- Traducción. Buenos Aires La SI 04/01/41 p. 15
Bibliografía Melet y Serra, Juan: Carácter canónico civil de la Iglesia en Chile. Yungay La SI 08/03/41 p. 8
Los sajones capitulan ante Francia. Gran Bretaña cede La SI 29/03/41 p. 6-7
“Rerum Novarum” La SI 17/05/41 p. 7-8
Bibliografía.  Testis fidelis: El Cristianismo del Tercer Reich. Buenos Aires  La SI 24/05/41 p. 14
Pío Xll sienta bases firmes La SI 07/06/41 p.8-8
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (28) La SI 02/08/41 p. 15-16
Bibliografía. Doeblin, Alfredo: El pensamiento vivo de Confucio. Buenos Aires La SI 06/09/41 p. 14
Cristo La SI 08/11/41 p. 11
Bibliografía Revistas “Universidad de Antioquia”, Medellín, Colombia  La SI 20/09/41 p. 14 col. 5

Bibliografía
Aquino, Tomás de, De Ente et Essentia.- Traducción. Buenos Aires
La SI 04/01/41 p. 15

 El profesor Sepich, de la Facultad de Filosofía de Buenos Aires, ha traducido esos dos volúmenes del gran filósofo cristiano del siglo Xlll, mostrando la calidad cultural de un medio docente americano que es capaz de interesarse por las más profundas cuestiones metafísicas. Aspecto casi desconocido de la cultura actual argentina 


Bibliografía
Melet y Serra, Juan: Carácter canónico civil de la Iglesia en Chile. Yungay
La SI 08/03/41 p. 8

 Interesante estudio sobre el carácter acomodaticio de la Iglesia a todos los tiempos y lugares, con sus consecuencias. En otro número publicábamos las normas que el Episcopado chileno articulaba para sus componentes. Próximamente ilustraremos esas normas con párrafos de este estudio del señor Melet y Serra.


Los sajones capitulan ante Francia. Gran Bretaña cede
La SI 29/03/41 p. 6-7

a) Hay que tener el corazón muy bien puesto para no sonreírse cuando se habla de hambre británica, al ver diariamente como Gran Bretaña intenta someter a los demás por el hambre. El caso de Francia traspasa los límites de toda consideración humana. 
 Más, cuando Darlan y Petain se cuadraban amenazando con convoyar sus buques alimenticios con sus barcos de guerra, podía decirse que tenían la partida casi del todo ganada: supieron esos dos eminentes franceses escoger bien el momento en que habían de amenazar al estrangulador.
 Había dos motivos para decir –como lo hacíamos en una crónica anterior (Mr. Roosevelt dictador, La SI 15/03/41 p. 1-5)- que Gran Bretaña cedería, dejando pasar víveres para Francia. Uno de ellos era la necesidad de apartar la amenaza de lanzarse los buques franceses a la mar, en estos instantes en que Gran Bretaña está necesitada de toda suerte de buques. Otra razón estaba en que Estados Unidos tiene un fantástico sobrante de trigo, del cuál no sabe qué hacer, y necesita venderlo a quién sea. ¿Qué le importan las necesidades bélicas británicas? La razón capital de la intervención yanki está en sus propios intereses, y cuadra a estos que la guerra se alargue lo más posible. Basta que Estados Unidos levante un dedo, para que los irreductibles británicos deban alinearse obedientemente ante el amo. Y, en este caso, no había duda de que Roosevelt levantaría el dedo.
 Los sargentos de la Vl Columna  han entrado en un mar de confusiones para paliar esa derrota diplomática británica por parte de la Francia agonizante. Había ofrecido Francia, desde unos meses atrás, dejar a disposición de la Cruz Roja norteamericana, o de cualquier otro país neutral, la supervigilancia de los víveres que entrasen en Francia, para mostrar que ni un solo gramo  pasaba a Alemania. Constantemente Churchill había contestado con un NO rotundo. El mismo día en que Mr. Roosevelt en la tarde, anunciaba la aceptación en principio del envío a Francia de alimentos controlados, lord, Halifax, interrumpiendo en la mañana la lectura de la Biblia, había pronunciado otro NO rotundo.
 Ahora los periodistas de escasos recursos de esa parte beligerante nos cuentan que “solo supervigilando las importaciones pueden dejarse pasar alimentos”, como si no fuese precisamente esto lo que habían propuesto Francia y Petain. Hay que ocultar que Londres es una mera y  obediente