Religión 42
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Religión 42
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Monseñor Laghi
Religión y aprovechamiento  La SI 07/02/42 p. 7-8
Embajada del Japón en el Vaticano La SI 04/04/42 p. 6-7
Materia y espíritu La SI 04/04/42 p. 8
El pastor que no quiere casorios La SI 25/07/42 p. 9-10
Crisis aliada de la moral. Crisis moral aliada La SI 31/10/42 p. 6-7

Monseñor Laghi
 Por un descuido en la compaginación, este pequeño suelto a la Memoria del Nuncio Apostólico que se nos fue quedaba fuera del contenido del número pasado. Nunca es tarde para rendir un homenaje a su memoria.
 Monseñor Aldo Laghi era el tipo del diplomático moderno, cuya labor consiste en no rehuir, sino enfocar problemas y saber, humanamente, buenamente, buscar soluciones que a todos plugiesen, aún a aquellos a los cuales esas soluciones pudiesen perjudicar  materialmente. Ducho en su oficio, a causa de su talento y de una práctica ya larga en varios puestos diplomáticos, monseñor Laghi tenía el don de ver claro, de buscar soluciones justas, de saber eficazmente imponerlas. Discípulo perfecto de aquella escuela de diplomacia vaticana, cuyos hijos, dispersos por el mundo, realizan donde quiera su misión de paz y de empuje hacia nuevas y justas soluciones.
 El Nuncio que acabamos de perder era experto, no solo en cuestiones internacionales, sino también en problemas sociales. Y podemos decirlo, ahora que desgraciadamente se es ido: nuestra revista concordaba   
Con el ilustre diplomático.
 Monseñor Laghi era un entusiasta admirador de ese Chile que lo había cariñosamente albergado durante largos años. Y en él quiso Dios hacerle reposar, par a que recuerdo perdure entre los que tuvieron la dicha de tratarlo.
 
Religión y aprovechamiento
La SI 07/02/42 p. 7-8
 a) Es viejo en la historia el hecho de haber los movimientos políticos y los Gobiernos echado de mano del sentimiento religioso del pueblo para ir a sus fines, casi siempre antirreligiosos y siempre –sin casi- de interés absolutamente privado. En las tribus primitivas, el brujo era el puntal del mandón político. Cristo era clavado en Cruz por blasfemo, aunque era bien por otros motivos, aún ateniéndonos a causas de tejas abajo. Decenas de miles de cristianos primitivos sufrieron los más horrendos martirios por ofender a los dioses, en un Imperio en que la política antihumana era apoyada sobre los mentirosos cimientos del augur, el Pontífice, el oráculo, la vestal. Cuando la escisión ortodoxa, los emperadores déspotas cimentaban  su dictadura sobre una Iglesia que ellos mismos presidían. La Reforma fue, en gran parte, fruto de la política, ansiando los príncipes emanciparse de la tutela moral de Roma y edificar el despotismo moderno sobre la autoridad absoluta del Gobernante, al mismo tiempo jefe de la Iglesia Nacional
 Cuando, moribunda la Edad Media, va clareando la aurora de la Edad Moderna, tiene lugar un fenómeno interesante. El mundo que podríamos llamar civilizado era en su totalidad cristiano, perteneciendo a alguna de las tres ramas que decían ser fieles a la Cruz. Pero, al hecho material de que así era, no correspondía otro hecho interior: que los Gobiernos que representaban  a esos pueblos cristianos, es decir, civilizados, fuesen fieles y leales al ideal cristiano.
 Sucede todo lo contrario. Los pueblos civilizados pertenecen por bautizo al Cristianismo, y, más o menos, practican las máximas de Cristo. Los gobiernos que mandaban alrededor de los tronos, no sólo no practican esas máximas, sino que ejercen una tutela esencialmente anticristiana y aún los hay que se desviven por descristianizar a las masas. Todos los abates y obispos que rodean a los Luises no son suficientes para negar el carácter anticristiano de aquella política en Francia. La economía británica de las minorías plutocráticas se impone al mundo por los Gobiernos, a pesar del carácter eminentemente anticristiano de ella. Los hombres que rodean a José l, a Carlos lll, a los reyes posteriores a Cromwell dedican sus mayores esfuerzos en arrancar del corazón de sus pueblos el sentir