Rotary 36
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Conferencia Rotaria Internacional La SI  14/03/36 p. 8-9

            Se ha celebrado en Valparaíso esta semana una Conferencia de Rotarios Ibero-americanos. A ella han asistido numerosos delegados de todos los países hermanos, que se han apretujado alrededor de Mr. Harris, el anciano fundador de una institución que reúne a unos 300.000 hombres de 70 países distintos, unidos espiritualmente por un mismo ideal.

Se ha escrito mucho sobre Rotary. Tiene en su favor un ejército decidido de adeptos entusiastas. Tiene en su contra a las masas humildes, y ha tenido también como enemigos, a numerosos sacerdotes y obispos de residencia o nacionalidad europea. Los primeros lo acusan de representar una muralla del capitalismo en decadencia. Los segundos veían en el movimiento ya un desdoblamiento público de los secreteos masónicos, ya un intento de nueva religión, con una nueva moral.
El movimiento rotario tiene ya treinta años de existencia y su historia ofrece ya suficientes materiales para poder juzgarlo justamente, especialmente por aquellos que han podido, fuera y dentro de él, observarlo adecuadamente durante largos períodos
Cuando nacía el rotarismo, por el acto de invitar un abogado a comer a dos amigos y realizar esa comida común periódicamente, su fundador no tenía la menor idea de que pudiese llegar a tener el vuelo que al presente tiene. Hay la seguridad absoluta de que pensaba Mr. Pablo Harris menos pretenciosamente.  Y ¿no sería precisamente por esa sencillez y falta de pretensiones, que el movimiento que él creía simplemente local entre amigos, haya pasado a formar un tan enorme ejército?
El fundador tenía una idea y no más: cultivar la amistad entre camaradas; crear amistad entre hombres de los más distintos órdenes de actividades... Que de ahí surgiera el ideal de “servir” era derivación espontánea de la calidad de los que se reunían.
No creemos que jamás hubiese pasado por la mente del fundador, que ahora tan cariñosamente es festejado en Valparaíso, el hacer de esas reuniones centro de proselitismo bajo ningún aspecto. El programa rotario iba surgiendo  naturalmente poco a poco, hasta llegar a constituir algo que estaba contenido en la semilla primera sin que los primeros sembradores lo marcasen taxativamente.
La base “mecánica” de Rotary es ésta: un representante de cada oficio y profesión de cada ciudad se reúnen en ella una vez a la semana almorzando y comiendo juntos. Mientras frugalmente se come, media docena de los reunidos hablan unos escasos minutos sobre problemas generalmente de actualidad.
El desarrollo del Rotarismo ha llegado a formar lentamente cuatro ideales principales, que son como las cuatro ruedas sobre las cuales se realiza el movimiento: cultivo de la amistad, dignidad del oficio, colaboración social, paz internacional.

a) Desde que Séneca filosofaba largamente sobre la amistad, podría decirse que nada hay más bello... y nada menos común. Séneca no tenía amigos y no supo cultivar aquello sobre lo cual tan bellamente predicaba.
Sería absurdo pretender que los rotarianos cultivan entre sí una amistad perfecta. ¿Podrían, además, sentirla, un cenar de hombres, por el solo acto semanal de reunirse a charlar de cosas atañentes?
Quién haya podido estar observando de cerca esas reuniones, no habrá dejado de observar en ellas actitudes que no son precisamente las que la amistad aconseja. Se forman grupos de verdaderos amigos a veces, de camaradas las más. Se mira de reojo a aquel que no piensa como uno, y especialmente a aquel que más puramente se acerca al pensar blanco y altruista de Harris. Se critica también al compañero.
Pero es éste, precisamente, el punto de partida inevitable. Y el punto final es otro. Es que esa crítica mutua sea sotto voce, y no por cobardía o maldad, sino por vergüenza de hacerla; que los que se critican se sienten en la misma mesa y hayan de oírse mutuamente y servirse; que se comience por el respeto al ajeno pensar, y se acabe muchas veces por encontrar bueno y amable al que uno  creía