Italia 33 04
Índice del Artículo
Italia 33 04
Página 2
El alma del fascismo según Mussolini De la “Enciclopedia Italiana”La SI, 10/04/33 p.6-7

[.1] 

            “El Fascismo tiene hoy día personalidad propia, como régimen y como doctrina. La palabra debe ser interpretada en el sentido de que hoy día el Fascismo, ejerciendo sus facultades críticas sobre sí mismo y sobre los demás, tiene sus puntos de vista destacados en lo referente a todos los problemas que afectan a los aspectos espirituales o materiales en la vida de los pueblos.
            En primer lugar, el Fascismo, en lo que concierne al futuro y al desarrollo de la humanidad, y prescindiendo de todas las consideraciones referentes a la política contemporánea, no cree ni en la posibilidad ni en la conveniencia de la paz perpetua. Repudia de consiguiente al pacifismo, que traiciona una tendencia a evitar toda lucha, implicando esta debilidad una cobardía ante la necesidad del sacrificio.
            Sólo la guerra estimula al máximo las energías humanas, poniendo un sello de nobleza sobre los pueblos que tienen la virtud de emprenderla. Todo lo demás no es sino un substituto frente a sí mismo en las alternativas de la vida o de la muerte.
            Toda doctrina, de consiguiente, basada en los postulados iniciales de la paz, es extraña al Fascismo.
            Sin relación alguna con el espíritu del Fascismo están también la Liga de las Naciones y demás instituciones internacionales,  aunque sean aceptadas por la utilidad que puedan tener en ciertas situaciones políticas las que, como lo demuestra la historia, de nada sirven cuando elementos sentimentales, idealistas o prácticos producen tempestades en los corazones de la gente.
            El Fascismo lleva el espíritu antipacifista a la vida individual. El lema orgulloso de los días de lucha del Fascismo: “Me ne trego” (“Nada me atemoriza”), que un legionario escribió sobre las ensangrentadas vendas que cubrían una herida en su cabeza, es una demostración no sólo de una filosofía estoica, sino la esencia también de una filosofía política. Es igualmente la demostración de la preparación para la lucha y de aceptación de los peligros que ésta envuelve. Es una nueva manera de vivir para los italianos de hoy.
            Así, el Fascismo acepta y ama la vida considerando el suicidio nacional como una cobardía. Considera que la vida es un deber, una lucha hacia las alturas, una conquista. Sostiene que la vida debe ser levantada y amplia; debe ser vivida para sí mismo, pero también para los demás, en el presente y en el futuro.
            Esta concepción de la vida hace al Fascismo el reverso absoluto y la negación de la doctrina que constituía la base del socialismo llamado marxista o científico, la doctrina del materialismo histórico, según la cual la historia de las civilizaciones humanas sólo puede explicarse por el choque de intereses entre los diversos grupos sociales y por los cambios en los medios y en los instrumentos de la producción. Nadie niega que las transformaciones económicas -el descubrimiento de nuevas materias primas, de nuevos métodos de trabajo, los inventos científicos- tienen una importancia decidida; pero es absurdo sostener que pueden explicar la historia humana excluyendo a todos los otros factores.
            El Fascismo sigue creyendo y siempre creerá en la santidad y en el heroísmo, en aquellos actos promovidos por consideraciones espirituales y no económicas, ya sean éstas cercanas o remotas. Habiendo repudiado la teoría del materialismo histórico, según la cual el hombre no es sino un juguete de la historia, que aparece o desaparece sobre la superficie de la corriente, mientras las verdaderas fuerzas directivas existen y laboran en aguas más profundas, es evidente que el Fascismo repudia la lucha de clases. Y muy especialmente niega el Fascismo que la lucha de clases sea un agente preponderante en las transformaciones sociales.