Italia 35
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Italia 35
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La dictadura búlgara cambia de postura  La SI 26/05/35 p.5-6
El último episodio de la futura Euráfrica: Abisinia La SI 16/02/35 p. 1-7
La doble médula de la actitud italiana La SI 21/09/35 p. 1-2

La dictadura búlgara cambia de postura
La SI 26/01/35 p.5-6


    Grandes noticias nos anuncian un golpe de Estado en Bulgaria, dado por el rey Boris, quien habría proclamado una dictadura fascista militar, bajo la dirección de los siguientes nombres, que formarían el nuevo gobierno:
    Jefe y Ministro de Guerra, general PetkoZlatef.
    Ministro del Interior, coronel Kloum Koleff
    Ministro de Educación, general Todor Radeff
    Ministro de Justicia, coronel Michael Kelendereff (e interino de Hacienda).
    Ministro de Relaciones Exteriores, M. Betaloff.
    Ministro de Economía Nacional, profesor Yanaki Moloff.
    Ministro de Comunicaciones, Nicolás Zacharief.
    Hay que ir con gran cuidado al juzgar a esas lejanas dictaduras. La experiencia de los últimos años nos aleccionan suficientemente.
    Hay dos modelos tipos de lo que podríamos llamar dictadura fascista: el italiano y el alemán. Tienen dos características comunes: 1º que el pueblo las vota en elecciones libres (Recuérdese los comicios alemanes organizados y dirigidos por los enemigos de Hitler, en los cuales Hitler alcanzó el 72% de los votos de la nación). 2º que pegan duro contra pobres y contra ricos, queriendo abatir la antigua fortaleza capitalista y detener la destrucción comunista mediante la colaboración entre las clases (Recuérdese que, al lado de los campos de concentración comunista, el gobierno alemán ha obligado a ingresar a arcas nacionales todos interés de los negocios superante el 4%).
    Esto será aceptable o no. Pero, aceptable o no, esto es el fascismo dictatorial. Y, cuando en algún país se organice una fuerza –obrera o capitalista- para organizar una dictadura de clase, eso no es fascismo.
    En Bulgaria se dio un golpe de mano el 19 de Mayo del año pasado. La prensa entera nos explicó que lo había dado el rey Boris, de acuerdo con militares revolucionarios y contra los partidos. Creo que “La Semana Internacional” fue el único periódico que no aceptó esa explicación en ninguna de sus partes: ni era el rey el dictador, ni era el golpe contra los partidos políticos, que habían sido disueltos para tener motivo de disolver a los nuevos partidos que estorbaban a los viejos grupos.
    Ahora comienzan a darnos razón. En telegramas de esta semana explican los mismos periodistas que aquel golpe –que ellos dijeron dado por el rey- fue dado contra el rey. Mañana nos darán la razón en lo otro: en que esos golpes de mano no son más que desesperados esfuerzos de una minoría social azanganada, que se veía en peligro por la irrupción popular de los partidos nuevos.
    El rey Boris es un excelente monarca constitucional, que no se entromete en las cosas de los partidos. Es un excelente entomólogo, y no se preocupa más que de dos cosas: de recoger insectos y de poner paz entre las clases sociales que, disfrazadas de partidos, están mordiéndose como fieras.
    Hacia 1927 había habido en Bulgaria el primer golpe. El parlamento, agrario y obrero, fue disuelto a golpe de fuerza. Y los liberales y conservadores se instalaron en el poder, organizando unas elecciones en que privaron del voto a los ciudadanos humildes. Duró como seis años este gobierno, que reorganizó las viejas maneras políticas, viviendo un enjambre de políticos de profesión sobre el país.
    El descrédito era tal, que se imponía un cambio. Lo movieron esos mismos partidos, poniendo al frente de la pseudo conspiración a Gheorgieff, profesor universitario. Este llenó las cárceles de jefes populares. Prohibió la organización trabajadora. Anunció una reforma corporativa sin realizarla jamás.
    Ocho meses han bastado para su descrédito. Y la situación ha dado media vuelta. Una frase española, que caracterizaba la antigua votación de partidos decía: “los mismos perros con los mismos collares”. Lo que sucede en Bulgaria es lo mismo, pero al revés: “distintos perros, con el mismo collar”. Una nueva posición de una misma cosa.