Italia 36
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El Fascio ante las doctrinas de los partidos democráticos La SI 04/04/36 p. 3-4
¿Cámaras corporativas en Italia? La SI 04/04/36 p. 7-9
La Tercera Epoca de la Tercera Roma La potencia internacional de Italia La SI 14/11/36 p.1, 3-4

            1. Se celebra en estos días el XVll Aniversario de la fundación del movimiento fascista en Italia. En una ciudad provinciana –los grandes movimientos suelen surgir en provincias- cuatro locos agarraban duro un fascio simbólico y juraban apoderarse del gobierno y salvar del país. Al frente de esos locos, un loco rematado, un socialista expulsado por revolucionario de quién sabe cuántos países; un ex maestro, ex albañil, ex peón, ex desocupado, ex emigrante, cuyo nombre desconocido no motivaba siquiera tres líneas de crónica en los ciegos grandes diarios: un tal Benito Mussolini.
            Esto, hacia 1919. Cuatro años después asaltaba el poder. Diecisiete años después –hoy- es el político más astuto y fuerte de Europa, y a su alrededor bailan un cancán ridículo primeros ministros y embajadores, políticos y diplomáticos.
            Diecisiete años. Los diarios fascistas echaron este día las campanas a vuelo. Los diarios antifascistas pasaron de largo. Se dicen positivistas y no saben acatar el hecho. Ese hecho que ha colocado al archiloco desconocido de ayer a la vanguardia de los políticos de Europa de estas horas que muchos llaman trágicas y que no son más que de divertida comedia.
            “La Semana Internacional”, que no está alineada en ninguna formación, quiere celebrar este Aniversario por el lado de una pequeña investigación científica.
            En estos días de movido apasionamiento, se pasean las gentes demasiadamente por la corteza de las cosas. El Fascismo –en general, la Dictadura, frente al régimen democrático- ha sido estudiado como cosa antitética del pensar y el hacer de los viejos partidos que el fascismo derribó. A ello ha contribuído no poco el propio Mussolini, al denigrar constantemente, a la manera de Lenín, “la odiosa farsa democrática”.
            Sin embargo, ¿habrá concomitancias entre aquel régimen liberal y el fascismo de modo que la mayor parte de argumentos partidaristas se mellen al chocar principios fascistas que, en el fondo, son los propios principios de los que lo critican?
            Es hacia este terreno a donde queremos dirigir nuestras observaciones en estos instantes, en la seguridad que ha de interesar a nuestros lectores este nuevo punto de vista.

            2. El régimen democrático de antes de la guerra era “seleccionista”, con la pequeña farsa retórica de llamarlo democrático.  Su teoría era ésta: “el sufragio debe ser universal para todos aquellos que sean dignos del sufragio”. Con razón se ha podido decir que, sobre esta base, el régimen de Luis XlV, en el cual un solo ciudadano francés tenía voto –el rey- era eminentemente democrático: votaban todos los que eran dignos de votar, siendo, por lo mismo, universal. Los que ran dignos de votar era uno solo.
            Las historias nos cuentan el cuento de la democracia ateniense. En la famosa ciudad griega tenían votos todos los ciudadanos. Pero no todos los habitantes. Una minoría que representaba el 10% de la población había decretado que el restante 90% no era digno de voto. Votaban todos... los que la ley señalaba. La ley la establecía el 10% minoritario. En la democrática Atenas el 90% estaba al margen del derecho. Y continuarán los historiadores llenándonos la boca de democracia ateniense.
            En Gran Bretaña la democracia consistió, durante 800 años ininterrumpidos, en depender todo el país de una minoría de vagos. La Cámara de los Comunes se formaba por el voto de los contribuyentes, es decir, de menos del 10% de los ciudadanos. Los pobres no eran capaces. Una vez aprobada una ley por esa minoría democrático-dictatorial, la aprobaban o rechazaban 600 lores, que forman la segunda Cámara por derecho de sangre. Y los historiadores nos hablan de Inglaterra, cuna de la democracia, como podrían hablarnos de los habitantes de la luna.
            En Francia, cuna de la libertad, hay 42.000.000 de habitantes. Una minoría de ellos (11 millones) ha decidido que los 31 millones restantes no puedan votar, aunque sí pagar contribuciones. Esa dictadura del 22% sobre el 78% se llama “la pura democracia francesa”.
            Acaban de realizarse elecciones en Argentina. La ley niega el voto a 9 millones de ciudadanos. El 25% del país ha impuesto su dictadura sobre el 75%. Entre los que tienen voto, los partidarios del gobierno –