Italia 38
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A los dos decenios de la fundación del Fascio La SI 26/03/38 p. 1-2
Aquella obra del Fascio italiano que está fuera de todo prejuicio partidarista
La SI 30/07/38 p. 9-10

1
            Hace diecinueve años, si la memoria no falla. Fue una sencilla fundación, que, en las apariencias, era una de tantas. Una de tantas fundaciones de cosas malas, o de cosas buenas, que nacen, sacan cabeza y doblan el cuello, como una flor de hora, apenas nacidas.
            Pero esto era la apariencia.
            La realidad, que es cosa interior y de médula, era otra cosa muy distinta. Y que lo era, puede decirlo la Italia actual. Yo no sé si es buena o mala, porque no es hora de entrar en polémica. Pero es. Buena o mala, es. Y es, con aquellas cualidades que levantan feroces enemigos y también incondicionales amigos. Porque el signo del valer es la doble muralla de amigos y enemigos que surgen alrededor de una persona o de un nuevo movimiento.
            El Fascismo, bueno o malo, ahí está. Está en esa Italia en la cual un enorme porcentaje de habitantes está dado al trabajo intensivo. Es que la juventud rememora -y añora- los días fastuoso imperiales. En que un buen trozo de mapa se ha unido al reino, con un nombre que es cada día menos discutido: Etiopía. En que el Haz, que no era más que un símbolo y un ideal cuando irrumpía el movimiento, comienza a ser verdadero. Haz vivo de gentes hablantes una misma lengua vernácula. En que los últimos abencerrajes del Individualismo, tan brillante como vacío, estilo Guillermo Ferrero, van callando, sea tragados por la voraz hambre de las tumbas, sea bajo el peso colectivo de un nuevo pueblo que ya no escucha los viejos ruidos oráculos.
            Hace diecinueve años.

2
            Esto lo sabe quienquiera sepa contar: 1919-1938. Lo que no saben muchos, ni siquiera los amigos extranjeros del Fascio, es por qué, a los diecinueve años de haber surgido el Fascio, haya que hablar de él, como de algo, no sólo vivo, sino también importante. Tan importante, que toda la política internacional gira –girará por muchos años- alrededor de dos palabras unidas por un pequeño guión: Berlín-Roma.
            Leyendo la prensa derechista del mundo. Viajando por países americanos recientemente, he podido conformar esto: los que en extranjero son entusiastas del Fascio (salvo los italianos y algunos estudiosos) ignoran en absoluto lo que es el Fascio. Más todavía: creen que el Fascio es completamente lo contrario de lo que en realidad es él.
            Lo que tiene de mejor el Fascio –y tendrá también, indudablemente, hondos defectos-: lo que hace que del Fascio pueda hablarse después de veinte años de bautizado, es precisamente todo lo contrario de lo que creen, con una ignorancia más que mediana, la mayor parte de los que simpatizan con un Fascio absurdo que, si hubiese sido como ellos creen, ya no quedarían de él ni las cenizas.
            Al celebrar el aniversario de este movimiento, es necesario que amigos y enemigos mediten sobre él. Y que se conozca bien su esencia, para que no sigan soñando absurdos gentes que, si viviesen en Italia bajo la autoridad del Haz, renegarían mil veces de Mussolini, al cual desconocen por completo, porque Mussolini con todos sus defectos, es algo nuevo que ha advenido, mientras ellos es algo arcaico que se va.

3
            Más o menos en la misma época, surgían dos movimientos en Europa, que parecían de faz igual. En Italia, el de Mussolini. En España, el de Primo de Rivera. ¿Quién habla ahora de Primo de Rivera? Cuatro momias que viven del ayer y de los suspiros pesimistas. ¿Quién podría decir qué cosa dejó en España Primo de Rivera que valga la pena, en cuanto a problemas substanciales? Veinte