Italia 45
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Italia 45
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Todavía la ocultación del texto del armisticio ítalo-aliado La SI 17/03/45 p. 6
Mussolini fue fusilado  La SI 05/05/45 p. 3-4
Bonomi se retira por el foro. Italia continúa “haciendo historia” La S I 16/06/45 p. 8-9 
Simulaciones de soberanía en Italia La SI 23/06/45 p. 9-10


Todavía la ocultación del texto del armisticio ítalo-aliado
La SI 17/03/45 p. 6


    Un senador norteamericano ha resucitado nuevamente la bulla en torno del famoso e impalpable Tratado aliado-ítalo-badogliano, en virtud del cual ese general entregaba Italia a los aliados.
    Es completamente macabro lo que está pasando en este sentido. Hace meses y meses –vamos hacia el segundo año- que ese Tratado fue firmado; y nadie se atreve a ponerlo en conocimiento del pueblo italiano. Porque los pueblos demócratas son así: pactan sus gobernantes sin enterar siquiera a los ciudadanos.  ¿Por qué decir sin haberlos siquiera consultado? Es una democracia especial de estar por casa, que han elevado al ápice de la dictadura Mr. Roosevelt, Mr. Churchill y Stalin.
    En varias ocasiones ha reclamado el pueblo italiano que, por lo menos, se le diese a conocer la verdad del Tratado. No lo ha logrado. Es la víctima de él, y no tiene  derecho a conocer siquiera la sentencia.
    Cuando el Tratado se firmó pasaba una cosa macabra. Hay que denunciarla, para que conste en la historia de esta guerra. Era secretamente convenido el Tratado entre los aliados y el general Badoglio en nombre de la Casa Real. Era firmado. Pues bien: en el mismo día en que era firmado, se convenía la siguiente cosa gruesa. “se mantendrá en secreto la noticia hasta dentro de seis días, hasta que el ejército aliado pueda entrar, al parecer por la fuerza, en Italia”.
    Así se hacía. Estaba firmada la entrega. Los aliados simulaban, a la manera yanki-francesa del África, un desembarco. Eran matados, especialmente por la aviación aliada, centenares de italianos. Después de lo cual simulaban entonces firmar el Tratado.
    Cuando se formaba el Gobierno de Bonomi, se necesitó la amenaza de dimisión colectiva si el Tratado no le era conocido. Se le entregaba una copia. Era tan feroz el golpe, que renunciaba la mitad del gobierno, no sintiéndose capaces de colaborar a base de un documento inicuo e inmoral, según frase de Croce.
    En numerosas otras ocasiones se ha reclamado conocer el documento. Siempre Estados Unidos y Londres se han negado a publicarlo, se supone que con la anuencia de los ciudadanos que habían firmado un documento que les da vergüenza dar a conocer. A principios de este año, una revista internacional, de la cual es director un profesor suizo, publicaba algunas de las cláusulas, que lograba saber quien sabe por qué conducto. Y fueron tan terribles los términos, que un senado yanki ha gritado para que, por fin, se dijese que había en la materia.
    La citada revista afirma que, entre otras cosas, el citado Tratado incluye lo siguiente:
    1. Desarme completo de Italia en tiempos de paz;
    2. Pagar todos los gastos de la guerra aliada en Italia;
    3. Enviar dos millones de trabajadores italianos a los países aliados después de la guerra, en trabajo forzado;
    4. Entrega para siempre de las islas de Lampedusa y Pantellaria a Gran Bretaña;
    5. Cesión a Francia de la isla de Elba y de parte de la actual frontera ítalo-francesa;
    6. Cesión a Yugoslavia de toda la Istria, con Trieste y Fiume;
    7. Cesión de Zara y demás ciudades italianas de la costa dálmata a Yugoslavia;
    8. Cesión a Creta de todo el Dodecaneso;
    9. Reconocimiento de la independencia de Etiopía;
    10. Todos los puertos italianos serán normalmente francos, sin pagar derecho alguno, para los buques ingleses, norteamericanos, franceses y yugoslavos;
    11. Aceptación formal de lo que resuelvan por sí solos EE. UU y Gran Bretaña acerca de Libia, Tripolitania y Somalia italiana.
    ¿Sería posible que un italiano firmase tales barbaridades?
    Ante esas revelaciones, el senador yanki Styles Bridge, que debe ser un ciudadano pulcro, ha levantado la voz, exigiendo que el gobierno norteamericano, puesto que se dice democrático, haga saber a los interesados lo que acerca de ellos se ha resuelto.