Italia 46
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Revolución del hambre en Italia  La SI 13/04/46 p. 4
¿Qué va a ser de Sicilia? Se agrava el problema siciliano La SI 20/04/46 p. 3-4
Batallas después de muerto La SI 04/05/46 p. 4
Cayó la monarquía en Italia. Italia, República La SI 15/06/46 p. 3-4

 

Revolución del hambre en Italia  La SI 13/04/46 p. 4 

           La palabra Revolución es impropia. Pero la usan los corresponsales aliados.
           El hecho es éste. Desde que Mussolini falta en Italia unja ola de hambre se ha cernido sobre el país. Lo cual constituye uno de los milagros de nuestras horas llenas de prodigios trágicos. El famoso duce gobernaba en plena guerra. No disponía de cosechas etiópicas ni nor-africanas. Tenía millón y medio de jóvenes sobre las armas. Tenía cerrados los mares, en imposibilidad absoluta de recibir nada. El único punto abierto (Alemania) abierto está también ahora. En Italia comía todo el mundo. Ahora, en la plétora aliada, con los auxilios abiertos, con enormes deudas que está contrayendo el actual gobierno sin rumbo ni brújula, los italianos están hambrientos.
            Desde que están allá los aliados, ha habido verdaderas revoluciones locales en cuanto a esta materia estomacal. Continuamente son asaltadas las tiendas, los acaparadores, los caminos y los camiones. Se ha hecho una especie de profesión obligatoria –porque el deber del hambre no existe- esos asaltos y las correspondientes comidas para algunos días. Reforma el problema a las pocas horas. Porque el estómago, por desgracia, tiene problemas cuya solución es continuada.
            ¿Por qué ese fenómeno tan milagroso? Sencillamente, porque los víveres italianos se los comen los no italianos: un ejército inglés que (nadie sabe por qué) continúa comiendo sobre el país; nada menos que 70.000 soldados polacos que viven en Italia y comen del país también, sólo porque a Gran Bretaña y a Estados Unidos no les da la gana de repatriarlos, o, de no convenirles esto, llevarlos a Londres o a Nueva York para alimentarlos ellos; la moneda ha sido de tal modo desvalorizada a favor de los “amos” –el dólar y la libra- que por un pan hoy se paga lo que se pagaba por 30 panes en los días de la guerra.
            Es la democracia aliada que pasa por tierras itálicas. Por esto se llama a Italia “país liberado”, con censura doble que en épocas pasadas: sin pan, y la mitad de la población privada de voto.
            El Papa ha radiado un llamado a las naciones ricas para que coman menos, auxiliando a las pobres. El llamado es urgente y sincero: siempre el Papado ha salido en auxilio de los hambrientos, sin distinción de religión y raza. Y los camiones del Vaticano, a pesar de su constante tarea auxiliadora, son frecuentemente asaltados por el pueblo hambriento.
            El llamado papal es justo, pero no es completo, tal como nos dicen las agencias, que fue pronunciado. Porque el hambre en Italia, no es esencialmente, cuestión de auxilio, sino, además, de medidas justas; preguntar por qué comen actualmente en Italia más de cien mil ingleses y yanquis, adicionando 70.000 polacos; por qué razón la moneda no tiene valor alguno adquisitivo, para favorecer a los países ricos; por qué razón no moviliza EE.UU unos 10.000 buques, con más de un millón de toneladas, que se pudren amarrados en los puertos norteamericanos; por qué razón el sobrante triguero argentino no es adquirido por esta famosa UNRA, nido de sueldos, y lo mismo el sobrante triguero norteamericano, canadiense y australiano; por qué razón... Pero basta lo dicho para dar a entender algo que repugna el sólo aviso: que, si hay millones que decaen y no comen, es por algo trascendental que los infelices mortales no comprendemos, pero no es, al menos por momento, por falta de alimentación, de buques y de posibilidades.
            Rusia gana con ello. Cualesquiera que sean los fines de los aliados al no alimentar a los países vencidos –amigos o enemigos- Rusia sacará su buena parte. Ella ya ha enviado a Francia millones de toneladas de productos alimenticios y al norte de Italia múltiples materias primas para posibilitar la fabricación, y a Polonia millones de alimentos y materias primas.
            Comercio comenzado, comercio estabilizado. Gran Bretaña y Estados Unidos van a perder mercados permanentes. Los intereses rusos-comunistas, al fin, van a dominar aquellos mercados. Aquellos pueblos van a ser deudores del Soviet en millonadas. El Imperio económico-soviético sobre la Europa occidental va a afirmarse. Todo lo cual se acumulará para la pérdida definitiva de esos pueblos para ingleses y yanquis, y en los precisos instantes en que necesitarían más extensos mercados.